Por Agroempresario.com
En la Argentina, los monos carayá son una especie emblemática de los bosques chaqueños y las selvas del noreste, adaptados a las altas temperaturas y la vida en libertad. Sin embargo, los destinos de Coco y Yeico, dos ejemplares de esta especie, fueron muy diferentes a lo que la naturaleza les tenía reservado. Arrancados de su hábitat, criados como mascotas y condenados a una vida artificial, estos monos encontraron un refugio de esperanza en Fundación Zorba, donde comenzaron juntos un nuevo capítulo.
Coco fue encontrado en una situación de abandono extrema en una casona de Belgrano R, un barrio de Buenos Aires, en el que vivía encerrado en un ropero. Sin contacto con el sol, el pasto o los árboles, y alejado de su especie, Coco sufrió daños irreversibles en su cuerpo, con extremidades atrofiadas debido a su confinamiento y la falta de actividad física. Fue arrancado de su madre a una edad temprana y condenado a vivir como una mascota, con lo que perdió la capacidad de trepar y moverse libremente.
Por otro lado, Yeico fue llevado a Santa Cruz, donde, también en condiciones inadecuadas, vivió con pañales debido a la baja temperatura de la región. Este mono carayá, al igual que Coco, fue víctima del mascotismo, y su vida fue marcada por la imposibilidad de desarrollarse de manera natural.
A pesar de sus vidas separadas, el destino de estos dos monos se cruzó gracias a la intervención de la Fundación Zorba. Isabel de Estrada, directora de la fundación, aceptó a Yeico cuando fue denunciado por ser mantenido bajo condiciones inadecuadas. Aunque ambos tenían daños similares, la llegada de Yeico al refugio de la fundación cambiaría por completo la vida de ambos.
El proceso de adaptación no fue sencillo. Al principio, Coco mostró resistencia y enojo ante la llegada de Yeico. De acuerdo con Isabel, "al principio Coco estaba enojado, le salía fuego por los ojos". Sin embargo, después de una semana, Coco se acercó a Yeico, y esa noche ambos se acurrucaron para dormir juntos. Fue el inicio de una amistad que creció rápidamente.
Yeico, aunque más activo y con mejor estado físico que Coco, no dudó en aceptar a su compañero. Ambos comenzaron a compartir un espacio, encontrando consuelo en la compañía del otro. Coco, con sus extremidades atrofiadas, comenzó a sentirse más seguro junto a Yeico, quien lo respetó y lo cuidó.
La vida de Coco y Yeico cambió por completo desde que llegaron a Fundación Zorba. Allí, en un ambiente más natural y con el cuidado de los expertos, pudieron adaptarse mejor a sus condiciones, aunque nunca podrían volver a la vida silvestre. Ambos duermen juntos, sobre almohadones que les alivian el dolor en sus huesos, y pasan el día observando el verde que los rodea. Aunque no puedan regresar a su hábitat natural, encontraron en la fundación un hogar lleno de cariño y respeto.
La historia de Coco y Yeico refleja no solo la bondad de quienes se ocupan de ellos, sino también el daño irreparable que el mascotismo causa en los animales. Como explica Isabel, "Ellos son embajadores de su raza", y su historia sirve como un llamado de atención sobre la importancia de no apropiarse de animales silvestres.
El caso de Coco y Yeico es un ejemplo de lo que sucede cuando se extraen animales de su entorno natural y se los mantiene como mascotas. Estos monos, como muchos otros animales, necesitan vivir en grupos, en un ambiente adecuado para su desarrollo físico y emocional. La vida en cautiverio, lejos de su hábitat y su especie, no solo los priva de su naturaleza, sino que les causa un sufrimiento físico y psicológico profundo.
"Es realmente un regalo para los dos", dice Isabel sobre la relación que han formado Coco y Yeico. A pesar de los daños sufridos, su vida ha mejorado significativamente desde que se conocieron. "Están todo el día juntos y a la noche duermen uno encima del otro. No sé si existen los abrazos entre ellos, pero es lo más parecido a eso", concluye Isabel, mostrando el vínculo que se ha formado entre ambos.
La historia de Coco y Yeico es un testimonio de la importancia de la educación y la concientización sobre el trato adecuado a los animales silvestres. La Fundación Zorba trabaja para dar a conocer estos casos y educar al público sobre los efectos negativos del mascotismo. "Es importantísimo no recoger un animal silvestre porque los condenó a una vida que no es la de ellos", destaca Isabel. La fundación hace un llamado a la sociedad para que tome conciencia y no repita los errores del pasado.
Coco y Yeico, ahora amigos inseparables, representan no solo una historia de superación, sino también una advertencia sobre los peligros del mascotismo. A pesar de los desafíos que enfrentaron, encontraron un hogar donde pueden vivir en armonía, respetando lo que les queda de su naturaleza, y ofreciendo a quienes los cuidan un ejemplo de amor y resiliencia.