Federico Gilardi pasó de jugar al básquet profesional en Italia a liderar un proyecto ganadero con identidad propia en el norte de la Patagonia. El exdeportista regresó a la Argentina en 2014 y, sobre un campo familiar cercano a Viedma, impulsó la creación de Cabaña Don Juan, un emprendimiento que en pocos años logró posicionarse en el circuito regional de la raza Angus, con foco en la genética, la eficiencia productiva y la adaptación a ambientes exigentes.
El proyecto se desarrolla en la provincia de Río Negro, en la zona de General Nicolás Palacios, sobre la traza del Camino 27. Allí, Gilardi encaró desde cero la puesta en marcha del establecimiento: al momento de iniciar la actividad, el campo no contaba con animales ni infraestructura. Ese punto de partida marcó el rumbo de un modelo productivo planificado, que priorizó desde el inicio la inversión en genética y manejo ordenado del rodeo, una decisión poco habitual para emprendimientos que recién comienzan.

Si bien la ganadería formaba parte de la historia familiar, la consolidación de la cabaña fue un proyecto personal. Tras compartir los primeros años de trabajo con familiares, Gilardi quedó al frente del establecimiento y avanzó en la definición de un sistema productivo propio, adaptado a las condiciones del sur argentino y alineado con las demandas del mercado.
La cabaña se formalizó en 2018 con la incorporación de vientres de pedigree y la inscripción oficial bajo el nombre Don Juan. Desde entonces, el programa genético se intensificó con animales puros controlados y pedigree, acompañado por una fuerte apuesta a la transferencia embrionaria como herramienta para acelerar el progreso y ordenar el biotipo buscado. Actualmente, el rodeo está compuesto por un 70% de Angus colorado y un 30% de Angus negro, una combinación que responde tanto a criterios productivos como estratégicos.
El Angus colorado ocupa un lugar central en el planteo. Con menos años de desarrollo genético que el negro, representa —según el enfoque de la cabaña— un terreno fértil para seguir evolucionando. La consolidación de esta variante se refleja en su creciente protagonismo en exposiciones, donde hoy se jura de manera independiente, señal del avance logrado en los últimos años.

En términos de superficie, el establecimiento cuenta con unas 1.000 hectáreas, de las cuales 750 corresponden a chacras y 250 a monte natural. A esa base se suman alrededor de 350 hectáreas adicionales, entre campos propios y alquilados, destinadas principalmente a la producción de forrajes. El sistema se apoya en una integración agrícola-ganadera que permite abastecer de alimento tanto al rodeo de la cabaña como a un encierre propio.
El riego cumple un rol estratégico. El campo se encuentra lindero al canal principal y, en los últimos años, se avanzó en obras de sistematización e incorporación de riego por goteo y pivote, alcanzando unas 85 hectáreas bajo riego. Esa infraestructura permitió estabilizar la producción forrajera y mejorar la eficiencia del sistema, un aspecto clave en una región donde las condiciones climáticas suelen ser desafiantes.
La base alimenticia se sustenta en la producción de maíz y alfalfa, insumos centrales para el esquema de engorde. En promedio, se obtienen entre 800 y 900 toneladas de maíz y alrededor de 600.000 kilos de alfalfa por campaña, que se consumen íntegramente dentro del propio sistema. Esta integración reduce costos, aporta previsibilidad y refuerza el control sobre la calidad de la dieta.
El feedlot del establecimiento maneja unos 400 animales gordos, conformados principalmente por descartes de la selección genética y, en menor medida, por hacienda de invernada adquirida en remates regionales. En términos productivos, los resultados muestran ganancias diarias cercanas a 1,8 kilos con animales propios y conversiones eficientes, mientras que en lotes comprados las ganancias rondan entre 1,1 y 1,2 kilos diarios.

El eje del programa genético es la fertilidad, acompañada por criterios estrictos de selección de madres. El objetivo es producir animales funcionales, capaces de mantenerse y producir en ambientes duros, con monte, suelos quebrados y pasturas de menor calidad. En ese marco, la cabaña apunta a un frame moderado, no superior a 4 o 4,5, evitando tanto animales excesivamente chicos como demasiado grandes.
Ese biotipo se traduce en vacas adultas de entre 450 y 500 kilos, con capacidad para destetar terneros que representen alrededor del 50% de su peso, un indicador clave de eficiencia. Además, permite lograr animales precoces que alcanzan 420 a 450 kilos de peso de faena a los 11 o 12 meses, en línea con las exigencias del mercado interno y la exportación.
La consistencia del trabajo genético comenzó a reflejarse también en los resultados comerciales y en las pistas. Entre los antecedentes destacados figura la obtención de premios en exposiciones regionales y la participación de animales vinculados a líneas genéticas reconocidas a nivel nacional, lo que reforzó la visibilidad del emprendimiento en el circuito ganadero.
Un hito reciente fue el primer remate de reproductores, realizado en octubre de 2025 en la Sociedad Rural de Río Colorado, en conjunto con Cabaña El Tigre, de Walter Ilgner. La subasta marcó el debut comercial de Don Juan en este formato y superó las expectativas en términos de demanda y precios, consolidando el posicionamiento de la cabaña en la región.

El contexto ganadero acompañó ese paso. La firmeza de los valores, explicada por la escasez de vientres y terneros tras varios años de sequía, el mayor protagonismo de los remates como canal comercial y un escenario internacional con demanda sostenida de carne, genera un marco favorable para proyectos enfocados en calidad y eficiencia.
A más de una década de su regreso al país, Gilardi logró trasladar al campo parte de la disciplina, la planificación y la constancia que marcaron su etapa deportiva. El resultado es un proyecto que combina genética de primer nivel, integración productiva y una mirada de largo plazo, en una región donde la adaptación es tan importante como el rendimiento.