La cebada argentina cerró la campaña 2025/26 con una producción histórica de 5,4 millones de toneladas, consolidándose como uno de los pilares del ciclo agrícola récord que atraviesa el país. El dato, confirmado tras el cierre de la cosecha, resulta relevante porque se suma al desempeño excepcional del trigo y refuerza las proyecciones que ubican a la producción total de granos por encima de los 150 millones de toneladas, un umbral que Argentina podría superar por primera vez.
El avance final de la cosecha se completó durante las últimas semanas, con algunos lotes remanentes en el centro y sur de la provincia de Buenos Aires que no alteraron la estimación total. Los resultados superaron las previsiones iniciales gracias a rindes más altos de lo esperado en el tramo final de la recolección, lo que permitió ajustar al alza el volumen total producido y marcar un nuevo máximo en la serie estadística.

Según los registros de la campaña, el rinde promedio nacional se ubicó en 46,6 quintales por hectárea, un nivel que representa un 19% más que el obtenido en la campaña anterior y un 14% por encima del promedio de los últimos cinco años. Este desempeño no solo confirma a la 2025/26 como la mejor campaña de cebada de la última década, sino que también la posiciona como la más alta desde que existen registros comparables, superando el anterior máximo de 5,2 millones de toneladas alcanzado en 2021/22.
El crecimiento de la cebada cobra especial relevancia en un contexto donde la atención del mercado y del sector productivo estuvo concentrada principalmente en el trigo, otro cultivo de invierno que atraviesa una campaña excepcional. Sin embargo, el aporte de la cebada resulta clave para explicar la magnitud del ciclo agrícola actual, ya que combina expansión productiva, estabilidad de rindes y una fuerte integración con las cadenas de valor industriales y exportadoras.
En paralelo, el trigo avanza hacia el cierre definitivo de su cosecha con el 98,5% del área ya recolectada. Los resultados siguen confirmando una campaña sin precedentes, con un rinde promedio nacional de 43,4 quintales por hectárea, aunque con una marcada variabilidad regional, especialmente en el sur del área agrícola, donde los valores oscilaron entre 25 y 60 qq/Ha. Esta heterogeneidad no impidió que la producción total se proyectara en 27,8 millones de toneladas, una cifra histórica que incluso podría incrementarse levemente una vez concluidos los últimos lotes.
El desempeño conjunto de cebada y trigo consolida un escenario favorable para los cultivos de invierno, que lograron capitalizar condiciones climáticas mayormente adecuadas y un manejo agronómico eficiente. Este resultado no solo impacta en el volumen total de granos disponibles, sino también en la rotación de cultivos, la planificación de la campaña gruesa y las expectativas económicas de las regiones productoras.

Mientras tanto, los cultivos de verano avanzan con un desarrollo dispar, condicionado por la disponibilidad hídrica. En el caso de la soja, la siembra alcanzó el 88,3% del área nacional prevista, con mayores demoras en el norte del país debido a excesos hídricos. A pesar de ello, el 85% del área implantada presenta una condición hídrica Óptima o Adecuada, un indicador positivo de cara a las etapas críticas del cultivo. En los lotes de soja de primera, un 10% ya ingresó en plena floración (R2), fase que requerirá nuevas precipitaciones para sostener el potencial de rendimiento.
La soja de segunda, en tanto, cubre el 84% de la intención de siembra y transita mayoritariamente etapas vegetativas, con una evolución considerada normal para la época. La atención del sector se centra ahora en la evolución climática de las próximas semanas, clave para definir los rindes finales.
El maíz también muestra un alto grado de avance en la implantación, con el 89,1% del área nacional ya sembrada. El maíz temprano avanza en su desarrollo y el 68,8% del área se encuentra atravesando el período crítico (VT–R1). En regiones como el Centro-Este de Entre Ríos, incluso, un 27% del área relevada ya alcanzó estadios de madurez fisiológica, reflejando un desarrollo adelantado respecto de campañas previas.
Sin embargo, no todo el panorama es homogéneo. En el Norte de La Pampa y Oeste de Buenos Aires, la falta de precipitaciones de las últimas semanas comenzó a impactar en la condición hídrica de los lotes, con los primeros signos de deterioro en algunos cultivos. Este factor introduce un elemento de cautela en las proyecciones de rinde para esas zonas.
El girasol, por su parte, inició su cosecha con el 11,1% del área apta recolectada, principalmente en la provincia de Entre Ríos. El rinde promedio se ubica en 22,7 quintales por hectárea, superando los valores medios históricos para esta altura del ciclo. No obstante, la escasez de lluvias redujo el área bajo condición hídrica Adecuada/Óptima, lo que obliga a un seguimiento cercano del cultivo.
Una porción significativa del girasol aún en pie transita etapas reproductivas, con una elevada demanda de humedad debido al importante desarrollo foliar. Aunque la condición general del cultivo se mantiene entre Normal y Excelente en el 100% del área, la necesidad de nuevos aportes hídricos en el corto y mediano plazo será determinante para sostener el potencial de rendimiento.
En este contexto general, la campaña 2025/26 se perfila como un hito productivo para la agricultura argentina. El récord de la cebada, sumado al desempeño histórico del trigo y a la evolución de los cultivos de verano, configura un escenario de alta producción que tendrá impacto tanto en el abastecimiento interno como en la oferta exportable. La magnitud del volumen proyectado refuerza el rol del sector agropecuario como uno de los principales motores económicos del país y plantea nuevos desafíos en materia de logística, comercialización y sostenibilidad productiva.