n un pasado, mezclar las emociones con el trabajo parecía un pecado. Mostrar lo que se siente y expresarlo prácticamente condenaba al fracaso a cualquier trabajador, sin importar el rol que tuviera dentro de la organización.
Sin embargo, en el siglo XXI, manifestar una inteligencia emocional apropiada en el trabajo, así como en la vida, es un recurso valioso que se considera indispensable para el desenvolvimiento profesional. También conocido como innovación emocional, es un modelo que ya se implementa con éxito en una docena de organizaciones de Iberoamérica.
Dependiendo de los ambientes, poder comunicarse apropiadamente, manifestar lo que disgusta, no caer en excesivos picos emocionales ante problemas mínimos y lograr una complementariedad con el resto del equipo son pilares fundamentales que buscan las organizaciones de todo tipo. Las emociones que aparecen en forma de estallidos, como la ira, la queja, la frustración y el enojo recurrente, tanto desde la cúpula como en los miembros de una empresa, son altamente contaminantes y generan un desgaste que lleva mucho tiempo recuperar.
Por lo tanto, un apropiado manejo emocional en el ámbito laboral permite desarrollar un mejor clima interno, a la vez que facilita el flujo positivo dentro de la dinámica de tareas. Otro aspecto significativo es que las organizaciones ya no buscan jefes manipuladores, a los que en décadas pasadas hasta se los premiaba, sino líderes capaces de inspirar y guiar dentro del network de relaciones que conforma el capital humano. Aquellos quiebres emocionales han llevado a la ruina a muchas empresas, debido a que hace que disminuya notablemente la productividad y, por ende, los resultados.
Si ya convivimos en un mundo complejo cotidianamente, ¿por qué deberíamos soportar más tensión extrema, violencia y maltrato en el trabajo? Es bueno considerar que siempre hay excepciones: hay empresas que siguen en esa línea. Sin embargo, son muchas más las que se han animado a un cambio rotundo que les permite evolucionar en formas no traumáticas.
1- Gestión de las quejas. El desafío actual es transformarlas en una oportunidad positiva de crecimiento y aprendizaje. Una cosa es ser firme en las observaciones críticas y otra muy diferente es ser hiriente. El recurso aquí es medir el impacto que tendrán nuestras palabras, gestos y acciones en el conjunto de empleados y proyectarlas en el tiempo. Lo conveniente es dejar pasar el momento de ira para enfocar cualquier acción desde un punto de vista constructivo.
2- Gestión de críticas. En cualquier empresa hay personas criticonas, a las que es muy difícil sacar de esa energía interna. Generalmente, surge de la imposibilidad que tienen de poder llevar adelante y con éxito determinadas tareas, por lo que su frustración se expresa en forma inapropiada. La crítica es inconducente si no va acompañada de oportunidades de mejora. Ahora bien, ante cada crítica, devolverla suave y firmemente con un pedido concreto de que se aporten, al menos, tres soluciones alternativas. Paulatinamente, disminuirá el nivel de crítica.
3- Gestión de rivalidades. El ego se expone crudamente en muchas personas, mientras que la soberbia y la arrogancia son añadiduras de ese gran limitante de los seres humanos. El ego es insaciable, acusador y desmedido en su virulencia. Ante eso, el líder podrá convocar en privado a las personas que dirimen las cosas pasados de tono, influir en los puntos de contacto entre ambos y, desde allí, sanear la relación, siguiéndola atentamente.
4- Gestión de la comunicación interna. Un aspecto pocas veces considerado es el flujo de comunicación dentro de las organizaciones y empresas. Los problemas emocionales muchas veces surgen de informaciones no confirmadas, rumores, chismes y dichos por lo bajo, que no aportan nada sustancial, excepto crear un clima enrarecido. Ante esa realidad, lo fundamental es articular una efectiva comunicación interna entre todos y no perder de vista los acuerdos y temas sensibles que deben comunicarse. Es necesario aplicar los canales y medios apropiados para llegar a todos los niveles, y un mensaje transversal único que tiene que estar unificado.
5- Gestión del cambio. Como estamos en un mundo en permanente transformación, hay que considerar que la mayoría de las personas tienen un grado de inseguridad ante lo nuevo. Por lo tanto, si se avecinan cambios de cualquier tipo, es necesario que sean consensuados y se comuniquen anticipadamente, para desalentar la carrera del rumor. Anticipe y afirme periódicamente la visión de la empresa.
6- Gestión one to one. Persiga que siempre se diriman las cuestiones internas cara a cara. Muchas veces sucede que es un cliente externo el que hace saber lo que está pasando, lo cual es inaceptable en cualquier empresa que desea crecer. Realice reuniones efectivas. Parar a tiempo la usina del rumor, preparar mensajes claves (claros, breves y concisos) y asumir la responsabilidad del líder son esenciales para lograrlo.
7- Gestión de la responsabilidad. El desánimo y la falta de compromiso son dos caras de una misma moneda en cualquier organización. Cada persona necesita hacerse responsable por lo que le toca. Con ese escenario claro, es fundamental trabajar con coaching grupal, hacer reuniones que promuevan el diálogo y permitan zanjar las diferencias, felicitar en público y, de ser necesario, llamar la atención en privado. Así, se logrará convertir esa carga emocional negativa en positiva.
En resumen, la sensibilidad bien entendida, el tacto, la cercanía del líder, la claridad en los procesos internos y la buena comunicación son los ejes fundamentales para gestionar asertivamente las emociones en cualquier empresa.