A los 25 años, el emprendedor estadounidense Blake Resnick se convirtió en una de las figuras emergentes más observadas del ecosistema tecnológico y de defensa. Es el fundador y CEO de Brinc, una empresa de drones fabricados en Estados Unidos que ya alcanzó una valuación estimada de US$ 480 millones, con el respaldo de inversores de alto perfil del mundo tecnológico. El crecimiento de la compañía se da en un contexto marcado por el debate sobre seguridad nacional, la dependencia de tecnología extranjera y el uso creciente de drones por parte de fuerzas policiales. Según informó Forbes, Brinc busca consolidarse como una alternativa local frente al dominio de fabricantes asiáticos.
La empresa ganó notoriedad por el uso de sus drones en operativos policiales reales, como ocurrió recientemente en Queen Creek, Arizona, cuando un dispositivo de Brinc permitió localizar y detener a un sospechoso en pocos minutos tras una denuncia al 911. Ese tipo de intervenciones explica por qué los drones comenzaron a ocupar un lugar central en las estrategias de seguridad pública en Estados Unidos, especialmente para inspección de escenas, búsqueda de personas y resolución de incidentes sin exposición directa de los agentes.
El mercado global de drones es amplio y competitivo. China fabrica cerca del 70% de los drones del mundo, y el gigante asiático DJI domina el segmento comercial y gubernamental. Sin embargo, Brinc apuesta a diferenciarse con un enfoque centrado en la producción nacional, el cumplimiento de estándares de seguridad y la integración directa con los sistemas de emergencia estadounidenses. Actualmente, más del 80% de las agencias de seguridad pública que utilizan drones operan con tecnología de DJI, mientras que Brinc todavía representa una porción menor del mercado, aunque en expansión.
El principal producto de la compañía es el Responder, un dron diseñado específicamente para atender llamadas de emergencia. Se despliega desde plataformas de carga instaladas en dependencias policiales y puede llegar a un incidente en un radio de más de tres kilómetros en poco más de un minuto. El dispositivo cuenta con cámaras de alta definición, transmisión en tiempo real y autonomía suficiente para cubrir situaciones críticas antes de la llegada de los patrulleros. Su precio inicial ronda los US$ 20.000, por encima de modelos chinos con prestaciones similares, una diferencia que Brinc asume como parte de su estrategia de posicionamiento.

El crecimiento de la empresa fue posible gracias a una fuerte inyección de capital. Brinc recaudó US$ 157 millones en distintas rondas de inversión, con participación de fondos y empresarios destacados del sector tecnológico. Entre ellos se encuentran Sam Altman, creador de ChatGPT y CEO de OpenAI; Peter Thiel, cofundador de PayPal; y Dylan Field, cofundador de Figma. También participan compañías como Motorola y el fondo Index Ventures, uno de los más influyentes de Europa. Ese respaldo no solo aportó recursos financieros, sino también legitimidad frente a clientes institucionales.
El discurso de Brinc se alinea con una tendencia creciente en Estados Unidos: reducir la dependencia de proveedores extranjeros en áreas consideradas sensibles. En ese marco, el gobierno federal analiza restricciones al uso de drones fabricados en China por parte de agencias estatales y federales, una medida que podría redefinir el mercado. Para Brinc, ese escenario representa una oportunidad de expansión acelerada, aunque también genera inquietud en sectores policiales que destacan el menor costo y la madurez tecnológica de los productos asiáticos.

A pesar de no ser aún rentable, la compañía muestra señales de crecimiento sostenido. En el último año facturó alrededor de US$ 5 millones y proyecta triplicar esa cifra en el corto plazo. Resnick mantiene una participación estimada del 40% en la empresa, lo que lo posiciona como uno de los jóvenes empresarios con mayor patrimonio potencial dentro del sector de defensa tecnológica.
El origen de Brinc está ligado a una experiencia personal. Resnick comenzó a construir drones desde la infancia y decidió enfocar su desarrollo en seguridad pública tras un tiroteo masivo ocurrido en Las Vegas en 2017. Convencido de que la tecnología podía ayudar a reducir riesgos para civiles y agentes, insistió en colaborar con fuerzas policiales locales hasta lograr sus primeros prototipos funcionales. El modelo Lemur, diseñado para operaciones en interiores y equipos SWAT, fue el primer gran éxito de la empresa y aún hoy es uno de sus productos más utilizados.
Actualmente, Brinc cuenta con más de 700 clientes, en su mayoría departamentos de policía de distintos tamaños. Entre ellos se incluyen fuerzas locales y agencias federales como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. También logró presencia en grandes ciudades y continúa negociando nuevos contratos. Además del Responder y el Lemur, la firma desarrolló dispositivos de comunicación remota pensados para situaciones de alto riesgo, como tomas de rehenes o catástrofes naturales.
El crecimiento no está exento de desafíos. Algunos usuarios y especialistas señalan limitaciones técnicas frente a competidores consolidados y advierten que la competencia dentro del propio mercado estadounidense es intensa, con empresas bien capitalizadas y fuerte presencia institucional. Aun así, Brinc avanza con una estrategia que combina innovación, narrativa de soberanía tecnológica y cercanía con las fuerzas de seguridad.

Con base en Seattle y una plantilla de ingenieros dedicada al desarrollo y ensamblaje local, la empresa busca posicionarse no solo en el ámbito policial, sino también en aplicaciones futuras vinculadas a defensa y rescate. El propio Resnick sostiene que el objetivo de Brinc es aportar tecnología que permita actuar con mayor rapidez y menor riesgo en situaciones críticas.
En un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas y debates sobre tecnología y seguridad, la historia de Brinc refleja cómo un emprendimiento liderado por un joven fundador puede escalar rápidamente cuando converge inversión, contexto político y demanda institucional. Con apenas 25 años, Blake Resnick ya logró instalar su nombre entre los actores relevantes de un sector estratégico y en plena transformación.