videncia experimental local e internacional demuestra la estrecha relación entre la intensificación productiva y la rentabilidad. Los sistemas intensificados bajo siembra directa son más diversificados –en términos biológicos–, mejoran la calidad de los suelos y, consiguientemente, el manejo sustentable de los agroecosistemas.
En este sentido, la rotación con gramíneas, la inclusión de cultivos de servicio, la fertilización balanceada y el manejo integrado de adversidades son prácticas agronómicas que han demostrado mejorar la salud de los suelos y minimizar el impacto ambiental del uso de fitosanitarios.
El diagnóstico de las deficiencias nutricionales basado en un correcto muestreo y análisis de suelos deber ser la base fundamental en la toma de decisiones de cualquier fertilización de cultivos. Otro aspecto de gran importancia a considerar es la evaluación del suelo como individuo, considerando una visión integral de la fertilidad edáfica, y teniendo en cuenta las propiedades químicas, físicas, biológicas y sus interacciones en el sistema suelo-planta.
Diferentes redes de ensayos de fertilización de largo plazo realizados en la región pampeana demuestran la elevada rentabilidad de los planteos de fertilización balanceada. “Para poder apreciar el impacto de la implementación de mejoras en las tecnologías de fertilización, vale la pena mencionar los resultados de 11 ensayos realizados en la Chacra Bragado Chivilcoy de Aapresid. Así, el aumento de 30-40 kilogramos de N/hectárea en las dosis de aplicación incrementaron 500 y casi 1000 kilogramos/hectárea el rendimiento de trigo y maíz, respectivamente”, detalla Martín Torres Duggan, magíster en Ciencias del Suelo.
Además de la optimización de la mejora en la nutrición nitrogenada, debe evaluarse y ajustarse la fertilización con fósforo, azufre y zinc, nutrientes con mayor incidencia en la mejora de la productividad del maíz.