El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentó avances clave en el desarrollo de nuevas variedades de banana con el objetivo de mejorar la productividad, elevar la calidad comercial y reducir la dependencia de importaciones que hoy dominan el mercado argentino. El trabajo, realizado a lo largo de más de dos décadas en la estación experimental de Laguna Naineck, en la provincia de Formosa, permitió seleccionar 12 clones promisorios adaptados a distintos mercados y condiciones productivas, en un contexto en el que el cultivo enfrenta serias dificultades para competir con la fruta proveniente del exterior.
La iniciativa resulta relevante para las economías regionales del norte argentino, donde el banano cumple un rol social y productivo central, especialmente para la agricultura familiar. En los últimos años, la superficie cultivada se redujo por la presión de las importaciones provenientes principalmente de Ecuador, Bolivia y Paraguay, que ingresan con precios competitivos y estándares comerciales elevados. Frente a ese escenario, el INTA sostiene que la genética puede convertirse en una de las principales herramientas para revertir la tendencia.
El programa de mejoramiento genético logró desarrollar 30 líneas avanzadas de banana Cavendish, con rendimientos superiores al promedio nacional y mayor resistencia a enfermedades foliares, en particular a la Sigatoka amarilla (Mycosphaerella musicola), una de las patologías más limitantes para el cultivo. Tras varios ciclos de evaluación, el equipo técnico seleccionó 12 clones que conforman tres grupos de variedades, orientados al mercado nacional, regional y local, según sus características agronómicas y comerciales.

El trabajo de selección no se limitó a observar el rendimiento. Los ensayos comparativos incluyeron la medición de 36 variables fenológicas, productivas y agronómicas, junto con análisis de marcadores moleculares, lo que permitió identificar materiales con mejor comportamiento integral. El proceso demandó más de cuatro ciclos productivos, un plazo necesario para evaluar la estabilidad y la adaptación de cada línea en condiciones reales de cultivo.
“Estamos trabajando para ofrecer a los productores materiales con mejores rendimientos, excelente calidad comercial y comportamiento destacado a campo”, explicó Gerardo Tenaglia, investigador del INTA El Colorado, en Formosa, y responsable del programa. Según detalló, la estrategia no apunta a una única variedad, sino a grupos de clones que permitan responder a las distintas realidades productivas del país.
Las variedades orientadas al mercado nacional fueron diseñadas para competir directamente con la banana importada. Presentan porte medio, excelente diámetro de pseudotallo y una cáscara firme, apta para el transporte a largas distancias sin perder calidad. Estos materiales alcanzan rendimientos superiores a las 33 toneladas por hectárea, por encima del promedio actual del cultivo en Argentina.
Además de la productividad, el foco estuvo puesto en la calidad comercial: buena presentación, firmeza y un sabor equilibrado que permita diferenciar al producto nacional. “Son materiales pensados para competir con la fruta importada”, señaló Tenaglia, al destacar que la combinación de rendimiento y calidad es clave para recuperar participación en las góndolas.

En el caso de las variedades destinadas al mercado regional, que abarca zonas productivas como Resistencia, Corrientes e incluso Santa Fe, el INTA desarrolló materiales con pseudotallos robustos, alto rendimiento y tolerancia moderada a la Sigatoka amarilla. Estas líneas requieren cuidados específicos en la poscosecha, pero ofrecen una alternativa sólida para abastecer circuitos de mediana distancia con fruta homogénea.
Este segmento resulta estratégico para fortalecer los mercados de cercanía y reducir costos logísticos, un aspecto clave para pequeños y medianos productores que no siempre pueden acceder a los canales de comercialización más largos.
El tercer grupo está orientado al mercado local, donde la dinámica comercial es distinta. Estas variedades se caracterizan por un mayor número de dedos por racimo, una ventaja significativa en los canales de venta directa, donde la banana suele comercializarse por docena. Si bien presentan una cáscara más sensible al transporte, su rendimiento es medio a alto y su calidad organoléptica las posiciona favorablemente frente a otras opciones disponibles en la región.
Para los productores que venden en ferias, mercados locales o circuitos cortos, este tipo de material puede representar una mejora concreta en ingresos, al adaptarse mejor a las preferencias del consumidor y a las formas de comercialización tradicionales.

Desde el INTA subrayan que la mejora genética es una condición necesaria, pero no suficiente, para transformar la realidad del cultivo. “Las variedades élite aportan entre el 18 y el 20 % de la rentabilidad total del cultivo”, explicó Tenaglia. El resto, señaló, depende del manejo agronómico, la sanidad, la nutrición, el riego y la incorporación de tecnologías adecuadas.
Por ese motivo, el programa incluye acciones de validación a campo y asistencia técnica para acompañar a los productores en la adopción de los nuevos materiales. El objetivo es maximizar el potencial de cada línea y garantizar que la mejora genética se traduzca en resultados económicos concretos.
El banano argentino es una actividad tradicional en provincias como Formosa, Salta, Jujuy y Misiones, donde cumple un rol clave en la generación de empleo y en la sustentabilidad de las economías regionales. En muchas zonas, el cultivo está en manos de pequeños productores, para quienes la caída de la rentabilidad tuvo consecuencias directas en el tejido social.
En ese contexto, la posibilidad de contar con variedades adaptadas, más productivas y resistentes a enfermedades, abre una ventana para recuperar superficie cultivada y mejorar la competitividad frente a la fruta importada. Además, el desarrollo local permite reducir la dependencia externa y fortalecer la soberanía alimentaria en un producto de consumo masivo.
“El banano tiene un sabor diferencial que nos permite competir ventajosamente con la fruta de origen tropical”, afirmó Tenaglia, al destacar que el consumidor argentino valora cada vez más los productos nacionales cuando alcanzan estándares de calidad similares.
Si bien los resultados generan expectativas, desde el organismo técnico mantienen una mirada prudente. La adopción de nuevas variedades requiere tiempo, inversión y capacitación, y su impacto dependerá de la articulación entre investigación, extensión y políticas productivas. No obstante, el avance logrado en Laguna Naineck representa uno de los desarrollos más relevantes en la historia reciente del cultivo de banana en Argentina.
Con estas 12 nuevas variedades, el INTA busca sentar las bases para una reconstrucción gradual del sector, orientada a producir más, mejor y con identidad local. El desafío, ahora, será trasladar ese potencial del campo experimental a los lotes comerciales y consolidar una cadena bananera más competitiva y sostenible en el tiempo.