El consumo mundial de arándanos mantiene una trayectoria ascendente y se consolida como uno de los fenómenos más relevantes del comercio agrícola internacional. La expansión sostenida de la demanda, el avance tecnológico y la apertura de nuevos mercados están transformando al pequeño fruto azul en un actor central de la economía agroalimentaria global, con proyecciones que anticipan un nuevo salto productivo durante 2025.
Según estimaciones del sector, la producción global de arándanos crecerá alrededor de un 15% durante el próximo año, reforzando una tendencia que se aceleró de manera notable en la última década. El dato refleja no solo una mayor superficie cultivada, sino también una mejora estructural en los sistemas productivos, la genética vegetal y la capacidad logística para abastecer mercados cada vez más distantes y exigentes.
Hacia finales de 2024, el volumen mundial ya había alcanzado aproximadamente 2,1 millones de toneladas, más del doble de lo registrado apenas seis años antes. Este crecimiento exponencial marca un punto de inflexión para una actividad que pasó de ser un nicho especializado a convertirse en un cultivo estratégico dentro del comercio internacional de frutas frescas.
La relevancia del fenómeno se explica por un cambio sostenido en los hábitos de consumo. El arándano se posicionó como una “superfruta” asociada a la alimentación saludable, con alto contenido antioxidante y una versatilidad que le permite integrarse tanto al consumo fresco como a la industria alimentaria. Esa combinación amplió su presencia en góndolas de supermercados y en productos elaborados, impulsando una demanda constante a lo largo del año.
El crecimiento del mercado global vino acompañado de una profunda reconfiguración del mapa de producción. El continente americano se consolidó como el principal proveedor mundial, con volúmenes cercanos al millón de toneladas anuales. Dentro de la región, Perú emergió como el actor más dinámico, logrando desplazar a productores históricos gracias a su capacidad de cosechar en contraestación, su eficiencia productiva y la rápida adopción de nuevas variedades.
El avance peruano no desplazó por completo a otros países clave. Chile mantiene un rol estratégico, especialmente en el abastecimiento del mercado estadounidense, apoyado en su experiencia exportadora y en una logística consolidada. Al mismo tiempo, países como México y Canadá continúan ampliando su participación, diversificando la oferta regional.
A nivel global, China y Estados Unidos se mantienen como las mayores potencias productoras. En el caso chino, el crecimiento responde principalmente a la expansión del consumo interno, impulsado por el aumento del poder adquisitivo y una mayor valoración de los alimentos saludables. Estados Unidos, en tanto, combina una producción local significativa con importaciones estratégicas para garantizar la disponibilidad del producto durante todo el año.

El comercio internacional de arándanos refleja con claridad la madurez alcanzada por el sector. Estados Unidos continúa siendo el principal importador mundial y el mercado de destino más relevante para los exportadores, concentrando una porción significativa del consumo global. Sin embargo, el crecimiento más acelerado se observa en Asia, donde la demanda avanza a un ritmo sostenido.
En ese contexto, China escaló posiciones entre los mayores compradores internacionales, ubicándose entre los principales destinos del comercio global. Este movimiento confirma el potencial del mercado asiático y refuerza el interés de los países productores por fortalecer su presencia en la región.
La mayor diversificación de destinos también reduce la dependencia de mercados tradicionales y abre nuevas oportunidades comerciales. Para los exportadores, el desafío pasa por adaptarse a preferencias de consumo cada vez más específicas, con exigencias crecientes en materia de calidad, trazabilidad y presentación del producto.
El fuerte aumento de la oferta global plantea desafíos estructurales para la rentabilidad del negocio. En un escenario de mayor competencia y episodios puntuales de sobreoferta, la diferenciación se vuelve un factor clave para sostener precios y márgenes.
La innovación genética aparece como una de las principales respuestas del sector. El desarrollo de nuevas variedades permite mejorar el sabor, la firmeza y la vida útil del fruto, además de adaptarlo mejor a distintas condiciones climáticas. Estas características resultan determinantes para acceder a mercados lejanos y cumplir con los estándares de calidad que imponen los grandes compradores internacionales.
A la mejora varietal se suma la optimización de los procesos productivos. El uso de tecnología de precisión, sistemas de monitoreo y prácticas más eficientes contribuye a reducir costos y aumentar la productividad, en un contexto donde la competitividad depende cada vez más de la escala y la eficiencia operativa.
En un mercado donde la frescura es un atributo central, la logística se convirtió en un eslabón estratégico de la cadena. La reducción de los tiempos de transporte y la mejora en las condiciones de conservación permiten a los productores responder con mayor agilidad a los picos de demanda y minimizar las pérdidas por deterioro.
Los avances logísticos abrieron nuevas rutas comerciales que amplían el alcance del negocio. El desarrollo de corredores marítimos más eficientes hacia Asia y el uso de buques refrigerados especializados redujeron de manera significativa los plazos de entrega, fortaleciendo la competitividad de los exportadores sudamericanos en mercados lejanos.
Estas mejoras no solo impactan en los costos, sino que también aseguran que el producto llegue en condiciones óptimas, un requisito indispensable para sostener la confianza de los compradores y consolidar relaciones comerciales de largo plazo.

Pese al escenario positivo, la industria del arándano no está exenta de riesgos. Los eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes, representan una amenaza para la estabilidad productiva en determinadas regiones. A esto se suman los desafíos sanitarios y la necesidad de cumplir con regulaciones fitosanitarias cada vez más estrictas.
Sin embargo, la tendencia general muestra un sector en plena consolidación. El arándano se afirma como un pilar del comercio agrícola mundial, con perspectivas de crecimiento que no muestran señales de agotamiento en el corto plazo.
Para los países productores, el reto será sostener la expansión mediante innovación constante, eficiencia logística y una lectura precisa de las demandas de un consumidor cada vez más informado. Todo indica que el pequeño fruto azul seguirá ganando protagonismo en los mercados internacionales y en las estrategias productivas de las principales economías exportadoras.