Ecosistemas Agrícolas / Fertilización

Bioinsumos: ¿moda o tendencia?

Relación con los productos de síntesis química, la necesidad de aprender sobre su uso, medir resultados, comunicar con precisión fueron algunos de los temas del panel

jueves 08 de junio de 2023

En la agricultura tenemos demandas grandes: producir no solo cantidad sino calidad, disminuir la huella ambiental, volcarnos a energías renovables, promover la biodiversidad, crear resiliencia… Parece inagotable, pero, lejos de ser algo negativo, es estímulo y desafíos. Producir más con menos implica usar cada vez menos productos de síntesis química y volcarnos cada vez más a productos de síntesis biológica”, describió la especialista Pilu Giraudo, referente de Aapresid.

Daniel Germinara, gerente de Biosoluciones de UPL Argentina, contó que la empresa de origen indio imagina el futuro con bioproductos, y hace poco creó una compañía, Natural Plant Protection (NPP), que se va a dedicar exclusivamente al desarrollo de biosoluciones, no solo para biocontrol, sino para problemáticas de suelo y de stress.

Adrián Balsa, líder de Bioestimulantes de Yara, contó que en su historia de más de 100 años la empresa se dedicó al desarrollo de soluciones nutricionales edáficas o foliares. “Creemos que los fertilizantes  juegan un rol clave, pero tienen que incorporar bioestimulantes para empezar a trabajar eficiencia productiva, para producir más con menos recursos”, indicó. “Los bioestimulantes juegan un rol muy importante, sobre todo en la gestión del stress, que es una de las mayores barreras para que las plantas expresen su potencial genético. Buscamos romper las barreras de productividad de cara al futuro”.

Al respecto, Agustín Biagioni, director global de Marketing de Rizobacter, dijo que la empresa estaba convencida de que lo biológico iba a cobrar relevancia desde que se fundó, hace 47 años. Hoy es líder en inoculantes. “En comparación con hace 5 o 10 años, hoy hay mucho consenso en que lo biológico funciona, la discusión está en cómo aplicarlo para que funcione”, explicó. “Avanzamos mucho desde los ‘90 en la combinación entre químico y biológico, creo que lo que se viene es pensar no qué, sino cómo usarlos en un manejo integrado”. 

Germinara dijo que hace tiempo empezaron a ver cómo los biológicos pueden mejorar limitantes de suelos. “Se estima que en la Argentina hay 12 millones de hectáreas de suelos con salinidad y coeficientes de rendimientos muy bajos”. La empresa empezó a pensar cómo ayudar a producir más y encaró el desarrollo de ácido húmico, que les permitió “agrandar el campo: que haya rendimientos donde no había, y que crezcan cultivos donde no crecían, que van a dejar raíces, cobertura, y van a ir mejorando esos espacios”. La idea es que los suelos vayan pasando de malos a regulares, y luego a algo productivos. “Hay que trabajar más en diagnóstico, pero la herramienta está”.

Balsa coincidió: “Con bioestimulantes tenemos que trabajar más profesionalmente, como cuando hacemos una siembra. Hay que ajustar más el diagnóstico para saber cuál es la herramienta para aumentar la eficiencia: ¿Era el producto? ¿Era el momento?”. Y contó que posicionaron un producto a base de extracto de algas orientado al stress de los cultivos. 

Biagioni coincidió en la importancia del posicionamiento: “Al igual que un químico, un biológico no funciona mal posicionado. No hay que generar mensajes confusos”. Y agregó que “es fabuloso lo que se viene: un microorganismo, si se alimenta de cosas distintas, puede expresar cosas distintas y entregar soluciones diferentes”, y anticipó que la empresa está por lanzar “bioinsecticidas que, a nivel de control, están a la par de los químicos. Se vienen múltiples métodos de acción en un mismo producto. Implica nuevas formas de producir y adaptaciones, pero somos muy optimistas”.

Para Balsa también resulta fundamental la comunicación: “Tenemos que comunicar bien las potencialidades, pero también las limitaciones”, dijo. Giraudo reforzó la idea: “Trabajamos con la naturaleza, los biológicos no vienen a resolver todo, son ‘parte’ de las soluciones”.

Balsa agregó que hay que trabajar el concepto de eficiencia y empezar a “brindar soluciones para determinados problemas, no agua bendita: veo los bioestimulantes como potenciadores de los productos de síntesis química”. 

Biagioni coincidió: “Creo que las empresas podemos hacer mucho en comunicación. No todo bioinsumo es bueno: la parte técnica es clave, y después está la práctica de adopción”, señaló. Y contó que gracias a la alianza con una empresa francesa productora de microgranulados (De Sangosse), Rizobacter pudo lanzar un fertilizante químico con cuatro bacilos que ayudan a reducir la incidencia de enfermedades y biodisponibilizar nutrientes.

La sinergia entre lo químico y lo biológico permite “bajar la carga química por hectárea”, aseguró. Implica usar la mayor cantidad de biológicos sin resignar productividad, “y hay caminos intermedios que van en la dirección correcta”, dijo.

Para Germinara, la adopción de bioinsumos es un proceso de aprendizaje. “Parece obvio, pero es clave hacer seguimiento de este tipo de productos; creo que las compañías y técnicos tenemos que hacer docencia para mostrar el efecto del producto y después medirlo”.

En su opinión, “no vamos a una agricultura orgánica en general; habrá nichos que lo paguen, pero creo que la tendencia es a la convivencia. La sociedad nos reclama y tenemos que ir a eso, pero debemos aprender cómo usar los biológicos, cuidarlos, aplicarlos. El gran beneficio va a ser lograr productos más sanos, mayor productividad y, sobre todo, hacer alimentos más sanos, ambientes más sanos y estar en paz con la sociedad”.

Para culminar, indicó que es preciso “trabajar en las necesidades, como mejorar la calidad de implantación: hay productos que mejoran la velocidad; hablamos de suelos salinos, del stress, tenemos que pensar cuáles son nuestros problemas, matchearlo con productos específicos, evaluarlo y saber cuánto gano: si no gano, es moda, no es tendencia”.

Biagioni incitó a animarse a probar herramientas biológicas. “¿Dónde están los biológicos hoy? Tienen un Fórmula 1, entraron en la mayor liga del mercado de protección de cultivos, no es algo de nicho de la parte orgánica”, dijo, e insistió: “Tenemos que trabajar en la legislación clara y la comunicación, y hacer cosas prácticas con la menor cantidad de cambios respecto de lo que se hace: si la performance es competitiva, el productor elige un bioinsumo sobre un químico”, aseguró.

Para terminar, Balsa auguró que “se vienen cosas muy interesantes, vamos a hablar de productos para el stress hídrico o salino, para aumentar la eficiencia al uso de fósforo, específicos”, y dijo que es preciso hacer comunicación y docencia para que eso repercuta en el bolsillo.

 

Maizar

 



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