La oposición al acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur volvió a ampliarse este jueves en Europa, luego de que Hungría e Irlanda confirmaran que votarán en contra del tratado negociado entre Bruselas y los países sudamericanos, al considerar que el pacto perjudica a los agricultores europeos. El posicionamiento resulta relevante porque complica el camino político del acuerdo, cuya firma está prevista para los próximos días y que es clave para el futuro de las relaciones económicas entre ambos bloques.
El anuncio de Hungría fue realizado por su ministro de Asuntos Exteriores, Péter Szijjártó, quien acusó a la Comisión Europea de impulsar un tratado que, a su criterio, expone a Europa a una mayor competencia agrícola sin mecanismos de protección suficientes. “La Comisión Europea está presionando para adoptar y aplicar un acuerdo que abriría Europa a las importaciones ilimitadas de productos agrícolas sudamericanos, a expensas del sustento de los agricultores húngaros”, afirmó el funcionario, según consignó Infobae.
Szijjártó sostuvo que el Gobierno de Viktor Orbán se opone al acuerdo porque Bruselas “ignora una vez más” los intereses del sector agrícola y prioriza otros objetivos geopolíticos. En un mensaje difundido en redes sociales, el canciller húngaro cuestionó además que la Unión Europea concentre su atención en la guerra en Ucrania, mientras —según su visión— desatiende los problemas económicos internos que afectan a los productores europeos.
El primer ministro húngaro ya había anticipado su postura el 18 de diciembre, cuando calificó la eventual aprobación del acuerdo con el Mercosur como “un tiro en el pie” para los agricultores del bloque comunitario. Orbán sostuvo entonces que el sector rural “tiene razón en un 100%” al rechazar el tratado y vinculó su malestar no solo al acuerdo comercial, sino también a las exigencias ambientales del Pacto Verde Europeo (Green Deal), que, según afirmó, incrementan los costos de producción.
A la posición de Hungría se sumó este jueves Irlanda, cuyo viceprimer ministro, Simon Harris, confirmó que su país también votará en contra del acuerdo. “La posición del gobierno irlandés sobre Mercosur siempre ha sido clara: no apoyamos el acuerdo en la forma en que fue presentado”, señaló Harris en un comunicado oficial. “Votaremos en contra del acuerdo”, añadió, en referencia al tratado entre la Unión Europea y Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, cuya firma está prevista para el lunes.
Con la incorporación de Irlanda, ya son cuatro los países europeos que manifestaron formalmente su rechazo: Francia, Polonia, Hungría e Irlanda. Estas objeciones reflejan la creciente presión política que enfrenta la Comisión Europea por parte de los sectores agrícolas, que denuncian una competencia desleal y cuestionan los estándares ambientales y sanitarios de los productos sudamericanos.
Desde Bruselas, el propio comisario europeo de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, reconoció que el acuerdo todavía presenta “cuestiones abiertas”. El funcionario admitió que los 27 Estados miembros mantienen diferencias respecto de las salvaguardias para proteger a los agricultores europeos, un punto central del debate que deberá resolverse antes de la votación final. Según indicó, la discusión se concentra en los mecanismos para evitar distorsiones de mercado y en los límites a determinadas importaciones sensibles.
La resistencia política al acuerdo se da en paralelo a una ola de protestas agrícolas en distintos países europeos. En Francia, uno de los principales opositores al tratado, un centenar de tractores logró ingresar en la noche del miércoles a París, pese a los controles policiales, para manifestarse contra el pacto con el Mercosur y contra la gestión de la crisis de la dermatosis nodular contagiosa (DNC) que afecta al ganado.
Las protestas, organizadas por sindicatos del sector como la Federación Nacional de Sindicatos de Explotadores Agrícolas (FNSEA) y la Coordinación Rural, se desplegaron en puntos emblemáticos de la capital francesa, entre ellos las inmediaciones de la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo y la Puerta de Auteuil. El Ministerio del Interior francés informó que alrededor de un centenar de tractores logró acceder a la ciudad y criticó a los manifestantes por forzar algunos controles de seguridad.
Las acciones no se limitaron a París. Agricultores franceses también realizaron bloqueos en otras regiones del país, en especial en las afueras de Burdeos, donde desde el miércoles permanecían cerrados depósitos de combustible en la zona de Bassens. Las organizaciones rurales advirtieron que las medidas podrían profundizarse si el Gobierno francés no mantiene una postura firme contra el acuerdo.
El trasfondo del conflicto es el temor de los productores europeos a una mayor apertura del mercado comunitario a productos agroindustriales del Mercosur, en particular carne bovina, azúcar, etanol y granos, que podrían ingresar a precios más competitivos. Los agricultores sostienen que las exigencias ambientales, sanitarias y laborales que rigen en la Unión Europea no se aplican con el mismo rigor en Sudamérica, lo que generaría una competencia desigual.
Desde el Mercosur, en cambio, los gobiernos defienden el acuerdo como una oportunidad estratégica para ampliar exportaciones, atraer inversiones y consolidar una asociación de largo plazo con uno de los principales bloques económicos del mundo. Para países como la Argentina y Brasil, el tratado representa una vía para diversificar mercados y mejorar el acceso de productos industriales y agroindustriales al mercado europeo.

Sin embargo, el escenario político europeo aparece cada vez más fragmentado. La necesidad de consensos amplios dentro de la Unión Europea, sumada a las presiones internas de los sectores rurales y a la proximidad de elecciones en varios países, introduce un alto grado de incertidumbre sobre los tiempos y las condiciones finales del acuerdo.
Según informó Infobae, la Comisión Europea continúa negociando ajustes y garantías adicionales para destrabar la aprobación del tratado, aunque reconoce que el proceso enfrenta obstáculos significativos. Mientras tanto, el rechazo explícito de más Estados miembros refuerza la idea de que el acuerdo UE-Mercosur, negociado durante más de dos décadas, aún está lejos de convertirse en una realidad plenamente aceptada dentro del bloque europeo.