Por Agroempresario.com
La historia de Oscar Muchutti, un productor ganadero de Machagai, Chaco, refleja la cruda realidad que atraviesa la región ante la histórica sequía que afecta al país. En 2020, su vida cambió cuando un incendio, producto de la falta de lluvias y las altas temperaturas, consumió su campo y gran parte de su ganado. En aquel momento, las pérdidas fueron millonarias, sumando un total de $15 millones entre animales, infraestructura, alambrados y pasturas. Aquel desastre no solo marcó un punto de inflexión en su vida, sino que también dejó profundas huellas en el sector agropecuario chaqueño, que continúa siendo golpeado por los efectos de la sequía.
A tres años de ese desastre, Muchutti enfrenta nuevamente una situación crítica. La sequía continúa azotando la provincia con temperaturas extremas y una falta alarmante de precipitaciones. Aunque el productor intenta mostrar optimismo y perseverancia, la tristeza y desesperanza se sienten en sus palabras cuando describe la situación actual. “Venimos atravesando una situación muy crítica por la sequía: hace cuatro años no hay lluvias suficientes. En este ciclo, el más afectado es el sector agrícola. ¡Es un desastre! En granos hay una destrucción del 100%. Es muy poco lo que se va a salvar”, dice con la voz quebrada por el dolor.
El sector agrícola chaqueño, principalmente dedicado a la reserva forrajera, enfrenta pérdidas catastróficas debido a la falta de lluvias. Las pasturas se han secado y la ganadería, uno de los pilares de la economía de la región, se encuentra al borde del colapso. Los campos de producción animal, como los de Muchutti, sufren la falta de agua tanto en los pozos como en los reservorios, que en muchos casos están completamente secos. “Las vertientes cada vez tienen menos agua, y muchas se han secado. Los reservorios están secos porque hace mucho tiempo que no reciben agua de la lluvia. En esta zona tuvimos lluvias hasta el 20 de diciembre de 2024, pero no fueron muchos milímetros y desde entonces se han cortado completamente”, afirma el productor.
En la región se han registrado temperaturas extremas de hasta 40°C diarios, lo que ha agravado aún más la situación. “Hemos tenido promedios de 40°C por día. ¡Es una barbaridad! Se ha quemado todo. Es muy triste y lamentable ver lo que está ocurriendo, no solo con las pasturas y la evaporación del agua, sino también con las plantaciones de frutales”, agrega con preocupación.
La falta de infraestructura hídrica en la provincia es uno de los mayores problemas que enfrentan los productores chaqueños. Muchutti lamenta que el gobierno no haya abordado la crisis de manera efectiva y que la provincia carezca de obras adecuadas para retener el agua. Chaco atraviesa ocho cuencas que alimentan al río Paraná, pero las obras de contención son insuficientes. “Tenemos la cuenca de Tapenagá que necesita mantenimiento. Si bien es cierto que ahora estamos padeciendo la falta de lluvias, también no tenemos posibilidades de retener el agua porque hay un organismo provincial que regula el uso del agua, y no permite la intervención de los particulares en los trabajos de contención del agua en estas cuencas”, explica.
Este panorama no solo afecta a los productores, sino que también impacta negativamente en la economía provincial. Muchos productores están al borde de abandonar la actividad, ya que la falta de agua y el deterioro de las condiciones agrarias les ha quitado toda esperanza de recuperación. “Es muy difícil para el productor que pierde su hacienda recuperar lo que tenía. Cada vez hay más gente que sale de la actividad porque no tienen las condiciones mínimas para seguir trabajando”, subraya Muchutti.
La falta de un mapeo preciso de las cuencas subterráneas en la provincia es otro de los reclamos recurrentes del sector agropecuario. A lo largo de los últimos 20 años, los productores han solicitado al gobierno local que se realice un estudio para mejorar la gestión del agua subterránea. Esto ya ha dado buenos resultados en otras provincias, pero en Chaco aún no se ha implementado. “Es la esperanza de los productores, porque después de esta situación, mucha gente va a salir de la actividad. Eso le hace un gran daño a la provincia, no solo al productor, sino también al Estado provincial. Los pequeños y medianos productores que abandonen la actividad terminarán ubicándose en los cordones periféricos de las grandes ciudades”, asegura con preocupación.
Oscar Muchutti también habla de los efectos emocionales que ha tenido la crisis climática en los productores. Después del incendio de 2020, muchos productores vieron cómo sus sueños y esfuerzos de toda una vida se desmoronaban. A pesar de los esfuerzos por recuperar la actividad, la situación actual los ha puesto nuevamente contra las cuerdas. Muchutti es consciente de que, a su edad, le resulta más difícil volver a comenzar. Sin embargo, mantiene el optimismo por su familia. “Soy de la tercera edad, pero siempre con optimismo, pensando en mi familia. Tengo menos hacienda, pero ahora estoy más holgado porque no tengo tanta carga animal en el campo. Sin embargo, la sequía sigue golpeando con fuerza a otros productores que están al borde del nocaut”, reflexiona.
La situación de Chaco no es aislada, sino que forma parte de una problemática más amplia que afecta al sector agropecuario de muchas otras provincias. La falta de previsibilidad climática, la insuficiencia de políticas públicas y la escasez de infraestructura hídrica se suman a la creciente inseguridad de los productores, que luchan cada vez más por sostener sus actividades.
Muchutti concluye con un fuerte llamado de atención: “Hago un gran pedido al Estado para que, juntamente con los productores, profesionales y técnicos, se prioricen las urgentes necesidades de la provincia. El tema climático es uno de los grandes pendientes de los gobiernos provinciales y, por qué no, también de la Nación”. El productor pide acciones concretas que permitan garantizar la supervivencia del sector agropecuario chaqueño y evitar que más productores se vean obligados a abandonar sus tierras.
La situación de Muchutti es solo una de tantas historias de lucha y resistencia frente a la imparable sequía, un fenómeno climático que sigue afectando a gran parte de la Argentina y amenaza con empeorar.