La evacuación de bovinos en el Litoral argentino alcanzó los 147.500 animales hacia el cierre de octubre de 2026, como consecuencia de la crecida de los ríos Paraná y Uruguay. Productores, transportistas y organismos nacionales organizaron el traslado de hacienda desde islas y campos bajos hacia establecimientos ubicados en zonas más altas, en un operativo que también puso bajo presión la logística fluvial y terrestre. Según publicó TN Campo, los movimientos de ganado aumentaron 102% frente al mismo período del año anterior.
Las lluvias registradas en las cuencas superiores impulsaron el aumento de los niveles de los ríos y complicaron las condiciones en las islas y en las zonas bajas del valle de inundación. Esos ambientes son utilizados para actividades de recría y engorde estacional, por lo que la pérdida de superficie transitable obligó a modificar la planificación de los establecimientos.
El volumen de animales trasladados refleja la dimensión de la emergencia. De acuerdo con la información publicada por TN Campo, 147.500 bovinos fueron retirados de áreas anegables para su reubicación en campos altos o establecimientos de engorde a corral. El incremento interanual de 102% en los movimientos de hacienda muestra la intensidad adicional que adquirió la operatoria.
La salida de los animales también modificó decisiones productivas. Entre las respuestas mencionadas por la fuente figuran los destetes anticipados y las ventas de emergencia, medidas orientadas a reducir la carga de los campos que todavía conservaban condiciones de acceso.
Ante las dificultades operativas, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) dispusieron medidas administrativas excepcionales para facilitar el tránsito federal de animales y reducir la concentración de hacienda en los puntos de embarque.
Entre las disposiciones informadas se incluyeron:
Estas herramientas buscan acelerar los movimientos sin concentrar todos los requisitos antes del embarque. La fuente también describe dificultades para conseguir embarcaciones ganaderas y un aumento de los costos de los fletes terrestres, asociado a la mayor demanda y a los recorridos más extensos hacia zonas no inundadas.
La disponibilidad limitada de barcazas y camiones representa un problema adicional para productores de menor escala, que pueden no contar con infraestructura o capital para contratar transportes privados. En esos casos, la coordinación entre establecimientos aparece como una alternativa para organizar la salida de los rodeos.
El traslado no termina con el desembarque. Los bovinos que salen de las islas pueden llegar con deterioro físico después de permanecer durante días en ambientes inundados, con menor disponibilidad de forraje y exposición a condiciones climáticas adversas. El hacinamiento durante el transporte y las lesiones asociadas a la humedad también requieren atención veterinaria en los campos receptores.
La evaluación del rodeo cobra importancia para identificar problemas de alimentación, alojamiento, salud y comportamiento. TN Campo menciona los protocolos del programa Bienest.AR, impulsados en el marco de iniciativas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), como herramientas para observar la adaptación de los animales a los sistemas de recría o engorde de contingencia.
El impacto sobre la producción todavía debe medirse. La salida anticipada de vientres de las zonas de cría podría repercutir en los índices de preñez de la próxima campaña y, en consecuencia, en la oferta futura de terneros. También podría modificar la dinámica comercial en el Mercado Agroganadero de Cañuelas y en ferias regionales. Se trata de consecuencias potenciales señaladas en la fuente, no de resultados productivos ya cuantificados.
La evolución de los caudales y la capacidad de sostener los operativos de traslado serán factores centrales para determinar la magnitud final del efecto sobre la ganadería del Litoral.