La inteligencia artificial llegó a la gastronomía argentina de la mano de Gonzalo Almada Massey, un chef con casi tres décadas de trayectoria que decidió integrar algoritmos al proceso creativo y operativo de la cocina. La iniciativa, que comenzó como una experiencia personal hace dos años, hoy se traduce en capacitaciones, desarrollos regionales y propuestas innovadoras que recorren distintas provincias, con impacto directo en la formación profesional, la eficiencia productiva y la diversificación de los platos.
Almada Massey, de 49 años, se formó desde joven en el oficio gastronómico y construyó su carrera entre la Argentina y España. Radicado en Necochea desde comienzos de los 2000, el cocinero observó con anticipación la necesidad de adaptar la actividad a nuevas herramientas tecnológicas. En ese contexto, empezó a experimentar con IA aplicada a la cocina, una decisión que hoy lo posiciona como uno de los referentes del cruce entre tecnología y gastronomía.
El proyecto se apoya en una premisa clara: la IA no reemplaza al cocinero, sino que amplía sus posibilidades. A través del procesamiento de datos —ingredientes disponibles, costos, tiempos de cocción, perfiles regionales y combinaciones posibles—, los algoritmos permiten optimizar recursos y liberar tiempo para el trabajo creativo. “Facilita el cálculo de costos y deja más margen para el proceso”, explicó Almada Massey, según informó La Nación.

El primer paso fue puertas adentro. El chef comenzó a aplicar estas herramientas en sus propias cocinas, especialmente en un hotel cuatro estrellas de Necochea, donde el margen para experimentar es mayor. Allí, la IA se utiliza para diseñar platos especiales, ajustar porciones, reducir desperdicios y explorar presentaciones novedosas. Con resultados positivos, la experiencia se amplió al trabajo con colegas y al ámbito gremial.
El impulso institucional llegó a través de la articulación con el sector gastronómico organizado. A partir del interés generado, se pusieron en marcha capacitaciones destinadas a cocineros de distintas edades y trayectorias. La aceptación fue transversal: desde jóvenes profesionales hasta chefs con años de oficio comenzaron a incorporar estas herramientas en su rutina diaria, generando recetas originales y procesos más eficientes.

Las capacitaciones debutaron en Paraná, donde se dictó el primer curso formal de cocina asistida por inteligencia artificial. Allí, la tecnología fue utilizada para diseñar platos a partir de productos regionales, combinando información nutricional, disponibilidad local y preferencias del público. El resultado fue una serie de preparaciones que lograron aceptación tanto técnica como comercial.
Uno de los ejes centrales del trabajo de Almada Massey es la revalorización de los insumos regionales. Cada experiencia parte de una cartilla de productos locales —en especial, pescados y mariscos, su especialidad— y de un relevamiento de proveedores de la zona. Con esos datos, se alimenta el sistema de IA, que propone combinaciones, técnicas y variantes posibles. Luego, el chef y su equipo evalúan, ajustan y deciden qué platos avanzan a la etapa de prueba.
El proceso no es automático ni lineal. La IA también propone opciones que no siempre se adaptan al paladar local o a la identidad buscada. Sin embargo, ese ensayo y error cumple una función clave: activar nuevas ideas. “La IA cocina con datos, pero el sentimiento lo ponemos los humanos”, remarcó el chef, al destacar que la decisión final siempre está en manos del equipo de cocina.

Un ejemplo de esta dinámica se dio en Santiago del Estero, donde surgió un plato que inicialmente generó dudas: un chivito deshuesado relleno con pasta de merluza y langostinos. La propuesta, sugerida por el sistema, fue ajustada por los cocineros y finalmente incorporada al menú tras una recepción positiva del público. El caso se convirtió en un símbolo del potencial de la tecnología para ampliar horizontes sin perder identidad.
En Paraná, durante el lanzamiento de las capacitaciones, la IA colaboró en la creación de un plato bautizado “Hijos del agua”: filet de dorado con salsa de langostinos y mejillones, acompañado por una reducción de palta sobre una galleta de chicharrón de chorizo entrerriano. La experiencia incluyó además el maridaje con un vino blanco frutado de producción local, integrando gastronomía y economía regional.
El alcance del proyecto se amplió aún más con la creación de una cocina móvil, desarrollada junto a un socio, que permite trasladar las experiencias a distintos puntos del país. Con este formato, Almada Massey y su equipo realizaron preparaciones en espacios no convencionales, como un catamarán sobre el río Paraná, demostrando que la gastronomía profesional puede adaptarse a múltiples contextos sin perder calidad.
Desde el punto de vista productivo, los beneficios son concretos. La aplicación de inteligencia artificial permite reducir tiempos de cocción, optimizar compras, disminuir desperdicios y mejorar la planificación. En un sector donde los márgenes suelen ser ajustados, estas mejoras tienen impacto directo en la rentabilidad y la sostenibilidad de los emprendimientos gastronómicos.
El chef también destaca el valor de la formación continua. A través de grupos de intercambio profesional y redes de trabajo colaborativo, se comparten experiencias, resultados y oportunidades laborales. La tecnología, en este esquema, funciona como un puente que conecta saberes tradicionales con nuevas herramientas, sin desplazar el rol central del oficio.
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De cara al futuro, Almada Massey proyecta expandir las capacitaciones y profundizar el uso de IA como aliada estratégica de la gastronomía argentina. La apuesta no es solo tecnológica, sino cultural: incorporar innovación sin perder identidad, fortalecer las economías regionales y preparar a los cocineros para un escenario en el que los datos y la creatividad conviven en la misma cocina.
La experiencia demuestra que la inteligencia artificial no es exclusiva de laboratorios o grandes empresas. También puede encontrar su lugar entre ollas, cuchillos y fuegos, redefiniendo procesos y abriendo nuevas posibilidades para una gastronomía que busca adaptarse a los tiempos sin resignar su esencia.