Un empresario ruso con más de dos décadas de vínculo con la agricultura argentina volvió al país en diciembre de 2025 con un objetivo concreto: profundizar la relación comercial y tecnológica que permitió llevar maquinaria de siembra directa desarrollada en la Argentina a los campos del sur de Rusia y Kazajistán, una región clave para la producción de granos. Se trata de Alexander Belov, economista nacido en Moscú, quien desde 2006 está ligado a la producción agropecuaria y hoy se convirtió en uno de los principales difusores de tecnología agrícola argentina en Europa del Este. La historia resulta relevante porque muestra cómo el conocimiento productivo local trasciende fronteras y se integra en sistemas agrícolas de gran escala.
Durante su última visita, Belov recorrió el polo metalmecánico de Santa Fe y mantuvo reuniones con fabricantes de maquinaria, técnicos y productores. Según explicó, el eje de su interés sigue siendo la sembradora argentina para siembra directa, un desarrollo que, a su entender, no tiene reemplazo en otros mercados por su adaptación a distintos suelos y su eficiencia operativa. “Vinimos a ver cómo podemos reanudar el trabajo con la maquinaria agrícola, en especial la sembradora argentina”, señaló Belov en declaraciones recogidas por La Nación.
Formado originalmente en el mundo de las finanzas, Belov aclaró que no proviene de una familia agrícola ni se considera un productor tradicional. Sin embargo, en 2006 decidió asociarse con un grupo de amigos y comenzar a gestionar explotaciones agrícolas en la región de Krasnodar, en el sur de Rusia, y en el norte de Kazajistán. Actualmente, ese grupo administra alrededor de 6.000 hectáreas, con un equipo reducido de menos de diez personas, apoyado en un alto nivel de mecanización.

El empresario explicó que el nivel tecnológico en Rusia es heterogéneo. Mientras algunos productores del sur alcanzan rindes de hasta 100 quintales de trigo por hectárea, otros se mantienen en niveles mucho más bajos. “No buscamos récords productivos, buscamos rentabilidad”, afirmó Belov a La Nación, al detallar que en la última campaña la soja mostró mejores márgenes que el trigo, cultivo que en muchos casos resultó deficitario.
El vínculo con la industria metalmecánica argentina comenzó en 2007, cuando adquirió sus primeras máquinas para uso propio. El buen desempeño de esos equipos lo llevó, con el tiempo, a convertirse también en distribuidor. Entre las empresas con las que mantiene relación comercial se encuentra la firma Super Walter, radicada en Las Parejas, con la que desarrolló un trabajo sostenido a lo largo de los años. “La sembradora argentina para siembra directa no la podemos sustituir por otra de otro país”, aseguró Belov en diálogo con La Nación.

Más allá de la afinidad tecnológica, el empresario reconoció que el contexto económico plantea desafíos crecientes. Entre 2007 y 2013, la maquinaria argentina contaba con una ventaja clara frente a competidores europeos o estadounidenses, pero esa diferencia se fue reduciendo. “Hoy los precios son muy parejos; incluso los fabricantes brasileños venden más barato”, advirtió, al tiempo que mencionó las dificultades logísticas y financieras para concretar operaciones comerciales, especialmente en un escenario sin acceso al sistema Swift y con rutas marítimas más complejas.
A pesar de esas limitaciones, decenas de equipos argentinos lograron llegar a Rusia en los últimos años, entre ellos pulverizadoras, embolsadoras y cabezales para cosechadoras. En algunos rubros, como la silobolsa, la industria nacional perdió participación frente a competidores asiáticos por cuestiones de precio, aunque Belov destacó que la calidad sigue siendo un diferencial.

En paralelo, el empresario comparó el marco de políticas públicas entre ambos países. En Rusia, el gobierno eliminó en diciembre de 2025 los derechos de exportación al trigo, que habían sido implementados en 2021 bajo un esquema de retenciones móviles para estabilizar los precios internos. “Fue un debate rápido y se resolvió a favor del productor”, explicó Belov a La Nación. La medida buscó aliviar la rentabilidad de un sector que, si bien alcanzó récords de producción, enfrenta márgenes ajustados.
Según datos oficiales citados en ese contexto, Rusia registró en la última campaña una cosecha de 91 millones de toneladas de trigo, con exportaciones récord de 58 millones de toneladas y un rinde promedio de 34 quintales por hectárea. El girasol alcanzó una producción de 18 millones de toneladas, mientras que la soja logró un volumen récord cercano a los 9 millones de toneladas, con márgenes que rondan el 30%.

Belov también resaltó que en su país el Estado subsidia hasta el 70% de la tasa de interés para proyectos de inversión seleccionados, un esquema que, según indicó, facilita la incorporación de tecnología. Aun así, sostuvo que existe un punto de contacto cultural entre el productor ruso y el argentino. “El productor está en un estado de constante incertidumbre. Si llueve o no llueve, si hay crédito o no hay crédito. Es algo universal”, reflexionó en declaraciones a La Nación.
Durante su visita, el empresario recordó su viaje anterior en 2022, cuando la Argentina atravesaba una fuerte sequía. En contraste, señaló que hoy percibe un mayor optimismo en el sector. “La recuperación es un milagro agrícola. El productor, el agrónomo, el contratista, ese es el verdadero activo del país”, afirmó Belov, según consignó La Nación, al destacar el rol estratégico del agro en la economía nacional.

Finalmente, comparó los indicadores macroeconómicos de ambos países. Mientras Rusia cerró 2025 con una inflación del 6% y una tasa de interés del 16%, la volatilidad argentina le resulta difícil de comprender. “Nosotros estamos en guerra y la Argentina está en paz. Algo no me cierra”, expresó Belov en diálogo con La Nación, al subrayar el contraste entre contextos políticos y resultados económicos.
La experiencia de Belov refleja cómo la innovación agrícola argentina logró posicionarse en mercados exigentes y distantes, y cómo el conocimiento productivo local se convirtió en una referencia técnica para sistemas agrícolas de gran escala, más allá de las fronteras nacionales.