El atún rojo que rompió todos los récords: 2,7 millones de euros por una sola pieza

Un ejemplar de 243 kilos alcanzó un precio histórico en la primera gran subasta del año y reabrió el debate sobre negocio, tradición y sustentabilidad

El atún rojo que rompió todos los récords: 2,7 millones de euros por una sola pieza
martes 13 de enero de 2026

La primera subasta anual de atún rojo en el mercado de Toyosu, en Tokio, marcó un hito histórico: un ejemplar de 243 kilos fue vendido por 510,3 millones de yenes (alrededor de 2,7 millones de euros) en los primeros días de enero de 2026. La operación, realizada en el principal centro mayorista de pescado de Japón, se convirtió en la más cara desde que existen registros oficiales y volvió a poner en escena un ritual que combina tradición, competencia empresarial y alto impacto mediático.

El comprador fue Kiyomura Corp., empresa dueña de la reconocida cadena de restaurantes Sushi Zanmai, que desde hace años protagoniza estas pujas récord. La cifra superó con holgura todos los antecedentes conocidos y dejó atrás incluso el máximo alcanzado en 2019, cuando un atún también adquirido por la misma compañía había marcado el récord anterior. El hecho no solo es relevante por el monto, sino porque confirma el peso simbólico y comercial que tiene esta subasta dentro de la cultura gastronómica japonesa y del mercado global del sushi.

El ejemplar fue capturado frente a la ciudad de Oma, en la prefectura de Aomori, una región del norte japonés reconocida por la calidad premium de sus atunes. Aunque su peso fue menor al de otros peces subastados en años previos, su origen, características y el contexto de la puja impulsaron el precio hasta niveles inéditos. El valor por kilo superó ampliamente cualquier referencia habitual del mercado y convirtió al pez en una pieza casi icónica desde el mismo momento en que se bajó el martillo.

El atún rojo que rompió todos los récords: 2,7 millones de euros por una sola pieza

Una subasta que es mucho más que una operación comercial

Cada año, alrededor del 5 de enero, el mercado de Toyosu se transforma en el escenario de uno de los eventos comerciales más observados de Japón. La subasta inaugural no es solo una instancia de compra y venta, sino un acontecimiento cultural que atrae cámaras, turistas, chefs, empresarios y medios de comunicación de todo el mundo. Desde la madrugada, los compradores recorren filas de atunes dispuestos sobre el suelo, inspeccionan cuidadosamente la textura, el color y el nivel de grasa de cada ejemplar y definen sus estrategias antes de levantar la mano.

En ese contexto, el precio récord no responde únicamente a criterios de oferta y demanda. La puja inicial del año tiene una fuerte carga simbólica y funciona como una vitrina global. Para cadenas gastronómicas como Sushi Zanmai, quedarse con el atún más caro equivale a una campaña publicitaria de alcance internacional. La imagen del empresario junto al pez, replicada en portales y noticieros de todo el planeta, consolida prestigio, posicionamiento de marca y atractivo comercial durante todo el año.

Por eso, aunque el desembolso parezca desproporcionado frente al valor real del producto, muchas compañías consideran que la inversión se amortiza por el impacto mediático y la fidelización de clientes. El atún no se vende solo como alimento: se convierte en símbolo de excelencia, exclusividad y tradición.

Toyosu, heredero del histórico mercado de pescado de Tokio

El actual mercado de Toyosu es el sucesor del legendario Tsukiji, que durante décadas fue el corazón del comercio mayorista de pescado en Japón. Desde su inauguración en 2018, Toyosu mantiene vivas muchas de las tradiciones del antiguo mercado, incluida la subasta inaugural de Año Nuevo, que con el tiempo se transformó en un fenómeno global.

A diario, cientos de atunes se comercializan allí a precios mucho más razonables, destinados a restaurantes, supermercados y exportadores. Sin embargo, los ejemplares provenientes de Oma suelen alcanzar valores significativamente más altos, incluso fuera de la subasta festiva, debido a su reputación de calidad superior. En la primera puja del año, esa combinación de origen prestigioso, contexto ceremonial y competencia empresarial dispara los precios a niveles extraordinarios.

El atún rojo que rompió todos los récords: 2,7 millones de euros por una sola pieza

Marketing, narrativa y cultura gastronómica

Detrás del espectáculo de la cifra récord se esconde un fenómeno más profundo: la capacidad de la industria japonesa para construir un relato alrededor de sus productos. La subasta de Toyosu no solo vende pescado, sino también una historia que articula tradición, excelencia, disciplina y cultura gastronómica. Esa narrativa se proyecta hacia los restaurantes, los consumidores y los mercados internacionales, consolidando la centralidad del sushi como emblema culinario global.

El caso del atún récord ilustra con claridad cómo un producto perecedero puede transformarse en un activo simbólico de enorme valor. La fotografía del pez millonario, la cobertura mediática y la historia que lo rodea generan un efecto multiplicador que beneficia a toda la cadena: desde los pescadores de Oma hasta los restaurantes de lujo en las grandes capitales del mundo.

El debate ambiental que acompaña al fenómeno

El impacto de estas subastas también reaviva periódicamente la discusión sobre la sustentabilidad de la pesca del atún rojo del Pacífico. Durante años, esta especie estuvo catalogada como seriamente amenazada debido a la sobrepesca y a los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas marinos. La presión de la demanda internacional, especialmente para sushi y sashimi, contribuyó a un deterioro significativo de las poblaciones.

En los últimos tiempos, sin embargo, organismos especializados y autoridades pesqueras han señalado signos de recuperación, atribuidos a la implementación de cuotas más estrictas, mejores sistemas de control y acuerdos internacionales de gestión. Aun así, el equilibrio sigue siendo delicado. Cada subasta récord vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de compatibilizar tradición, negocio y conservación.

Para muchos analistas, el desafío es claro: sostener la cultura gastronómica y el valor económico del atún sin comprometer la supervivencia de la especie. En ese sentido, el caso de Toyosu funciona también como un recordatorio de que detrás del espectáculo mediático existe una cadena productiva compleja, con impactos ambientales y sociales que exceden el momento de la puja.

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Un símbolo global del inicio de año

Más allá de los números, la primera subasta de Toyosu se consolidó como un ritual que marca el pulso del calendario japonés y que, año tras año, logra proyectarse al mundo. El atún de 243 kilos vendido por 2,7 millones de euros ya forma parte de esa historia. No solo por su precio, sino porque refleja cómo una tradición local puede convertirse en un fenómeno global donde se cruzan economía, cultura, comunicación y estrategia empresarial.

En un mercado cada vez más atento a la trazabilidad, la sustentabilidad y la transparencia, estos eventos adquieren nuevas capas de significado. El desafío hacia adelante será mantener el equilibrio entre el valor simbólico de la tradición, la lógica comercial que impulsa las cifras récord y la responsabilidad de preservar un recurso natural que sigue siendo central para la gastronomía japonesa y mundial.



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