ace pocos años, investigadores japoneses descubrieron una nueva bacteria diminuta con una capacidad inusual: el organismo, que vivía en el suelo cerca de una planta de reciclaje de botellas de plástico, podía comer plástico. Tiempo después, se descubrió un hongo que come plástico en un vertedero en Pakistán. Más tarde, un estudiante universitario descubrió bacterias que comen plástico en un sitio contaminado en Houston. Ahora, los investigadores de Hitachi y Cambridge Consultants, una compañía de ingeniería y desarrollo de productos, planean usar biología sintética para fabricar una enzima similar que consuma plástico que, más tarde, podría usarse en plantas de reciclaje o en el medio ambiente y, potencialmente, en el océano, donde anualmente se acumulan hasta 12,7 millones de toneladas métricas de plástico.
“Atacar el problema biológicamente significa que tiene la capacidad de encontrar una gama de soluciones”, sostiene James Hallinan, gerente de desarrollo comercial de biología sintética de Cambridge Consultants. “Se trata realmente de la ingeniería de la biología, haciéndola predecible, definible y reproducible”, agrega.
La idea es usar la biología para comenzar a descomponer algunas de las miles de millones de toneladas de plástico que se han depositado en los vertederos y el medio ambiente, donde puede tomar cientos de años, o tal vez más, su descomposición por completo. Según un estudio, se estimó que de las 8.300 millones de toneladas de plástico que los humanos habían producido desde que se inventó el material en 1860, alrededor de 6.300 millones de toneladas terminaron como residuos, y de esta última cifra, solo el 9% fue reciclado, es decir, únicamente 747.000 toneladas del total.
Ante esta alarmante situación, científicos de todo el mundo están desarrollando varios proyectos de investigación para explotar el potencial de las enzimas, especialmente la parte de los microorganismos responsables de la digestión del plástico. En el Reino Unido, los investigadores estudian las bacterias japonesas que se crearon accidentalmente, una versión de la enzima de la bacteria que funcionó aún mejor, rompiendo botellas de plástico en días en lugar de semanas.
Asimismo, en el Laboratorio Nacional de Energía Renovable de los Estados Unidos estudian la enzima PETasa, con el propósito de que funcione más rápido. A la vez, en Alemania buscan optimizarla. Y en Francia, una startup llamada Carbios ha desarrollado su propia enzima, que puede descomponer completamente el plástico PET para que pueda reciclarse y convertirse en un nuevo plástico de calidad.
Al igual que algunas otras nuevas tecnologías de reciclaje, el uso de enzimas tiene ventajas sobre los métodos tradicionales de trituración de productos viejos, ya que el plástico no tiene que estar limpio y puede descomponerse por completo.
Sin embargo, aún más interesante es la posibilidad de que las enzimas optimizadas para comer plástico se puedan utilizar en el medio ambiente en general, no solo en las instalaciones de reciclaje. Si bien la solución al problema general de los desechos plásticos comienza con el diseño y, probablemente, con la eliminación por completo de los artículos plásticos de un solo uso, también necesitamos encontrar formas de lidiar con todo el plástico que ya se ha tirado. La mayor parte de este material nunca llega a la corriente de reciclaje y ahora estamos viendo las consecuencias, desde los microplásticos en la nieve ártica hasta los plásticos en los cuerpos de los animales.
No obstante, trabajar en el medio ambiente es una propuesta más complicada, ya que tendrían que demostrar que puede suceder sin consecuencias negativas y obtener la aprobación regulatoria. El equipo está estudiando la gama completa de posibles soluciones y luego elegirá una estrategia, ya que algunos enfoques pueden ser técnicamente factibles pero no económicamente viables. También decidirán el mejor enfoque comercial. Hitachi, mejor conocido por fabricar herramientas eléctricas y equipos de construcción, podría desarrollar la tecnología o podría convertirse en un usuario final de la misma. “Reconocen que tienen una responsabilidad tanto con sus clientes como con el planeta en general para garantizar que lo que están desarrollando sea bueno para el planeta a largo plazo”, finalizó Hallinan.