Mar Chiquita, el refugio natural de la Costa Atlántica que apuesta al ecoturismo y la biodiversidad

Con más de 26.000 hectáreas protegidas, la Reserva de Biosfera Mar Chiquita combina playa, laguna y conservación, y se consolida como uno de los destinos sostenibles más singulares del país

Mar Chiquita, el refugio natural de la Costa Atlántica que apuesta al ecoturismo y la biodiversidad
martes 06 de enero de 2026

En plena Costa Atlántica bonaerense, lejos del ritmo intenso de los balnearios más concurridos, Mar Chiquita se posiciona como un destino que integra naturaleza, biodiversidad y turismo sostenible. Se trata de un área protegida de más de 26.000 hectáreas, reconocida internacionalmente, que durante el verano atrae a visitantes interesados en experiencias de bajo impacto ambiental, contacto con ecosistemas únicos y propuestas que priorizan la conservación. Su relevancia radica en que demuestra que es posible compatibilizar el disfrute turístico con el cuidado del patrimonio natural.

A diferencia de otros destinos costeros, Mar Chiquita no se define únicamente por sus playas. Su identidad está marcada por la convivencia armónica entre ambientes terrestres y acuáticos, y por una planificación que pone en primer plano el respeto por el entorno. En un contexto donde el turismo de naturaleza gana protagonismo, la reserva se consolida como una alternativa para quienes buscan descanso, silencio y una relación más consciente con el paisaje.

Una laguna costera única en el país

El corazón ambiental de la región es la laguna de Mar Chiquita, un sistema costero excepcional que se extiende de manera paralela al mar y conforma una especie de mar interior. La particularidad de esta laguna radica en la combinación de agua dulce y salada, un fenómeno poco frecuente que da lugar a una extraordinaria diversidad biológica y paisajística.

Este valor ecológico llevó a que el área fuera reconocida como Reserva de Biosfera, una categoría que protege espacios clave para la conservación y promueve el uso responsable de los recursos naturales. La laguna y su entorno funcionan como un sitio estratégico para la fauna, especialmente para las aves: más de 300 especies utilizan este ambiente para alimentarse, reproducirse o descansar durante sus migraciones, lo que convierte a Mar Chiquita en uno de los principales puntos de observación de aves de Argentina.

Mar Chiquita, el refugio natural de la Costa Atlántica que apuesta al ecoturismo y la biodiversidad

Un mosaico de ecosistemas en equilibrio

Uno de los rasgos distintivos de Mar Chiquita es la diversidad de paisajes que conviven en un área relativamente acotada. A lo largo del territorio se alternan playas oceánicas, dunas vivas, dunas vegetadas, praderas húmedas, pastizales halófilos, marismas, bañados y lagunas costeras. Este entramado de ambientes sostiene una rica flora y fauna nativa, y cumple funciones ambientales esenciales, como la regulación hídrica y la protección frente a la erosión costera.

A estos ecosistemas se suman los talares y pastizales pampeanos, que completan el escenario natural y refuerzan la importancia del área como corredor biológico. La interacción dinámica entre estos ambientes explica gran parte del valor ecológico de la reserva y su rol estratégico en la conservación regional.

Ecoturismo y experiencias de bajo impacto

La propuesta turística de Mar Chiquita se apoya en el ecoturismo, entendido como una forma de viajar que minimiza el impacto ambiental y promueve el aprendizaje. Entre las actividades más destacadas se encuentra la observación y fotografía de aves, una práctica que se desarrolla en senderos señalizados y miradores diseñados para evitar alteraciones en el hábitat.

Las caminatas hacia la Boca de la Albúfera, donde la laguna se conecta con el mar, permiten apreciar los cambios de paisaje y comprender el funcionamiento del sistema costero. En sectores habilitados, también es posible realizar kayakismo, siempre bajo pautas estrictas de cuidado ambiental y respeto por la fauna.

La tranquilidad del entorno favorece la contemplación y el descanso. Durante la noche, la baja contaminación lumínica habilita otra experiencia poco habitual en destinos costeros: la observación del cielo y las estrellas, un atractivo que suma valor a la propuesta ecoturística y refuerza el vínculo con la naturaleza.

Mar Chiquita, el refugio natural de la Costa Atlántica que apuesta al ecoturismo y la biodiversidad

Un parque ambiental con enfoque educativo

Dentro del Balneario Parque Mar Chiquita funciona un Parque Ambiental concebido como un espacio de preservación, educación y uso público responsable. El predio cuenta con puntos verdes, juegos construidos con materiales reciclados y áreas parquizadas con flora nativa, pensadas para favorecer a polinizadores y fortalecer los corredores ecológicos locales.

La infraestructura fue diseñada para reducir el impacto sobre el entorno. Miradores, pérgolas y luminarias LED permiten el disfrute del espacio sin alterar los hábitos de la fauna nocturna. Al mismo tiempo, el parque se utiliza como ámbito para actividades educativas y propuestas vinculadas a la transición ecológica, reforzando el rol social de la reserva.

Cómo llegar y planificar la visita

Llegar a Mar Chiquita es sencillo, lo que amplía su atractivo como escapada de verano. Desde la Ciudad de Buenos Aires, el recorrido en automóvil es de aproximadamente 400 kilómetros y puede realizarse en poco más de cuatro horas, utilizando la Autopista Buenos Aires–La Plata, la Ruta Nacional 2 y luego la Ruta Provincial 11, que conduce directamente al partido.

Desde Mar del Plata, el trayecto es aún más corto: unos 30 minutos por la Ruta Provincial 11. Además, existen servicios de transporte de larga distancia que conectan la región con distintos puntos del país, facilitando el acceso a quienes no viajan en vehículo propio.

Un modelo que integra turismo y conservación

Mar Chiquita se consolidó como un ejemplo de cómo el turismo puede convivir con la protección ambiental cuando existe una planificación orientada al largo plazo. La reserva no solo preserva un patrimonio natural de alto valor, sino que también ofrece oportunidades para el desarrollo local a partir de actividades sustentables.

En un escenario donde cada vez más viajeros priorizan destinos responsables, la propuesta de Mar Chiquita invita a bajar el ritmo, observar el entorno y repensar la forma de disfrutar el verano. Su combinación de playa, biodiversidad y conciencia ambiental la convierte en una de las experiencias más singulares de la Costa Atlántica y en un destino donde la ecología no es un complemento, sino el eje central.



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