l sector ganadero argentino se replantea estrategias de exportación ante el freno de los negocios con China. Debido a factores externos, el sector apuesta al crecimiento del consumo interno de cara al 2020. La cadena se prepara para una inminente reconfiguración ante un panorama de negocios incierto.
Luego del récord de exportación del 2019, y tras un año de fuerte impulso exportador, el negocio ganadero inició el 2020 con un inesperado freno debido a la conjunción de varios factores en China. Desde diciembre del año pasado, el gobierno chino redujo el crédito a los importadores provocando una caída del precio promedio del 30%, a lo que se sumó el brote de coronavirus.
En este contexto, Argentina realiza muy pocos negocios y a precios más bajos con país que en el 2019 llegó a representar el 75% de las ventas externas. “China está paralizada, no hay negocios. Los otros mercados importantes como Rusia, Israel y Chile recibirán también la oferta proveniente de Uruguay y Brasil”, explica Iriarte.
La tendencia hacia la demanda explosiva de proteínas animales por parte de China parece haber quedado atrás. “El negocio era furor, con precios promedio que rondaban los US$7.500 la tonelada. Era impresionante pero estábamos viviendo en una burbuja”, admite Ulises Forte, presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva).
Ante este estado de situación, el sector ganadero argentino asiste a una transición de esquema con menos exportaciones y más mercado interno en el que, durante las primeras semanas del 2020, el precio de la hacienda se mantuvo firme.
El interrogante radica en saber si el mercado interno será capaz de absorber todo lo que se destinaba a exportación. “El poder adquisitivo viene muy golpeado y este es un negocio que depende en un 80% del consumo interno”, sostiene Hugo Borell, presidente del frigorífico exportador Arrebeef. Desde la Cámara Argentina de Feedlot esperan que, durante los próximos meses, la clase media argentina afirme una demanda de carne que genere cierta movilidad en los precios.

Respecto al largo plazo, los representantes del sector ganadero señalan la falta de políticas de incentivo para el sector y esperan soluciones estructurales por parte del Estado. “Una vaquillona que se cría hoy va a ser madre recién después de las elecciones legislativas, y un ternero que nace este año puede ser novillo de exportación con el próximo gobierno”, señala Forte. La reconfiguración de la cadena debe apuntalar a pequeños y medianos productores con estrategias a largo plazo, como lo exigen los tiempos de la ganadería.