Fabio Calcaterra, exbanquero y empresario con trayectoria en la industria alimentaria y financiera, avanza en un ambicioso proceso de reconversión industrial que lo llevó del sistema bancario a la producción agropecuaria a gran escala. El proyecto, ubicado en Carmen de Patagones, al sur de la provincia de Buenos Aires, prevé una inversión total de US$100 millones, está orientado a la exportación y busca posicionar a la región como un nuevo polo hortícola del país, según informó La Nación.
La iniciativa marca un punto de inflexión en la estrategia empresarial de Calcaterra tras concretar, meses atrás, la venta del BiBank, entidad que había adquirido en 2015 y que luego transformó en un banco digital. El desembarco en el agro no es casual ni improvisado: combina experiencia previa en la industria de alimentos, disponibilidad de recursos naturales clave y una mirada financiera aplicada a la producción primaria, un enfoque que el empresario considera indispensable para la sustentabilidad de los negocios en la Argentina.
“En este país no alcanza con producir bien: hay que estructurar los proyectos financieramente para que sean sustentables”, afirmó Calcaterra, al explicar la lógica que guía su nueva apuesta productiva.
El emprendimiento, denominado San Tonino, cuenta actualmente con 10.000 hectáreas, de las cuales 2.200 ya están bajo riego. El plan de expansión contempla alcanzar 5.500 hectáreas irrigadas en los próximos dos años, con una inversión ya ejecutada de aproximadamente US$35 millones. El acceso al agua del río Negro es uno de los pilares del proyecto y el principal diferencial frente a otras regiones productivas del país.
En estas tierras se desarrollan cultivos de papa, ajo, cebolla, trigo, maíz y alfalfa, además de un feedlot que permite integrar la producción agrícola con la ganadería. El esquema apunta a generar rotaciones sustentables, aprovechar economías de escala y abastecer tanto al mercado interno —incluida la industria de alimentos congelados— como a destinos internacionales.

La papa industrial es uno de los ejes centrales del plan, aunque el empresario destaca el potencial de otros cultivos. “La cebolla de la zona tiene una calidad comparable a la mejor de Mendoza, el ajo ofrece oportunidades claras en Brasil y la alfalfa abre una puerta interesante hacia mercados como Arabia Saudita”, señaló.
Si bien el nuevo polo productivo se asienta en el sur bonaerense, Calcaterra mantiene operaciones en Mendoza, donde explota unas 9.000 hectáreas de papa en el departamento de San Carlos. Allí construyó parte de su know how productivo a través de Simplot, empresa con la que se consolidó como uno de los principales productores de papas fritas precongeladas del país antes de vender su participación a socios estadounidenses hace tres años.
Esa experiencia es la base sobre la que se apoya el desarrollo en Carmen de Patagones. El empresario remarca que el clima seco, la amplitud térmica y los días largos ofrecen condiciones similares a las de Cuyo, pero con una ventaja decisiva: el acceso permanente al agua. “Eso permite garantizar riego, productividad y estabilidad, algo cada vez más escaso en la Argentina”, explicó.
En ese sentido, Calcaterra considera que la región puede transformarse en una especie de “nuevo Cuyo” hortícola, con foco en la exportación y en la articulación entre producción primaria e industria.
La visión que sostiene el proyecto excede la lógica tradicional del campo como actividad primaria. Calcaterra plantea un modelo integral que combina tierra, tecnología, financiamiento y acceso a mercados, en línea con lo que observa en los principales países exportadores de alimentos.
“La Argentina tiene una salida natural por la vía de la producción y exportación de alimentos, pero necesita agregar valor y ordenar financieramente los proyectos para que sean viables en el tiempo”, sostuvo. Bajo ese enfoque, el grupo proyecta una facturación anual de entre US$50 y US$70 millones solo en el negocio hortícola.
El contexto internacional también juega a favor. La demanda global de alimentos procesados y congelados crece, y en el mercado local el sector viene recibiendo inversiones relevantes de multinacionales. Empresas como Lamb Weston, que inauguró una planta en Mar del Plata con una inversión de US$320 millones, y McCain, que anunció un desembolso de US$100 millones en Balcarce, refuerzan el atractivo del segmento.
La decisión de desprenderse del BiBank fue, según explicó el propio Calcaterra, una respuesta a la concentración del sistema financiero argentino y a la escala de inversión necesaria para competir en ese terreno. La entidad, que había nacido como financiera en 1971 y se transformó en banco en 1976, fue adquirida por el empresario en 2015 y atravesó un proceso de digitalización que incluyó el cambio de nombre y de modelo operativo.

En octubre pasado, Calcaterra vendió su participación al exejecutivo del Citibank Eduardo Savastano. “Fue una buena experiencia, pero el sistema bancario se concentró mucho. Hoy la clave está en la intersección entre lo financiero y lo tecnológico”, explicó.
La venta del banco no implicó una salida total del mundo financiero. Durante la pandemia, Calcaterra lanzó OpenPass, una empresa dedicada a proveer infraestructura tecnológica para billeteras virtuales, adquirencia y sistemas de pago abiertos. En 2022, vendió parte del paquete accionario a Telecom, controlada por el Grupo Clarín.
Actualmente, OpenPass opera en tres verticales principales: farma, a través de Pharmapay; adquirencia, con tecnología homologada por Visa internacional; y transporte, donde desarrolla sistemas de pago abiertos que permiten abonar pasajes con tarjetas o billeteras digitales. La firma ya participa en proyectos en Salta, Tucumán, distintas ciudades de la provincia de Buenos Aires y en países de Centroamérica, y busca expandirse a rubros como retail y energía.
Con el polo hortícola en el sur bonaerense y la plataforma tecnológica en expansión, Calcaterra avanza en un esquema de diversificación que combina producción real, innovación y financiamiento. El empresario sostiene que, en un contexto económico volátil, la clave está en integrar actividades y reducir la dependencia de un solo sector.
La apuesta por Carmen de Patagones sintetiza esa estrategia: aprovechar recursos naturales disponibles, aplicar conocimiento acumulado y estructurar proyectos con una lógica financiera de largo plazo. Un modelo que busca demostrar que el agro, con escala y planificación, puede ser uno de los motores más sólidos para el crecimiento y la inserción internacional de la economía argentina.