India atraviesa en 2026 uno de los momentos económicos más sólidos de las últimas décadas. El país más poblado del mundo registró un crecimiento del 8,2% del Producto Bruto Interno (PBI) en el tercer trimestre de 2025, redujo la inflación a niveles históricamente bajos y avanzó en reformas estructurales que comienzan a modificar su inserción en la economía global. El desempeño, analizado por The Economist y replicado por Infobae, cobra relevancia en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, desaceleración global y cambios en las cadenas de suministro.
El repunte se produce pese a un escenario adverso. En agosto de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso a India un arancel total del 50%, combinando un impuesto recíproco del 25% con otro 25% adicional como sanción por la compra de petróleo ruso a precios descontados. A eso se sumaron una salida de capitales del mercado bursátil indio, una depreciación de la rupia y una inversión privada que mostró señales de cautela.
Sin embargo, la economía india logró sostener su dinamismo. El gobierno de Narendra Modi elevó su proyección de crecimiento para el ejercicio fiscal 2026 al 7,4%, un ritmo considerado clave para cumplir el objetivo oficial de convertir a India en una economía desarrollada hacia 2047, cuando se cumpla el centenario de su independencia.
Uno de los factores centrales del actual ciclo es la desaceleración de los precios. La inflación cayó al 1,3%, impulsada en gran parte por dos años consecutivos de buenas lluvias monzónicas que fortalecieron la producción agrícola. Los alimentos, que representan cerca del 46% del índice de precios al consumidor, registraron una baja interanual del 2,7%, lo que permitió una mejora del ingreso real disponible y un repunte del consumo interno.
La caída de la inflación también influyó en las cifras de crecimiento. Con un deflactor del PBI que aumentó apenas 0,5% hasta octubre de 2025, el crecimiento real se aceleró aun cuando el crecimiento nominal se moderó, reforzando el impacto estadístico y económico del proceso.
En paralelo, el gobierno profundizó un programa de consolidación fiscal. El déficit presupuestario se redujo del 9,2% del PBI en 2021, en plena pandemia, a un objetivo del 4,4% para el ejercicio fiscal 2026. Si se excluye el pago de intereses, el rojo fiscal se ubica cerca del 0,9% del PBI, un nivel considerado manejable por los analistas.
Tras el anuncio de los aranceles estadounidenses, el Ejecutivo simplificó el impuesto sobre bienes y servicios y redujo alícuotas, con un costo fiscal estimado en 480.000 millones de rupias anuales. A la vez, adelantó gasto de capital en infraestructura para sostener la actividad. En el próximo presupuesto, el gobierno prevé reemplazar la meta de déficit por un objetivo basado en la relación deuda/PBI, con la intención de reducirla al 50% hacia 2031, desde el 56% actual.
El Banco de la Reserva de la India (RBI) acompañó el proceso con un cambio de enfoque. Desde la asunción de Sanjay Malhotra como gobernador en diciembre de 2024, la autoridad monetaria mostró mayor tolerancia a la depreciación de la rupia y recortó la tasa de interés en 1,25 puntos porcentuales en el último año. Según declaraciones del propio Malhotra al Financial Times, los tipos bajos podrían mantenerse durante un período prolongado.
Más allá del corto plazo, el elemento más relevante es el avance de las reformas estructurales, que comienzan a mostrar efectos duraderos. Medidas implementadas en años previos —como la expansión de los pagos digitales, la mayor transparencia de precios y la adopción de un régimen de metas de inflación en 2016— contribuyeron a moderar las expectativas inflacionarias y fortalecer la estabilidad macroeconómica.
En 2025 se sancionaron cambios largamente postergados. El país redujo de 29 a 4 los códigos laborales, flexibilizó límites a la inversión extranjera directa en sectores como seguros, abrió la energía nuclear al capital privado y reformó la regulación del mercado financiero. A nivel subnacional, varios estados impulsaron reformas laborales y productivas para extender horarios de trabajo y atraer inversiones industriales.
Las tensiones comerciales con Estados Unidos obligaron a India a redefinir su estrategia de crecimiento. Aunque los aranceles frustraron parte de las expectativas de captar fábricas que salían de China, también generaron margen político para avanzar en reformas internas. Lejos de desplomarse, las exportaciones crecieron 1,9% interanual en diciembre y 19,4% en noviembre, según datos oficiales.
El sector de electrónica se consolidó como uno de los motores. India produce actualmente cerca de una quinta parte de los iPhones del mundo, impulsada por incentivos a la producción y apoyo estatal. El valor agregado de la fabricación de teléfonos inteligentes pasó de USD 4.500 millones en 2021 a USD 17.300 millones en 2025. Empresas como Apple, Foxconn y Samsung ampliaron operaciones, especialmente en estados como Tamil Nadu y Uttar Pradesh.
En paralelo, India comenzó a moderar su sesgo proteccionista. El arancel efectivo promedio, que había subido al 18% en 2021, se redujo al 16%. El país firmó acuerdos comerciales con el Reino Unido, Omán y Nueva Zelanda, y prevé anunciar uno con la Unión Europea. También retomó vínculos comerciales con China, con exportaciones que crecieron casi 70% interanual en diciembre, y evalúa flexibilizar nuevamente el ingreso de inversiones chinas.

Pese al escenario favorable, persisten desafíos. La inversión corporativa sigue siendo baja y la inversión extranjera directa neta continúa en terreno negativo, debido a la repatriación de utilidades y a inversiones de conglomerados indios en el exterior. El reto central será convencer a los mercados de que el impulso reformista se sostendrá en el tiempo.
Según el análisis publicado por The Economist y citado por Infobae, India parece haber concluido que los riesgos de transformar su economía son menores que los de quedar rezagada. En un contexto global incierto, el país asiático apuesta a consolidar un modelo de crecimiento basado en estabilidad macroeconómica, reformas productivas y mayor integración internacional.