2018 marcó un año bisagra para el consumo de vino en la Argentina. En dicho período, se tocó un piso mínimo histórico de apenas 18,77 litros per cápita que encendió la alarma. Si bien gracias a diferentes estrategias en 2019 hubo un leve repunte, la crisis económica hace pensar que será muy difícil igualar los 25,6 litros per cápita registrados en 2013.
Según el Observatorio Vitivinícola y la Coviar –organismo que se encarga de implementar el plan estratégico del sector de cara a 2020–, el objetivo inmediato es llegar a los 20-22 litros per cápita, a razón de un crecimiento de un punto por año.
Para que no cunda el pánico, el Instituto Nacional Vitivinícola (INV) anunció que entre enero y julio los despachos al mercado interno crecieron en un 1,4%, debido a la mejora del 3,4% que se apuntó en el último mes.
“Creemos que el consumo ya llegó a su piso y no estará por debajo de los 840 millones de litros registrados el año pasado, pero el equilibrio será mucho más bajo que hace cinco o diez años. Esperamos volver a alcanzar unos mil millones de litros anuales en el futuro. Así, el consumo debería estar en 20 o 22 litros por persona. Para que eso suceda hay que ver qué pasa con ciertas variables. La incertidumbre es mucha como para proyectar a corto plazo”, comentó el director del Observatorio Vitivinícola Argentino, Daniel Rocha.
El contexto económico local hizo las suyas en cuanto a la baja de la demanda, aunque Rocha plantea que en países como España, Francia e Italia, se está dando un panorama similar. Sin embargo, solo en la Argentina el consumo está por debajo de los 20 litros per cápita.
“Si el ingreso cae 1%, se genera una baja en la demanda de vino de un 0,3%. Si el precio del vino sube un 1%, cae el volumen vendido en un 0,7%. Y si el precio de la cerveza aumenta un 1%, el consumo de vino crece un 0,6%”, ejemplificó Rada, dando por sentado que el leve repunte de este año coincidió con el aumento de precios de las cervezas por encima del vino.
Por su parte, el presidente de la Coviar, Ángel Leotta, alegó que la baja del consumo está justificada con la caída del poder adquisitivo de los argentinos. “Los sueldos cayeron a su mínima expresión. Como el vino no es un producto de primera necesidad, no es algo que la gente compre cuando tiene pocos billetes en su bolsillo”, aclaró.
Para superar la problemática, algunas bodegas optaron por elaborar envases de 1 a 1,5 litros a un precio más económico que los tradicionales de 0,65 a 0,75 litros. La venta de dichos productos creció en un 30,4%, en contraposición de las botellas convencionales, que cayeron en un 5,2%. De esta manera, las primeras representan el 28,1% de las botellas vendidas; en tanto que el consumo de bag in box –envases de cartón de 3 a 5 litros– creció un 77,3%.
En la caída del consumo también influyeron las escasas cosechas de 2016 y 2017, que encarecieron el precio de la uva e impulsaron una pérdida de competitividad frente a otras bebidas del mercado.