Las exportaciones argentinas de peras cerraron 2025 con un resultado inferior al que proyectaban productores y exportadores, luego de un inicio de temporada marcado por el optimismo y un crecimiento sostenido de los envíos. A lo largo del año, el sector pasó de registrar incrementos cercanos al 10% interanual a enfrentar una fuerte contracción en el último trimestre, producto de la escasez de fruta en cámaras frigoríficas y de deficiencias en la planificación comercial, un desenlace que volvió relevante el debate sobre la gestión de stocks y la necesidad de mejorar la información disponible.
En términos globales, durante todo el año pasado se exportaron poco más de 338.000 toneladas de peras, lo que implicó una caída interanual del 1,5%. Si bien el volumen final se ubicó levemente por encima del promedio de los últimos cinco años, el dato quedó lejos de las expectativas que dominaban al sector a comienzos de la campaña, cuando se estimaba un crecimiento significativo en las colocaciones externas.

El contraste entre las proyecciones iniciales y el resultado final es uno de los elementos centrales para entender lo ocurrido en 2025. Durante el primer trimestre, las exportaciones crecían cerca del 10% interanual, impulsadas por una buena respuesta de los mercados y una dinámica comercial fluida. En el segundo trimestre, aunque el ritmo se moderó, los envíos continuaron avanzando entre el 8% y el 9%, reforzando la percepción de que el año cerraría con un balance claramente positivo.
Ese desempeño alentó decisiones comerciales más agresivas. Muchas empresas reforzaron compromisos con clientes externos, proyectaron ventas para la segunda mitad del año y asumieron que la disponibilidad de fruta almacenada permitiría sostener los despachos hasta el cierre de la temporada. En las principales zonas productoras del Valle de Río Negro y Neuquén, la lectura dominante era que el negocio de la pera comenzaba a dejar atrás varios años de resultados ajustados.

Sin embargo, a partir del tercer trimestre comenzaron a aparecer señales de desaceleración. En ese período, el crecimiento interanual de las exportaciones se redujo a alrededor del 2%, un dato que, si bien todavía era positivo, marcaba un cambio de tendencia respecto de los meses previos. Para algunos actores del sector, ese momento requería una revisión de las proyecciones y un ajuste de las estrategias comerciales, algo que no ocurrió de manera generalizada.
El punto de quiebre llegó en el último trimestre del año. Desde octubre, los envíos al exterior se desplomaron y terminaron arrastrando el resultado anual a terreno negativo. La principal explicación fue la rápida caída de los stocks de peras en frío, que dejó a muchas empresas sin producto suficiente para cumplir con los envíos programados. Las cámaras frigoríficas de la región mostraron niveles de disponibilidad muy inferiores a los previstos, obligando a reducir volúmenes e incluso a cancelar operaciones.
Este problema expuso una debilidad estructural del negocio exportador: la falta de estadísticas confiables y actualizadas sobre los stocks disponibles. Sin información precisa, las decisiones comerciales se tomaron sobre supuestos que no se cumplieron, generando un descalce entre los compromisos asumidos y la capacidad real de abastecimiento. El impacto no fue solo en los volúmenes exportados, sino también en la relación con algunos clientes externos, que vieron alterada la regularidad de los envíos.
Mientras los volúmenes decepcionaban, los precios ofrecieron una señal positiva. A lo largo de 2025, el valor FOB promedio de las peras exportadas se ubicó en torno a los 0,83 dólares por kilo, lo que representó un incremento interanual del 8%. Además, el precio superó en alrededor del 4% el promedio de la última década, reflejando una combinación de buena demanda externa y menor oferta en el tramo final del año.

El repunte de los precios benefició especialmente a las pocas empresas que lograron mantener stocks hasta el cierre de la temporada. Para esos actores, el final de 2025 resultó más favorable en términos de rentabilidad, aunque el efecto no alcanzó para compensar el desempeño general del sector, condicionado por la caída de los volúmenes exportados.
Otro elemento relevante que dejó el año fue el cambio en la matriz de destinos de la pera argentina. En la última década se consolidó una mayor concentración de las exportaciones en Brasil, que incrementó sus compras en cerca de 50.000 toneladas y hoy representa una porción cada vez más significativa del total exportado. Si bien el volumen global de 2025 fue superior al de una década atrás, la dependencia del mercado brasileño se volvió más marcada.
En contraste, algunos destinos tradicionales mostraron retrocesos sostenidos, mientras que Estados Unidos registró un crecimiento moderado. Al mismo tiempo, México comenzó a ganar relevancia como mercado emergente, con un aumento de más de 10.000 toneladas en sus importaciones, lo que abre una oportunidad para diversificar riesgos en el mediano plazo.
La mayor concentración en un solo mercado plantea desafíos estratégicos. Brasil es un socio clave por cercanía y volumen de consumo, pero una dependencia excesiva expone al sector a eventuales cambios en las condiciones comerciales, sanitarias o macroeconómicas de ese país, con impacto directo sobre toda la cadena productiva.

El balance final de 2025 deja un escenario ambiguo. Desde el punto de vista de los precios, el año puede considerarse positivo. Desde la óptica del volumen exportado, la planificación y la gestión de información, el resultado fue claramente inferior a lo esperado. Lo ocurrido volvió a poner en el centro de la agenda la necesidad de fortalecer los sistemas de estadísticas, mejorar el seguimiento de stocks y profesionalizar la toma de decisiones comerciales.
De cara a las próximas campañas, el desafío para el sector frutícola será capitalizar la demanda externa y los mejores precios sin repetir los errores de planificación que marcaron el cierre de 2025. Evitar que se repita un escenario de expectativas altas y resultados frustrantes dependerá, en buena medida, de contar con información más precisa y de una estrategia exportadora alineada con la disponibilidad real de fruta.