ara entender por qué un vino de precio accesible puede ofrecer tanto placer, hay que buscar la explicación en la evolución. La industria vitivinícola es una de las que más ha crecido, en capacidad y también en diversidad. Estos cambios se dieron a nivel viñedos y bodegas, con una reconversión masiva y una gran tecnificación, respectivamente.
Esto llevó a los vinos nacionales, con el Malbec como abanderado, a lucirse en los principales mercados del mundo, algo que recién comenzó a mediados de los 90. Hoy, el vino es el producto agrícola con mayor valor agregado que se exporta; eso está ya fuera de discusión. Porque además de la diversidad de etiquetas que propone, hay una gran diferencia de valor entre el más económico y el de más alto precio ($50 a $15.000).
Pero está claro que el volumen no está en la punta de la pirámide, ya que las bodegas siguen vendiendo mucho más sus vinos accesibles. El 85% de los vinos vendidos (off premise, es decir botella cerrada) en las tiendas vale menos de $120. Dejando una pequeña participación a los vinos de más de $500.
A esta altura todos saben que la calidad y el precio están directamente relacionados, y que en los vinos de alta gama se juega el partido del prestigio. Pero las bodegas viven de la venta y no de la imagen. Es por ello que, en los últimos años, el trabajo de las bodegas estuvo abocado a poder lograr vinos con muchos atributos, pero que el consumidor pueda disfrutar periódicamente. Es decir, muy bueno vinos a precios accesibles.
Se sabe que el mercado se formó con vinos de mesa y vinos finos, a manos de pocas bodegas. Pero en treinta años se generaron varios cambios en bodegas, aunque el mercado siempre tardó más en asimilarlos. Eso explica; además de la situación económica; que el vino en argentino más consumido sea el que viene en envase Tetra Brik. ¿Son buenos esos vinos? Sí. Todo vino que llega al mercado es bueno, el tema es que hay vinos con más atributos que otros, y se disfrutan más. Aunque para ello sean clave las consideraciones del consumidor.
A los gustos personales no se los puede discutir, pero a la calidad sí. Porque como en cualquier producto comestible o bebible con valor agregado, hay características básicas que deben estar siempre (vinos correctos), y otros atributos que se pueden ir sumando para agregar valor, sin que ello implique un gran incremento en el precio de venta.
La calidad de la uva es fundamental, ya que solo se pueden hacer buenos vinos a partir de buenas uvas. Esto implica un cuidado anual y una cosecha precisa, en función al tipo de vino deseado. Por suerte, cada vez hay mejores productores de uva; pequeños viñateros ayudados por las bodegas en pos de lograr la calidad buscada.
El terruño también es clave, porque cada variedad se comporta diferente de acuerdo al tipo de suelo y al riego. Pero más lo es el hombre, que debe decidir el momento de cosecha, con toda la complejidad logística que ello significa (cosechadores, camiones, lagares libres en bodega para recibir la uva, etc.), sobre todo a gran escala.
El manejo sustentable de grandes superficies también ha favorecido a lograr uvas de mejor calidad, más allá de la marcha climática de cada año.
Por otra parte, haber aprendido que no todos los Malbec eran iguales y que diferían de zona en zona, permitió vinificar por separado en bodega de acuerdo a las partidas. Esto ha permitido llegar al mercado con vinos que, además de carácter y tipicidad varietal, hablan del lugar, más allá del estilo propio de cada línea.
La tecnología también permite a los hacedores, y su equipo, hacer un seguimiento personal, incluso a vinos masivos, tanto durante las fermentaciones como en la fase de estabilización y crianza. El manejo de la temperatura, el control del contacto con el oxígeno (principal enemigo del vino), la velocidad de reacción y la higiene, son aspectos muy importantes que las bodegas deben cumplir para lograr vinos destacables en las franjas de precio más accesibles.
Cómo son los vinos más atractivos de menos de $400
A los gustos personales no se los puede discutir, pero a la calidad sí. Porque como en cualquier producto comestible o bebible con valor agregado, hay características básicas que deben estar siempre (vinos correctos), y otros atributos que se pueden ir sumando para agregar valor, sin que ello implique un gran incremento en el precio de venta.
La calidad de la uva es fundamental, ya que solo se pueden hacer buenos vinos a partir de buenas uvas. Esto implica un cuidado anual y una cosecha precisa, en función al tipo de vino deseado. Por suerte, cada vez hay mejores productores de uva; pequeños viñateros ayudados por las bodegas en pos de lograr la calidad buscada.
El terruño también es clave, porque cada variedad se comporta diferente de acuerdo al tipo de suelo y al riego. Pero más lo es el hombre, que debe decidir el momento de cosecha, con toda la complejidad logística que ello significa (cosechadores, camiones, lagares libres en bodega para recibir la uva, etc.), sobre todo a gran escala.
El manejo sustentable de grandes superficies también ha favorecido a lograr uvas de mejor calidad, más allá de la marcha climática de cada año.
Por otra parte, haber aprendido que no todos los Malbec eran iguales y que diferían de zona en zona, permitió vinificar por separado en bodega de acuerdo a las partidas. Esto ha permitido llegar al mercado con vinos que, además de carácter y tipicidad varietal, hablan del lugar, más allá del estilo propio de cada línea.
La tecnología también permite a los hacedores, y su equipo, hacer un seguimiento personal, incluso a vinos masivos, tanto durante las fermentaciones como en la fase de estabilización y crianza. El manejo de la temperatura, el control del contacto con el oxígeno (principal enemigo del vino), la velocidad de reacción y la higiene, son aspectos muy importantes que las bodegas deben cumplir para lograr vinos destacables en las franjas de precio más accesibles.
Bodegas López, Maipú, Mendoza, $140
Es la última novedad de la casa, elaborado con uvas de viñedos propios. Un Malbec joven, por fuera y por dentro, muy expresivo, y de excelente relación calidad-precio.
Bodegas Bianchi, Mendoza $180
Los buenos vinos trascienden los años y atraviesan generaciones. Desde 1965 el Don Valentín es un blend original en su concepción, presente en la mesa de los argentinos.
Callia, San Juan, $190
El Syrah de San Juan tiene algo especial, y al Malbec le aporta estructura y especias. Acá se logró un tinto ágil y de paso consistente, también de aromas expresivos.
Bodegas Bianchi, San Rafael, $200
Pionero de la categoría y dueño de una personalidad única, elaborado con Torrontés y Sauvignon Blanc. Ligeramente efervescente, con aromas frutados y florales intensos.
Bodega Goyenechea, San Rafael, $250
Blend de Merlot, Syrah, Malbec, Cabernet Sauvignon y Bonarda. Es un tinto de entrada suave, con aromas y sabores maduros, taninos incipientes y final especiado.
Salentein, Valle de Uco, $250
El Pinot Noir es un cepaje difícil de lograr, y más en este segmento. Por eso, este vino es un fiel exponente del cepaje y del lugar, y da mucho más de lo que pide.
Vicentín Family Wines, Mendoza $270
El Malbec bien hecho es amable, fresco y expresivo. En este caso con una mayor fluidez, pero de aromas y sabores consistentes, ideal para carnes a la parrilla.
Bodega Alfredo Roca, San Rafael, $275
La nueva etiqueta bivarietal de la línea Roca es un original corte de Bonarda y Cabernet Sauvignon. Es un vino joven y amable, de cuerpo medio, y fácil de tomar.
Bodega Frida, Mendoza, $300
Novedad absoluta. Un nuevo concepto en vinos, de aromas intensos con frescura, y un carácter de frutas maduras, con tonos vegetales y especiados. Ideal para la mesa.
Mandala Wines, Tunuyán, Valle de Uco $300
De aromas más florales que frutales, y muy bien logrados. Paladar refrescante, con leve aguja que potencia su gracia y habla de su equilibrado dulzor (62 gr/az/l).
Fuego Blanco, Valle de Pedernal $300
Novedad absoluta. Blend original de Malbec (50%), Cabernet Franc (30%), y Syrah (20%), de perfil fresco y frutado, y que expresa bien el potencial del terruño.
Navarro Correas, Luján de Cuyo, $310
Flamante línea de una de las bodegas más tradicionales del país, que se está relanzando. Tinto joven y agradable, de trago amable y fresco. Ideal por copa.
Fabre Montmayou Luján de Cuyo, $318
En este vino de trago amable se nota el carácter del Malbec y de la Primera Zona, por su expresión generosa y taninos dóciles. Más para acompañar pastas que carnes.
Bodega Esmeralda, Tupungato, Valle de Uco $330
Si bien su aspecto es intenso, este flamante rosado está muy bien logrado. De paladar refrescante y franco, con buen cuerpo y carácter. ideal para llevar a la mesa.
Bodega Nieto Senetiner, Mendoza $350
Este vino tiene personalidad, y da mucho más de lo que pide. Se ha modernizado, pero no ha perdido la línea, es más, ha ganado en carácter de fruta, roja y negra.
Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza $350
Desde que esta línea se elabora íntegramente con uvas del Valle de Uco, los vinos han ganado frescura y vivacidad. Un vino completo y actual, para descorchar muy seguido.
Familia Schroeder, Neuquén, $360
Esta flamante etiqueta cuenta una historia única. Además, es uno de los varietales que mejor se da en Patagonia. De trago vibrante y aromas cítricos, ideal como aperitivo.
Amalaya, Salta, $360
A base del inconfundible Torrontés salteño, con un toque de Riesling (10%) se logra este blanco ya emblemático del NOA. Ideal para acompañar pollos al curry.
Casarena, Luján de Cuyo, $380
De aspecto tenue y elegante, aromas a frutas rojas y paladar refrescante. De trago vivaz, ideal para acompañar con carnes blancas, ensaladas y mariscos.
Cara Sucia, Rivadavia, Mendoza, $385
Blend co-fermentado con uvas del mismo antiguo viñedo: Palomino, Pedro Ximénez, Ugni Blanc, Chenin, Moscatel Amarillo y Sauvignonese, by los hermanos Durigutti.
Bodega Kaiken, Agrelo, Luján de Cuyo $395
Este bivarietal al mejor estilo bordelés, le sale muy bien al enólogo de la casa, Rogelio Rabino. De buen volumen, paso refrescante, y un carácter nítido de frutas blancas.
Bodega Uxmal, Agrelo, Luján de Cuyo, $400
Este es el “winemaker Selected blend” como dice en su etiqueta, una clásica combinación bordelesa que la bodega puso de moda a fines de los noventa.
Bodega Trivento, Maipú $400
Esta bodega empezó haciendo gran cantidad de vinos y de gran calidad, y hoy es una de las referentes de la Alta Gama. Este Cabernet Sauvignon es palabras mayores.
Domaine Bousquet, Gualtallary, $400
No abundan los vinos orgánicos, y menos bien logrados y con muchos atributos en este segmento como este. Fresco y con un carácter de frutas negras, típicos de Gualta.
Bodega Pascual Toso, Maipú, $400
La bodega solo hace vinos con uvas propias de Barrancas, y allí el Cabernet Sauvignon se da muy bien. Con un carácter maduro y especiado, y típicas texturas incipientes.
Bodega Del Fin del Mundo, San Patricio del Chañar, Neuquén $400
Hay mucha fuerza en esta marca, y en este blend se combinan los dos cepajes emblemáticos de Saint Emilion (Burdeos, Francia) para dar un vino fresco y amable.
Bodegas Chandon, Valle de Uco, Mendoza $400
Chandon cumple 60 años en la Argentina, y cada vez con mejores uvas de Pinot Noir y Chardonnay; cosechadas a mayor altura y más temprano; se elabora este vino ícono.
El Esteco, Cafayate, $400
Alejandro Pepa (enólogo) cada vez hace más y mejores Torrontés. Este mantiene buena frescura, y se muestra bien evolucionado, con su típico dejo floral persistente.
Bodega Trapiche, Mendoza $400
Desde afuera este rosado lo dice todo. De aspecto tenue y brillante, con un buen carácter expresivo y frutal, gracias a la original combinación de Sangiovese y Syrah.
Finca Las Moras, Valle de Pedernal, San Juan, $400
Pocos vinos en este segmento pueden pasar 12 meses de crianza en barricas de roble (francés y americano). Además, es fresco y bien apoyado en las frutas rojas de baya.
Infobae