Se estima que el cultivo de soja ocupa la mayor parte del área sembrada de la provincia de Santa Fe. Si bien hasta el momento los rendimientos fueron buenos, los sistemas productivos agrícolas de la actualidad deben afrontar varias problemáticas, como la pérdida de fertilidad en los suelos, el avance de malezas resistentes o tolerantes a herbicidas, y las erosiones hídricas.
En áreas onduladas, los restos de los cultivos de verano se arrastran por los escurrimientos superficiales en el período de barbecho, haciendo que durante los excesos hídricos los suelos tengan poca o nula cobertura. La falta de adopción de prácticas de sistematización produce que los escurrimientos de agua de lluvia adquieran una gran velocidad a lo largo de las pendientes, intensificando los daños producidos.
La potencia de estas secuencias a partir de la inclusión de cultivos invernales, le daría mayor sustentabilidad a los sistemas, ya que sumaría rastrojos, consumiría excesos hídricos y reciclaría nutrientes que pueden aprovecharse con el siguiente cultivo. Dentro de las opciones, se recomienda probar con cultivos de cobertura, debido a que generan importantes beneficios económicos y ambientales al defender el suelo de la erosión gracias a la acción protectora que ejercen durante las precipitaciones.
Sumar cultivos de cobertura invernales en las secuencias agrícolas puede disminuir las pérdidas del suelo en los períodos de mayor intensidad de las lluvias. De hecho, un estudio realizado en la localidad santafecina de Cañada de Gómez midió que en un ambiente de media loma con una lluvia erosiva de una hora de duración, hubo pérdidas de hasta 1.042 kilos por hectárea de sedimentos erosionados en suelos sin cobertura, mientras que en parcelas con cultivos de cobertura la cifra se redujo a 165 kilos por hectárea.
Esta clase de alternativas ayuda a evitar la erosión, ya que su masa vegetal impide el impacto directo de las gotas de lluvia sobre el suelo. De esta manera, frena la destrucción de los agregados y disminuye la velocidad de escurrimiento superficial del agua. Además, debajo de la superficie, sus raíces benefician la cohesión y aireación del suelo, dejando conductos que favorecen el ingreso de agua a capas más profundas luego de su descomposición.
Como los sedimentos perdidos por erosión quedan enriquecidos en materia orgánica y nutrientes, la pérdida de la capa superficial del suelo por erosión disminuye la cantidad de materia orgánica, reduciendo la capacidad de almacenar agua y nutrientes en las plantas. Por este motivo, se dice que la erosión es uno de los problemas más serios que afrontan los productores en la actualidad.
Los cultivos de cobertura aumentan las reservas de carbono (C) en los suelos y reciclan varios nutrientes como nitrógeno (N), azufre (S) y fósforo (P), contribuyendo a la disponibilidad de los mismos para los cultivos de cosecha.
En ensayos llevados adelante por el área de influencia del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Cañada de Gómez, un cultivo de cobertura en base a Vicia sp. produjo, en dos ambientes distintos, 2.730 y 3.956 kilos por hectárea de Materia Seca (kg/ha de MS) en parte aérea. Esa MS contenía entre 1.093 y 1.201 kg/ha de C, de 90 a 96 kg/ha de N, entre 5 y 5,3 kg/ha de S, y de 10 a 14 kg/ha de P.
Durante los mismos servicios experimentales, una mezcla de Avena sp. y Vicia sp. produjo 4.367 y 7792 kg/ha de MS en parte aérea, que aportaron entre 1.820 y 3.261 kg/ha de C; 71 a 89 kg/ha de N; 6 a 10 kg/ha de S; y de 12 a 16 kg/ha de P. La cantidad de nutrientes aportada varía en función de las especies o mezclas utilizadas al momento de la supresión de su crecimiento.
En consecuencia, los valores demuestran el rendimiento de la práctica en la fijación y el reciclado de nutrientes a formaciones orgánicas que incrementan la fertilidad del suelo.
Tras la aplicación de cultivos de cobertura, en Cañada de Gómez se visualizaron incrementos en el rendimiento del maíz al incluir Vicia sp. Allí se sumaron 14, 17 y 22 quintales por hectárea más, como respuesta al agregado de 60, 90 y 120 kilos de N como fertilizante. Esto implicó una complementariedad entre los aportes del fertilizante mineral con el cultivo de cobertura.
En cuanto a la lucha contra las malezas tolerantes o resistentes a herbicidas, al lograr establecer un cultivo antes del nacimiento de las malezas otoño-invernales, la vegetación que cubrirá el suelo generará condiciones negativas para la germinación, emergencia y crecimiento de las mismas. Cuanto mayor sea la biomasa producida por los cultivos de cobertura, en mayor medida se reducirá la emergencia. Más adelante, cuando el cultivo de cobertura logre un buen crecimiento, utilizará la luz, el agua y los nutrientes que, de otra manera, serían aprovechados por las malezas.
Tras la supresión de su crecimiento, los cultivos de cobertura afectan la emergencia y crecimiento de malezas estivales. Un estudio del INTA en la región pampeana determinó la presencia nula de malezas al momento de la siembra de soja, luego de una cobertura como antecesor.
Con estos datos, se podría confirmar que los cultivos de cobertura representan una práctica esencial para frenar los procesos de deterioro que afrontan los suelos agrícolas, que también ayuda a construir una agricultura más eficiente en relación al uso de recursos y la sustentabilidad del medioambiente.