n medio de la cuarentena obligatoria decretada por el Gobierno ante la pandemia de coronavirus, que ayer fue extendida hasta el 12 de abril, los precios de las frutas y verduras se dispararon. Dicho comportamiento no se explica por un solo motivo, sino por la conjunción de varios: menor abastecimiento, cierre de puntos de venta, aumento del consumo y remarcaciones oportunistas, entre otros.
Roger, propietario de una verdulería familiar en la Ciudad de Buenos Aires, señala que las remarcaciones empezaron en el Mercado Central, donde el cajón de naranjas pasó de $400 a $800; la rúcula, de $150 a $400; y el brócoli, de $350 a $800. “Muchas veces tenemos que vender al costo porque tienen un precio que es imposible”, afirma.
La misma situación vive Carlos, otro verdulero que trabaja en el negocio junto a su familia, quien considera que esta situación se da en parte por falta de abastecimiento, pero también por “avivados”. La semana pasada, por ejemplo, Carlos no pudo traer zapallitos redondos porque estaban demasiado caros.
Está claro que en el Mercado Central hubo un aumento de precios y, al mismo tiempo, una disminución en la oferta. Esto podría atribuirse a que muchos quinteros del conurbano bonaerense pararon la actividad debido a la cuarentena; otros, que operan en la informalidad, se vieron obligados a frenar porque no poseen el permiso para circular.
Un informe de Consumidores Libres, asociación liderada por Héctor Polino, señaló que en la última semana se registraron incrementos de entre un 15% y un 30%.
Otro aspecto que perjudica al sector es el cierre de comercios ya que, si bien están exceptuados del aislamiento social preventivo y obligatorio, muchos decidieron no abrir sus puertas para evitar multas porque trabajan en la informalidad.