En la Argentina existen aproximadamente cien mil hectáreas destinadas a la producción de olivos. Nuestro país es el principal fabricante a nivel continental, dentro de una industria que incluye dos grandes sectores: el de la elaboración de aceitunas de mesa y el de la extracción de aceite de oliva. Ambos comparten la misma materia prima, aunque este último emplea una mayor cantidad de cultivos para su obtención.
El cultivo se desarrolla en territorio nacional entre los 25º y 40º de latitud sur. De esta manera, el mapa olivícola local podría dividirse en tres zonas: Norte, formado por Catamarca, Córdoba y La Rioja; Cuyo, que incluye Mendoza, San Juan y San Luis; y Sur, integrado por Buenos Aires, Neuquén y Río Negro.
Las provincias de San Juan y La Rioja son las que concentran la mayor parte de la producción. Los sanjuaninos se dedican más al aceite de oliva; en tanto que los riojanos se especializan en la creación de aceitunas de mesa. En menor medida, Mendoza y Catamarca registran buenos números, mientras que en los últimos años hubo un incipiente desarrollo en el sur de Buenos Aires y en zonas de Neuquén y Río Negro.
En la actualidad, en todos los puntos donde se desarrolla la olivicultura se manejan los cultivos de manera tradicional, bajo sistema intensivo o con un sistema súper intensivo. Como la industria se encuentra en pleno auge, se estima que aún queda mucho por recorrer. Anualmente, se elaboran cerca de 32 mil toneladas de aceite de oliva, en su mayoría de calidad extra virgen. Dentro de estas cifras, no más de nueve mil toneladas se destinan al consumo interno, en tanto que el 70% restante se exporta, sobre todo a Estados Unidos, Brasil, España y Canadá.
En un futuro no muy lejano, la Argentina producirá aceite de oliva en grandes cantidades, de una calidad suficiente como para expandirse dentro del mercado global. Cabe destacar que el aceite nacional cuenta con dos grandes ventajas: se elabora a contraestación y genera buenas cantidades de variedades vírgenes de excelente calidad. Si bien desde hace varios años nuestro país es referente mundial, la industria no tiene techo, ya que crece día a día.
Como el consumo interno es menor al de aceites de semilla, el aceite de oliva argentino suele ser exportado. En el plano internacional, la demanda del producto aumenta de manera constante, siendo bastante superior a la oferta. Por este motivo, la provisión argentina es tan importante.

Una de las principales características del aceite de oliva extra virgen es que es rico en vitamina E y fitosteroles. Se destaca por su elevado aporte de grasas monoinsaturadas –especialmente ácido oleico–, que tienen la capacidad de impedir que parte del colesterol que los seres humanos ingieren a través de los alimentos sea absorbido por el intestino. Esta particularidad es beneficiosa para aquellos que tienen índices de colesterol en sangre elevados o padecen enfermedades cardiovasculares.
El ácido oleico aumenta los niveles en sangre de lo que se denomina “colesterol bueno” (HDL-colesterol) y junto con la vitamina E, evita la oxidación de lipoproteínas y transportadores de sangre del colesterol.
Especialistas en nutrición aconsejan incorporarlo en las dietas debido a que es fuente de ácidos grasos monoinsaturados y trae consigo varias ventajas:
- Reduce los niveles de triglicéridos.
- Disminuye el “colesterol malo” (LDL).
- Tiene un papel preventivo y favorable en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares a causa de su elevado contenido de ácido oleico y su moderado volumen de ácido linoleico.
- Reduce la tendencia a producir trombosis.
- Disminuye y normaliza la presión arterial.
- Mejora el control de la diabetes.
- Beneficia la memora visual y la fluidez verbal.
- Previene el deterioro cognitivo relacionado con la edad y la demencia.
- Reduce las posibilidades de contraer cáncer.
Como sus cualidades protectoras pueden ser más efectivas durante las primeras décadas de vida, se recomienda ingerirlo antes de la pubertad y mantener la costumbre con el paso de los años.
