El desarrollo de semillas comerciales puede demandar entre cinco y siete años de evaluación y una selección que comienza con miles de materiales. En Nidera, ese proceso está a cargo de equipos que prueban híbridos en distintas regiones agrícolas para determinar su rendimiento, estabilidad y adaptación. Así lo explicó Leandro Ullrich, ingeniero agrónomo y gerente de Desarrollo de Productos de la semillera, en una entrevista publicada por Bichos de Campo el 29 de octubre de 2026.
Ullrich describió que, de los 18.000 a 20.000 híbridos que pueden probarse al inicio, uno podría llegar finalmente al mercado. La evaluación no se limita a medir cuánto produce un material en una parcela: también considera su comportamiento sanitario, la resistencia al quebrado del tallo y la estabilidad frente a ambientes y manejos diferentes.
El trabajo de Desarrollo de Productos conecta el mejoramiento genético con las necesidades comerciales y agronómicas. El equipo analiza qué materiales tienen posibilidades de llegar al mercado, en qué regiones funcionan mejor y qué prácticas de manejo permiten expresar su potencial. En Nidera, el proceso incluye trigo, soja, maíz y girasol, con especial atención en estos dos últimos cultivos.
En maíz, por ejemplo, los ensayos buscan conocer cómo responde un mismo híbrido en fechas de siembra tempranas y tardías. La comparación entre ambientes permite identificar diferencias que no se explican únicamente por el potencial de rendimiento. La diversidad de condiciones productivas de la Argentina obliga a evaluar los materiales en distintas zonas antes de formular recomendaciones.
El criterio de selección contempla varias características en conjunto: rendimiento, estabilidad, sanidad y resistencia al quebrado. La combinación de esos atributos busca que la semilla responda de manera consistente y que el productor conozca las condiciones en las que puede utilizarla.
Ullrich también se refirió a la responsabilidad de un profesional que trabaja dentro de una empresa semillera. Su planteo es que las recomendaciones deben reflejar los resultados de los ensayos, incluso cuando un material presenta limitaciones. En algunos casos, explicó, el equipo recomendó reducir la densidad de siembra para híbridos de maíz susceptibles al quebrado.
Ullrich resumió ese criterio con una frase: “Siempre mostrar la realidad”.
La evaluación agronómica, desde esa perspectiva, no consiste en presentar todos los productos como equivalentes ni en destacar solamente sus fortalezas. La información sobre debilidades, comportamiento sanitario y respuesta ante diferentes fechas de siembra forma parte de la decisión técnica que debe tomar el productor.
Además del desarrollo de semillas, Ullrich planteó que la conservación del suelo requiere decisiones que exceden una campaña agrícola. Entre las prácticas que mencionó figuran la siembra directa, la incorporación de rastrojos de maíz en las rotaciones, la fertilización y la construcción de terrazas para conducir excedentes de agua.
El ingeniero agrónomo destacó la importancia de la siembra directa en Entre Ríos, su provincia de origen, donde las pendientes y las características de los suelos generan riesgos de erosión hídrica. También señaló que observa una mayor conciencia ambiental en el sector desde que se recibió, aunque considera que todavía hay margen para mejorar el cuidado de los recursos.
Sobre la relación entre el cuidado del suelo y la duración de los contratos, Ullrich señaló: “Todas esas cosas se pueden hacer cuando hay arreglos a largo plazo”.
La relación entre contratos y conservación aparece así como un desafío de gestión para los sistemas agrícolas. Las rotaciones, las obras de manejo del agua y las decisiones de fertilización requieren continuidad para producir efectos a lo largo del tiempo. Cuando el vínculo entre propietario y productor se limita a un solo ciclo, la posibilidad de planificar inversiones que se recuperan en varias campañas puede quedar condicionada.
El planteo de Ullrich conecta dos escalas temporales de la agronomía: la selección de semillas, que puede necesitar hasta siete años antes de llegar al mercado, y el cuidado del suelo, que también exige acuerdos y decisiones sostenidas. En ambos casos, la evaluación de resultados depende de mirar más allá de una única campaña.