Si bien llevar una alimentación equilibrada es fundamental para mantenerse sano, hidratarse y reponer el agua y las sales minerales que requiere el organismo para funcionar también es muy importante. Mantener los niveles de hidratación dentro de los parámetros normales ayuda a llevar con mayor liviandad las tareas de la vida cotidiana y contribuye a mejorar los índices de alerta y la memoria.
El hecho de tener sed marca un desbalance que debe ser atendido. En este sentido, es preciso no esperar a que llegue esta necesidad, ya que la misma indica deshidratación. De esta manera, tanto el agua que proviene de las bebidas como de los alimentos es útil para restablecer el control, debido a que se estima que entre el 70% y el 80% del agua que demanda el cuerpo proviene de las bebidas, en tanto que apenas entre un 20% y un 30%, respectivamente, procede de las comidas.
Aunque las cifras pueden variar según la dieta que escoja cada uno, una alimentación rica en frutas y verduras ayuda a mejorar los registros.
- Agua. Existen diferentes tipos disponibles para consumo: agua corriente, de pozo, embotellada, mineral y purificada. Todas deben cumplir las normativas legales y de calidad, siendo excluyente que sean potables.
Beber agua aporta muchas ventajas nutricionales, además de su amplia disponibilidad y bajo costo. Sin embargo, al no tener sabor, muchos eligen no consumirla.
- Jugos. Solo se pueden consumir bebidas que estén compuestas por un 100% de jugo de fruta puro con azúcares propios de cada especie, como sacarosa, fructosa y glucosa.

- Leche, helados y licuados. Además de aportar cantidades significativas de agua (casi un 85%), la leche contiene varios nutrientes útiles para el desarrollo humano. En este sentido, los helados o licuados realizados en base a este producto también representan una buena alternativa, debido a que normalmente incluyen otros ingredientes y contienen aromas, azúcares o edulcorantes acalóricos, que brindan energía, ya que cuentan con azúcares, grasas y proteínas.

- Infusiones. Se preparan con agua, hierbas o partes de plantas, como sus flores o frutos. Pueden tomarse calientes o frías y constituyen una gran alternativa para añadir energía durante las primeras horas de la mañana.

- Refrescos. Son bebidas sin alcohol que pueden ser carbonatadas o no y contienen saborizantes, edulcorantes calóricos o acalóricos y otros ingredientes que le aportan diferentes sabores. Las más conocidas con las gaseosas y aguas saborizadas.

- Bebidas isotónicas. Están diseñadas para reducir los desequilibrios de agua, minerales y energía que se producen cuando hacemos actividad física. Contienen pequeñas cantidades de hidratos de carbono y electrolitos como sodio y potasio, que ayudan a reponer las pérdidas que se efectuaron al hacer ejercicio.
