Se dice que el rábano cultivado pertenece a la especie Raphanus sativus, aunque en realidad parece ser que no es tal, sino una forma más de la especie silvestre Raphanus raphanistrum.
En realidad, se trata de distintas subespecies o variedades de la misma especie, mencionada al comienzo de este artículo.
De forma coloquial se diferencian por el tamaño de la raíz. Los rábanos son aquellas variedades que producen raíces de gran tamaño y generalmente alargadas, mientras que los rabanitos las dan pequeñas, normalmente redondeadas, pero también pueden ser alargadas.
Como dato curioso y para poner en relieve la diferencia entre ambos grupos, algunas variedades de rábano producen raíces de más de 50 cm de longitud, mientras que los rabanitos suelen ser del tamaño de una pelota de golf o incluso menos.
El rábano se adapta bien a multitud de ambientes, pero es en determinadas condiciones en las que alcanza una mayor calidad.
Prefiere los climas templados, aunque también se puede cultivar otros más fríos o más cálidos, siendo entonces necesario acotar bien la época del año.
Le gustan las temperaturas frescas, idealmente entre 15 y 20ºC. Si son demasiado altas tienen al menos dos efectos importantes en la planta: Aumento del sabor picante de la raíz; Subida a flor prematura.
En cambio, temperaturas demasiado bajas provocan que la raíz adquiera una textura corchosa, nada agradable para consumir.
En cuanto a la luz, es importante que sea abundante pero no excesiva. Una falta de luz interfiere con el desarrollo de la raíz, por lo que habrá que tener en cuenta estos aspectos: Localización soleada en el terreno, especialmente si se cultivan cuando la luminosidad es menor (de otoño a primavera); Espacio suficiente entre plantas y entre los rábanos y otros cultivos que pudieran acompañarlos.
Aquí hay que diferenciar entre los rábanos y los rabanitos.
Los primeros necesitan de suelos profundos y mullidos para que la raíz puedan alcanzar un buen tamaño.
En cambio, los rabanitos ―por su menor tamaño― pueden cultivarse en suelos someros sin problema, aunque como es lógico, los profundos siempre serán preferibles.
En ambos casos son más adecuados los suelos ligeramente ácidos o neutros que los alcalinos.
Tampoco se desarrolla bien en suelos salinos, aunque esto es algo común a la mayoría de las hortalizas.
Es una hortaliza de fácil cultivo y de ciclo muy corto, por lo que es ideal para los que se inician en la horticultura o para personas que disponen de poco tiempo para esta actividad.
Para cultivar variedades de grandes raíces, hay que realizar una labor profunda para que la tierra quede trabajada en el máximo espesor posible.
Para cualquiera de las variedades, el terreno tiene que quedar blando, cosa que facilita mucho el crecimiento de las raíces.
No requiere muchos, pero dos de ellos son muy importantes.
No necesita si la tierra es fértil o si se ha abonado en el cultivo precedente.
Un exceso puede ser perjudicial, por lo que es mejor abstenerse o abonar muy ligeramente y con un abono orgánico muy maduro.
Muy importante en el cultivo del rábano. No le debe faltar nunca el agua, especialmente cuando la raíz se está formando.
Poco antes de realizar la cosecha del rabanito o del rábano se pueden reducir los riegos para que se concentren el sabor y las propiedades nutritivas de la raíz.
Es fundamental llevar a cabo un deshierbado continuo para evitar la feroz competencia que suponen las adventicias para el rábano.
El rábano y sus distintas variedades son hortalizas ideales para reproducir en el propio huerto dejando que algunas plantas florezcan.
Con solamente un par de planta se pueden obtener más de 1000 semillas, que además mantienen su poder germinativo durante mucho tiempo.
Esto es perfecto para guardarlas y poder disponer de ellas a lo largo del año, o en años posteriores.
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