El Servicio Nacional de Sanidad Agraria de Perú (SENASA) resolvió imponer desde enero de 2026 la fumigación obligatoria para los granos de origen argentino que ingresen a su territorio, una medida que apunta a reducir riesgos de contaminación fitosanitaria y que afecta directamente al comercio de productos básicos utilizados en panadería, alimentación animal e industria alimenticia. La decisión fue adoptada mediante una resolución oficial publicada y se encuentra vigente en todos los puntos de control fronterizo y portuario del país andino.
La disposición alcanza a cinco productos específicos: avena, cebada, maíz, sorgo y trigo, que solo podrán ser importados si cumplen con el nuevo protocolo técnico de tratamiento durante el transporte internacional o antes del embarque. La exigencia se suma a otros controles documentales y sanitarios ya vigentes y obliga a exportadores e importadores a adecuar sus procesos logísticos para evitar demoras o rechazos de mercadería.

Según informó Infobae, la medida fue adoptada por la autoridad sanitaria peruana con el objetivo de proteger la agricultura local y prevenir la introducción de plagas que puedan afectar los cultivos nacionales. En el texto oficial, el organismo explicó que el refuerzo de los controles responde a estándares internacionales de sanidad vegetal y a la necesidad de mantener resguardada la producción agrícola del país.
El tratamiento exigido consiste en la aplicación de fosfamina durante el transporte internacional, un método ampliamente utilizado en el comercio global de granos. La técnica debe aplicarse bajo condiciones estrictas de temperatura y tiempo de exposición, de acuerdo con parámetros definidos por la autoridad peruana. Entre las combinaciones admitidas figuran, por ejemplo, dosis de 3 gramos por metro cúbico durante 72 horas para temperaturas entre 16 y 20 grados, o tratamientos más prolongados cuando las condiciones térmicas son más bajas.
La normativa establece además que el certificado fitosanitario que acompaña cada envío debe detallar con precisión si la fumigación fue realizada en el país de origen o durante el traslado. Las autoridades peruanas controlarán tanto la documentación como la mercadería al momento del ingreso, con facultades para rechazar cargamentos que no cumplan con las condiciones establecidas.
La decisión adquiere relevancia por el peso que tiene Argentina como proveedor de granos para Perú. Durante el primer semestre de 2025, por ejemplo, el país sudamericano concentró cerca del 95% del total de maíz amarillo duro importado por el mercado peruano, lo que refleja un alto grado de dependencia en ese producto estratégico para la alimentación animal y diversas cadenas productivas.
Además del maíz, Argentina exporta volúmenes significativos de trigo y otros granos utilizados en la elaboración de alimentos de consumo masivo. La nueva exigencia sanitaria, si bien no implica una prohibición, sí introduce mayores costos operativos y desafíos logísticos para las empresas exportadoras, que deberán ajustar sus protocolos para cumplir con la normativa sin afectar la continuidad de los envíos.
Desde el sector privado señalan que la fumigación con fosfamina es una práctica conocida y aplicada en otros mercados, pero advierten que los cambios regulatorios pueden generar tensiones comerciales si no se coordinan adecuadamente entre ambos países. En este contexto, el cumplimiento estricto de los requisitos técnicos se vuelve clave para evitar interrupciones en el flujo comercial.

No es la primera vez que Perú introduce exigencias sanitarias adicionales a productos agrícolas argentinos. Durante 2025, por ejemplo, el SENASA peruano ya había dispuesto requisitos específicos para el ingreso de determinadas legumbres, como el frejol chino, que debía contar con permisos fitosanitarios especiales y certificaciones que acreditaran la ausencia de plagas.
Estas decisiones forman parte de una política más amplia de fortalecimiento de la seguridad fitosanitaria, en línea con recomendaciones internacionales y con la creciente preocupación por el impacto que pueden tener las plagas y enfermedades en la producción agrícola y en la seguridad alimentaria.
Desde el punto de vista oficial, el objetivo declarado es preservar la sanidad de los cultivos locales y garantizar que los productos que ingresan al país cumplan con estándares compatibles con la protección del ecosistema agrícola. Para los exportadores, en cambio, el desafío pasa por sostener la competitividad frente a mayores exigencias técnicas y posibles demoras operativas.

A pesar de las nuevas condiciones, el vínculo comercial entre Argentina y Perú en materia de granos continúa siendo considerado estratégico para ambas partes. El mercado peruano valora la calidad del grano argentino y, aunque ha manifestado interés en diversificar proveedores, mantiene una alta dependencia de estos productos para abastecer su demanda interna.
Empresas exportadoras argentinas de gran peso en el sector agroindustrial participan activamente de este intercambio, al igual que grandes importadores peruanos que abastecen tanto a la industria alimentaria como al sector pecuario. En ese contexto, la adaptación al nuevo protocolo sanitario aparece como un paso necesario para preservar un flujo comercial que resulta clave para la seguridad alimentaria peruana y para el ingreso de divisas en la economía argentina.
La implementación de la fumigación obligatoria marca, así, un nuevo capítulo en la relación comercial agrícola entre ambos países. Aunque la medida introduce mayores exigencias, también confirma la continuidad del intercambio bajo reglas más estrictas, con el foco puesto en la prevención sanitaria y en la trazabilidad de los productos que cruzan las fronteras.