Rescatan uvas criollas argentinas y avanzan en su validación para vinos de alta calidad

Un trabajo conjunto de INTA y CREA estudia 20 variedades locales con potencial enológico para diversificar la vitivinicultura argentina

Rescatan uvas criollas argentinas y avanzan en su validación para vinos de alta calidad
domingo 11 de enero de 2026

Un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en articulación con los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), avanza desde hace más de 15 años en la identificación, preservación y caracterización enológica de uvas criollas argentinas, con el objetivo de integrarlas de manera sostenida a la elaboración de vinos de calidad. El trabajo se desarrolla principalmente en Mendoza, donde se concentra la mayor colección de estas variedades del Hemisferio Sur, y busca aportar diversidad, identidad y valor agregado a la vitivinicultura nacional.

La investigación se enfoca actualmente en 20 variedades criollas que demostraron un desempeño destacado desde el punto de vista agronómico y enológico. El interés por estos materiales responde a una tendencia creciente dentro del sector vitivinícola: recuperar cepajes con genética local, adaptados históricamente a los ambientes productivos argentinos, capaces de ofrecer perfiles sensoriales diferenciados y alternativas frente a un mercado dominado por variedades internacionales.

Rescatan uvas criollas argentinas y avanzan en su validación para vinos de alta calidad

Las uvas criollas son el resultado de cruces naturales ocurridos desde la época colonial entre especies europeas y americanas. Durante décadas ocuparon un lugar central en los viñedos del país, pero con el correr del tiempo fueron desplazadas por cepas más demandadas por el mercado externo, como Malbec, Cabernet Sauvignon, Chardonnay o Merlot. Sin embargo, el nuevo escenario del vino, con consumidores atentos al origen y a la identidad, volvió a ponerlas en foco.

El núcleo de este trabajo se encuentra en la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza, ubicada en Luján de Cuyo, donde el INTA conserva una colección de más de 70 variedades criollas y sus parentales, rescatadas de viñedos antiguos distribuidos en distintas regiones vitivinícolas del país. Lejos de limitarse a la conservación, los investigadores analizan el comportamiento productivo, la sanidad, el rendimiento y, especialmente, la calidad de la uva y del vino obtenido.

Desde el organismo definen a estas variedades como un “patrimonio genético local”, no solo por su origen, sino por su potencial estratégico para el futuro del sector. En ese marco, el convenio firmado con CREA busca profundizar los ensayos y acelerar la transferencia de resultados hacia productores y bodegas, promoviendo alternativas enológicas viables y sostenibles.

Rescatan uvas criollas argentinas y avanzan en su validación para vinos de alta calidad

El proceso de caracterización es integral. Incluye estudios fenológicos —como fechas de brotación, floración y madurez—, evaluaciones de rendimiento y análisis químicos detallados. Se examinan parámetros como acidez, azúcares, compuestos aromáticos y fenoles, tanto en la uva como en los vinos elaborados de manera experimental. A esto se suma el análisis sensorial, una instancia clave para definir el perfil enológico y el potencial comercial de cada variedad.

De las 20 uvas seleccionadas, 11 son blancas, 4 tintas y 5 rosadas, una diversidad que abre un amplio abanico de estilos posibles. Los vinos se elaboran en la bodega experimental del INTA, ubicada dentro de la estación de Luján de Cuyo, lo que permite controlar todas las etapas del proceso y obtener información precisa y comparable entre campañas.

La articulación con el sector productivo es uno de los pilares del proyecto. Un caso emblemático es el de la familia Niven, productores del Este mendocino, en el departamento de San Martín, donde se conservan viñedos centenarios de uvas criollas. Allí, la investigación se tradujo en vinos concretos que hoy buscan posicionarse en el mercado, demostrando que estos materiales pueden competir en calidad y originalidad.

Desde el INTA destacan que uno de los principales desafíos fue revertir la percepción histórica negativa sobre las criollas, asociadas durante años a vinos de bajo valor. La evidencia técnica acumulada permitió demostrar que, con manejo adecuado y vinificación cuidada, estas variedades pueden ofrecer resultados enológicos consistentes y atractivos.

En una nueva etapa del proyecto, el acuerdo con CREA apunta a multiplicar e implantar cuatro variedades específicas: Andina, Anís, Balsamina y Criolla Chica. Este paso busca escalar la experiencia desde el ámbito experimental hacia superficies productivas reales, evaluando su desempeño en diferentes contextos y sistemas de manejo.

Las primeras vinificaciones de estas variedades ya mostraron resultados alentadores. Los productores involucrados pudieron comprobar niveles de calidad que refuerzan la idea de ampliar la matriz varietal del vino argentino, incorporando cepas con historia local y buena adaptación al ambiente.

Paralelamente, más de diez productores avanzan en la conformación de una asociación de elaboradores de uvas criollas, con acompañamiento técnico e institucional. Esta organización apunta a consolidar reglas comunes, impulsar acciones de difusión y fortalecer eventos sectoriales como el Encuentro de Vinos y Variedades Criollas y la Feria de Vinos de Criollas, espacios que ganan visibilidad dentro del calendario vitivinícola.

El trabajo del INTA y CREA se inscribe en una estrategia más amplia de la vitivinicultura argentina: diversificar la oferta, reducir la dependencia de pocas variedades y construir una narrativa basada en la identidad territorial. En un contexto de cambio climático y mercados más exigentes, las uvas criollas aparecen también como una alternativa por su adaptación histórica y su resiliencia productiva.

A futuro, los investigadores consideran que la validación técnica y la organización de los productores serán claves para que estas variedades ganen espacio en góndola y en cartas de vinos, tanto en el mercado interno como en nichos internacionales interesados en productos con origen, historia y singularidad. Así, un material genético que estuvo al borde del olvido comienza a consolidarse como una oportunidad concreta para el desarrollo vitivinícola argentino.



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