Argentina está a un paso de convertirse en el primer país del Mercosur en ratificar el acuerdo comercial Mercosur-UE, luego de que el Senado obtuviera dictamen favorable y la votación quedara prevista para las próximas semanas. La senadora Patricia Bullrich anunció el 17 de febrero que el tratado ya está en condiciones de ser tratado en el recinto. De aprobarse, el país avanzará en la integración a una zona de libre comercio que abarca más de 700 millones de personas y elimina más del 90% de los aranceles bilaterales, un movimiento que impactará de manera directa en la estrategia de las pymes.
El acuerdo fue firmado el 17 de enero en Asunción tras 26 años de negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea. Según un informe de Deloitte Econosignal, la reducción del arancel efectivo implicaría que el Mercosur pase de un promedio del 11% al 1% en su implementación plena, con un potencial incremento del intercambio comercial cercano al 40% en el largo plazo.

“Estamos a un paso de que la Argentina sea el primer país en aprobarlo y formar parte del acuerdo comercial más grande del mundo y uno de los más importantes de nuestra historia”, afirmó Bullrich.
El avance legislativo se produce en un contexto en el que el empresariado pyme concentra su agenda en la gestión interna. Una encuesta reciente de Adiras indica que el 65% de los principales ejecutivos de pymes modificó sus prioridades y que más del 70% considera que los factores externos dejaron de ser el principal desafío. Sin embargo, la eventual ratificación introduce una variable estratégica de largo plazo que obligará a reordenar planes.
El tratado no solo implica reducción de aranceles. También incorpora compromisos en materia de medidas sanitarias, barreras técnicas, propiedad intelectual, compras públicas, comercio digital y desarrollo sostenible, lo que exige a las empresas fortalecer sus sistemas de gestión y compliance.
Fernando Landa, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), advirtió en una nota publicada por Forbes que el riesgo de no avanzar es quedar en desventaja frente a otros socios del bloque. “Si no avanzamos en este camino, los otros socios de Mercosur estarán mejor posicionados para aprovechar los beneficios del acuerdo”, sostuvo. Desde la entidad actualizaron la Estrategia Nacional Exportadora con 248 propuestas vinculadas a logística, financiamiento y facilitación de comercio.
El desafío central para las pymes no estará solo en el acceso arancelario, sino en el cumplimiento de estándares europeos. Pablo A. Pirovano, socio fundador de PASBBA Abogados y presidente de FORES, señaló que “el soporte de las cámaras empresariales, de las agencias de promoción, los bancos y adecuados instrumentos de garantía será trascendental para que muchas pymes no queden afuera pese a la preferencia arancelaria”.

En la misma línea, Paula Cortijo, CEO de Transparencia Latam, remarcó que el acceso a negocios internacionales exige evidencia verificable en derechos humanos, estándares laborales, medioambiente y anticorrupción. “El acceso a negocios no se define solo por precio, calidad o capacidad productiva. Se define por una nueva métrica: evidencia auditable sobre los cuatro ejes centrales de debida diligencia en cadena de valor”, afirmó.
La apertura también impactará en el mercado doméstico. El Mercosur liberalizará cerca del 90% de sus importaciones desde la Unión Europea en un horizonte aproximado de diez años, lo que habilitará una competencia gradual en bienes industriales y de consumo.
El informe de Deloitte incluye mecanismos de salvaguardia ante aumentos imprevistos de importaciones que puedan generar daño a sectores productivos. No obstante, especialistas coinciden en que la adaptación será clave.
Mauricio Rampone, director ejecutivo de Ucema Pymes, planteó que el contexto obliga a revisar modelos de negocio. “El empresario pyme ya entendió que la época en que el precio lo fijaba aplicando un margen a sus costos ya no corre más. Para poder competir y vender deberá estudiar el mercado y revisar sus costos. La apertura comercial continuará. Por lo tanto, los sectores exportadores podrán aumentar sus ventas mientras que los afectados por las importaciones continuarán vulnerables”, señaló.
En industria, el foco estará puesto en productividad, automatización y eficiencia energética. En servicios e IT, la prioridad será la gestión del margen por cliente, la profesionalización del pricing y la diferenciación.
Alejandro Bertin, secretario de Monapy, subrayó la necesidad de concentrarse en lo controlable: “El entorno —reforma laboral, impositiva, acuerdos comerciales— en nada se puede influir. Por lo tanto, hay que concentrarse en aquellas áreas donde sí se pueden generar acciones concretas”.
El recorrido institucional del acuerdo no concluye con la ratificación argentina. El tratado avanza en dos instrumentos: el Acuerdo de Comercio Interino (iTA), que requiere aprobación del Parlamento Europeo, y el Acuerdo de Asociación Mercosur-UE (EMPA), que debe ser ratificado por los 27 parlamentos nacionales de la UE. Una moción aprobada en Estrasburgo cuestionó aspectos jurídicos del texto, lo que podría extender los plazos.

La desgravación será gradual, con plazos que van desde la entrada en vigor inmediata para algunos productos hasta 15 años para los más sensibles. Ese margen temporal abre una ventana para que las empresas ajusten sus estructuras.
En un escenario de reformas internas y redefinición de estrategias empresariales, el acuerdo Mercosur-UE introduce una dimensión estructural. Para las pymes, el desafío será equilibrar la agenda cotidiana con una preparación que les permita competir bajo estándares internacionales y aprovechar la ampliación de mercados.