a evidencia científica demuestra que un mayor consumo de alimentos contribuye a mitigar el cambio climático. Compartimos diferentes estrategias de producción y consumo para combatir la problemática.
La alarmante elevación de la temperatura del planeta impacta de manera directa en los cultivos, afectando a la producción final de alimentos. En este contexto, los agricultores se ven obligados a aplicar medidas costosas, disminuyendo su rendimiento y, en algunos casos, perdiendo sus cosechas.
Dependiendo del tipo de alimento que se produce, la forma en que se lo hace y la distancia entre las áreas de producción y las de consumo, se determina la cantidad de recursos naturales que se utilizan y su impacto ambiental que estas acciones generan. En este estado de situación, aumentar el consumo de alimentos vegetales es uno de los caminos hacia la sustentabilidad.
En el caso de la horticultura, la demanda de empleo por unidad de superficie es mayor respecto de producciones extensivas, no solo para la producción, sino también en la distribución. Esto demuestra el impacto social que estas prácticas puede tener en el desarrollo de las comunidades locales.
Por otro lado, un tercio de la producción de alimentos que se generan en el mundo se pierde o desperdicia, lo que tiene un alto costo global tanto desde el ámbito económico como social y ambiental, ya que representa el 8% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero. En la Argentina, se estima una pérdida de alimentos del 40%.
Todas las formas en las que producimos alimentos se pueden adecuar y mejorar hacia versiones más sustentables.

En el caso de la producción hidropónica, el recurso suelo es reemplazado por soluciones acuosas o sustratos. Esta técnica de producción reduce en un 90% el uso de agua, fertilizantes y plaguicidas en relación a técnicas tradicionales de cultivo, lo que se traduce en:
- Alimentos más saludables y naturales para el consumidor.
- Ahorros para el productor; por ejemplo, en costos logísticos.
- Beneficios para los trabajadores respecto a condiciones laborales.
- Rendimientos hasta 10 veces mayores.
- Posibilidad de cultivar en épocas del año en las que no estén dadas las mejores condiciones a cielo abierto.
- Posibilidad de aplicación de este tipo de producción en lugares urbanos.
- Reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
- Incremento de la vida útil de los alimentos, llegando a los consumidores de manera más fresca.

Nuestras preferencias alimenticias tienen más impacto en el clima del planeta. Por tal motivo, como consumidores podemos aplicar diferentes estrategias buscando formas cada vez más sustentables en la obtención de alimentos:
- Indagar y acceder a información sobre lo que comemos.
- Desarrollar un carácter crítico en ámbitos de salud, ambiente e impacto social.
- Incrementar la demanda de alimentos más saludables.
- Exigir medidas políticas como parte de la solución a los problemas de salud y ambiente.
- Responsabilidad mediante un consumo consciente.