La rana de Darwin enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia evolutiva luego de que un equipo internacional de científicos identificara al hongo patógeno responsable de la drástica caída de sus poblaciones en el sur de Chile y Argentina, un hallazgo que resulta clave para diseñar estrategias de conservación urgentes y evitar su desaparición definitiva. El descubrimiento, conocido en enero de 2026, aporta por primera vez evidencia concluyente sobre la causa principal del colapso de esta especie emblemática y renueva las expectativas de protección para uno de los anfibios más singulares del mundo.
Según informó Infobae, la investigación confirmó que la quitridiomicosis, una enfermedad causada por un hongo microscópico del género Batrachochytrium, es el principal factor detrás de la mortalidad masiva registrada en las últimas décadas. El estudio fue realizado por un consorcio de investigadores de América Latina y Europa, tras más de diez años de trabajo de campo y análisis de poblaciones silvestres.

La rana de Darwin (Rhinoderma darwinii) habita los bosques templados y húmedos del sur de Sudamérica y es conocida mundialmente por su particular estrategia reproductiva: los machos incuban a los renacuajos en su saco vocal hasta que completan su desarrollo. Este comportamiento único la convirtió desde el siglo XIX en un símbolo de la biodiversidad regional y en un objeto de interés para la ciencia desde que fue descripta por Charles Darwin durante su viaje en el Beagle.
El estudio reveló que el hongo identificado ataca la piel del anfibio, un órgano vital para su respiración y regulación hídrica. Al deteriorar esta función esencial, la infección provoca fallas fisiológicas que terminan siendo letales. “Existe una relación directa entre la presencia del patógeno y la mortalidad observada en las poblaciones”, explicó Claudio Soto Azat, investigador de la Universidad Andrés Bello y uno de los responsables del trabajo, en declaraciones reproducidas por Infobae.
La confirmación científica de esta relación permitió cerrar un debate que se extendió durante años dentro de la comunidad académica. Hasta ahora, el declive de la rana de Darwin se atribuía a una combinación de factores como la pérdida de hábitat, la fragmentación de los bosques nativos, la contaminación y el cambio climático. Si bien estos elementos siguen influyendo, el nuevo estudio demuestra que la enfermedad actuó como detonante del colapso poblacional.
Las estimaciones actuales indican que quedan menos de mil ejemplares en estado silvestre, distribuidos en pequeños y aislados fragmentos de bosque. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza clasifica a la especie como “en peligro crítico”, una categoría que refleja el alto riesgo de extinción a corto plazo si no se implementan medidas efectivas.

Además de su valor biológico, la rana de Darwin cumple un rol clave como especie indicadora. Los anfibios son especialmente sensibles a los cambios ambientales, por lo que su declive suele anticipar procesos de degradación más amplios. La desaparición de esta especie implicaría una señal de alarma sobre el estado de los ecosistemas templados del sur del continente.
El hallazgo del patógeno abre, sin embargo, una ventana de oportunidad. A partir de ahora, los equipos científicos pueden desarrollar protocolos de monitoreo sanitario, detectar focos tempranos de infección y diseñar planes de manejo específicos para reducir la propagación del hongo. Entre las estrategias evaluadas se encuentran los programas de cría en cautiverio, el tratamiento controlado de individuos infectados y la eventual reintroducción en áreas libres del patógeno.
Según consignó Infobae, los investigadores también subrayaron la importancia de la cooperación internacional y del trabajo conjunto con autoridades ambientales y comunidades locales. La protección de los últimos refugios naturales de la rana de Darwin requiere vigilancia permanente, educación ambiental y políticas públicas orientadas a la conservación de los bosques nativos.

El caso de esta especie no es aislado. La quitridiomicosis ha sido señalada como responsable del declive o extinción de cientos de especies de anfibios en todo el mundo, lo que la convierte en una de las mayores crisis de biodiversidad registradas en tiempos modernos. En este contexto, la situación de la rana de Darwin se transformó en un ejemplo paradigmático de los desafíos que enfrenta la conservación global.
Los científicos advierten que el tiempo es un factor determinante. Cada temporada reproductiva perdida reduce aún más las posibilidades de recuperación. Sin embargo, el nuevo conocimiento sobre el origen del problema permite actuar con mayor precisión. “La identificación del hongo nos da una base científica sólida para intervenir”, señaló Soto Azat, al remarcar que aún es posible evitar la extinción si las medidas se aplican de manera coordinada y sostenida.
La historia de la rana de Darwin, marcada por su singularidad evolutiva y su fragilidad frente a amenazas emergentes, resume las tensiones actuales entre desarrollo, conservación y cambio ambiental. El descubrimiento del patógeno no garantiza su salvación, pero representa un paso decisivo en la última batalla por preservar a una de las especies más emblemáticas de la biodiversidad sudamericana.
