Argentina consolidó un nuevo paso en su expansión internacional en materia de vinos blancos tras conocerse los resultados de The Global Chardonnay Masters 2025, certamen especializado en esta variedad. Según informó iProfesional, el país fue señalado como un origen “a observar” dentro de un concurso que reunió a especialistas, Masters of Wine y sommeliers, reforzando la relevancia de los avances técnicos y estilísticos en los blancos locales.
El reconocimiento más alto quedó en manos de Kaiken Ultra Chardonnay 2023, que obtuvo una medalla de oro en la categoría “Oaked Still Chardonnay” en el rango de 15 a 20 libras. Este vino surge de un blend de uvas de Gualtallary (Valle de Uco) y Vistalba (Luján de Cuyo), dos zonas que se han convertido en epicentros del desarrollo de los blancos de alta gama.
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La competencia organizada por The Drinks Business evalúa a ciegas vinos de distintas regiones del mundo y solo otorga medallas a etiquetas que superan estándares estrictos de calidad. En esta edición, el hemisferio sur dominó ampliamente, con un fuerte liderazgo de Sudáfrica y Australia. Sin embargo, iProfesional destacó que el desempeño argentino muestra un camino sostenido y maduro hacia estilos más equilibrados, frescos y precisos.
De acuerdo con el artículo de iProfesional, los jueces valoraron especialmente en los Chardonnay sudafricanos “un equilibrio entre lo generoso y lo refrescante, con fruta madura, pero una acidez cítrica atractiva y, en cuanto al roble y las lías, una influencia que aporta notas tostadas sin volverse demasiado cremosa”.
Ese mismo balance se transformó en uno de los atributos centrales del vino premiado de Kaiken. Aunque el equipo enológico no buscó replicar ningún estilo extranjero, la etiqueta Ultra Chardonnay 2023 destaca por armonía entre elegancia, madurez justa y frescura, con un uso moderado del roble: solo el 35% del vino pasó por barricas nuevas. Además, el trabajo de 12 meses sobre lías aporta textura sin perder fluidez ni limpieza en boca.
Consultado por iProfesional, el enólogo Juan Pablo Solís subrayó que su objetivo fue encontrar un punto medio entre estilos más cremosos y propuestas más tensas y frescas: “Este vino combina una parte untuosa y esa evolución que aporta la barrica, pero al mismo tiempo conserva frescura y la acidez que nos da Gualtallary. El perfil buscado es un intermedio entre un Chardonnay californiano —con más madera y untuosidad— y algo más fresco”, explicó.
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Luego agregó: “Tener un vino premiado con oro habla de la rápida evolución que ha tenido Argentina en términos de calidad en los últimos años”, destacando el peso del conocimiento acumulado, el estudio del terroir y la mejora tecnológica.
Además del oro obtenido por Kaiken, el concurso dejó una serie de vinos argentinos premiados que confirman la consolidación de estilos más precisos:
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La sommelier Andrea Donadio, ganadora del concurso Mejor Sommelier de Argentina en 2022, analizó esta transformación profunda del Chardonnay argentino durante su diálogo con iProfesional. “En veinte años, el Chardonnay nacional evolucionó notablemente. Del estilo más maduro y marcado por la madera de los años 2000, pasamos a vinos más precisos, vibrantes y centrados en conservar una acidez natural que sirva como columna vertebral”, afirmó. También señaló que los productores hoy trabajan la variedad con mayor rigor, seleccionando parcelas, ajustando cosechas y moderando el uso del roble.
Donadio sostuvo además que los vinos blancos argentinos ya se encuentran a la altura de etiquetas internacionales: “Sí, sin dudas, sobre todo aquellos Chardonnay que están muy asociados a su lugar de origen”, indicó, al tiempo que resaltó regiones que hoy brillan con fuerza: Gualtallary, Paraje Altamira, San Pablo, Trevelin y Sarmiento.
Coincidiendo con este diagnóstico, Solís remarcó que la vitivinicultura argentina vive un momento de madurez transversal. “Hoy hay grandes vinos argentinos brillando en todo el mundo. Es el resultado de todo lo que hemos aprendido en estos años”, señaló al medio.
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Los resultados de The Global Chardonnay Masters 2025 no solo reflejan el trabajo técnico y enológico de las bodegas argentinas, sino también el impacto de la búsqueda de nuevos terruños. La expansión hacia zonas frías, el aprovechamiento de altitudes extremas y el estudio minucioso de suelos permitieron desarrollar un estilo propio de Chardonnay, alejado de excesos y centrado en la naturalidad.
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Mientras Argentina continúa siendo reconocida por su Malbec, el avance de los blancos demuestra que el país diversifica su identidad exportadora y se suma a la tendencia global de consumir vinos más frescos, tensos y expresivos. Las medallas obtenidas confirman que esta evolución no es casual, sino producto de una estrategia sostenida que combina conocimiento, innovación y una creciente comprensión del terroir.