a Argentina es un país que se distingue por la abundancia de recursos para la producción, por la gran biodiversidad que presenta y por la enorme variedad de suelos y climas que existen en toda su extensión. Todas estas características le dan al sector agropecuario grandes ventajas comparativas con respecto a otros países en el mercado mundial. Las ventajas comparativas son aquellas que surgen de un ambiente favorable, con una gran disponibilidad de recursos, y son heredadas del ecosistema.
La abundancia de precipitaciones, el almacenamiento de agua en los suelos y las aguas subterráneas permiten realizar producciones en secano que en otras regiones del mundo no son posibles. Al evaluar indicadores ambientales como la huella hídrica (HH), para cultivos como trigo, soja y maíz en zona núcleo, podemos ver una gran eficiencia de uso del agua y un margen de rendimiento potencial que todavía puede alcanzarse para aumentar la productividad.
Las ventajas competitivas surgen de los esfuerzos de una región por competir. Por lo tanto, la competitividad de un sector se basa en los esfuerzos por mantener y potenciar las ventajas comparativas para posicionarse cada vez mejor en un determinado entorno económico.
Mientras que las ventajas comparativas son relativas, es decir que estar directamente relacionadas con el equilibrio entre países y sus diferentes condiciones naturales y abundancia de recursos; Las ventajas competitivas se relacionan con las fuentes de competitividad que un país puede desarrollar como logística, transporte o mano de obra calificada.
¿Cómo podemos entonces, convertir la ventaja comparativa que nos da la abundancia de agua en la región en ventajas competitivas para una mejor inserción en los mercados del mundo?
El fundamento de una ventaja competitiva sustentable es la productividad. Esta puede aumentarse a través de un uso más eficiente del agua, manteniendo la misma calidad en la oferta, lo que se traduce en una mejor capacidad de adaptación. Comenzar a aplicar indicadores como la huella hídrica en la producción es fundamental para identificar qué etapas del proceso deben mejorarse y determinar qué áreas son más adecuadas para cada producción.
A la hora de producir, si bien factores como la tierra, el capital y la mano de obra son muy importantes, no se debe perder de vista la importancia del capital humano y social. Las instituciones, entonces, toman mucha relevancia en este proceso. Desde el Estado debe fomentarse el uso y aplicación de indicadores ambientales para comenzar a tomar conciencia de la dimensión de las ventajas comparativas que tenemos y las grandes posibilidades de convertirlas en competitivas. El cuidado y la eficiencia de uso del agua, en la región productora núcleo del país, al no ser una limitante real en la actualidad suele desestimarse o no recibir la importancia que merece.
Debemos comenzar a pensar en la generación de normas y estándares que usen indicadores ambientales como referencia, en realizar comparaciones entre producciones y entre regiones, en establecer umbrales de sostenibilidad y en generar estrategias de acción colectiva basadas en estos indicadores.
Hoy en día la producción a nivel nacional es sustentable y rentable. El potencial es grande y puede alcanzarse. Debemos asumir el desafío de comenzar a aplicar herramientas en las producciones relacionadas con la sustentabilidad y el uso eficiente del recurso. ¿Cómo cierra este balance? La difusión del uso de índices ambientales aplicados en las diferentes regiones del país nos da la posibilidad de tomar mejores decisiones productivas con respecto al uso de recursos y dónde invertir para ganar competitividad.
Agrofy News