Un proyecto que nació en una facultad, se postergó durante años y finalmente se consolidó como una pyme agroalimentaria con identidad regional y proyección internacional. Eso es Fruch, la empresa creada por Gastón Arcucci, Manuel Pucheta y Nicolás Olleac, tres primos que decidieron agregar valor en origen a la producción de manzana y pera del Alto Valle de Río Negro. Hoy, desde su planta en Fernández Oro, producen snacks naturales de fruta deshidratada, están presentes en grandes cadenas comerciales y se preparan para dar un salto de escala que les permita llegar a 250.000 paquetes por mes.
El anuncio del nuevo objetivo productivo marca un punto de inflexión para la compañía, que atraviesa una etapa de inversión, reorganización interna y ampliación de capacidad, en un contexto complejo para las economías regionales pero con una demanda creciente de alimentos saludables, simples y trazables.

La historia de Fruch comenzó a principios de los años 2000, cuando Arcucci y Pucheta, ambos licenciados en Tecnología de los Alimentos, realizaban ensayos con fruta deshidratada durante su etapa universitaria. La idea inicial era clara: transformar la manzana, principal economía regional, en un producto industrial con identidad propia y mayor valor agregado.
Sin embargo, como ocurre con muchos emprendimientos, el proyecto quedó en pausa durante varios años. Ambos socios desarrollaron extensas carreras en la industria vitivinícola de Neuquén, ocupando cargos gerenciales y acumulando experiencia técnica y de gestión. La iniciativa emprendedora, no obstante, nunca desapareció.
El punto de quiebre llegó después de múltiples pruebas fallidas. Lograr una rodaja de manzana bien seca, homogénea y estable fue el principal desafío técnico. Cuando finalmente se alcanzó el resultado buscado, el proyecto dejó de ser un ensayo para convertirse en una oportunidad concreta de negocio.

Los primeros pasos productivos se dieron en un local histórico sobre la Ruta Nacional 22, una antigua despensa que fue adaptada para albergar los primeros hornos de secado. La producción inicial fue mínima y el crecimiento, gradual, financiado con recursos propios y mucho esfuerzo personal, mientras los socios mantenían sus trabajos principales.
El proyecto cambió de escala con la incorporación de Nicolás Olleac, ingeniero agrónomo radicado en Buenos Aires, quien se sumó como socio y aportó capital para avanzar hacia una estructura industrial. La asociación se concretó en 2019 y permitió radicar la empresa en el complejo agroindustrial de Fernández Oro, un parque pensado exclusivamente para industrias agroalimentarias.
La elección del lugar no fue casual. La cercanía con la materia prima, la infraestructura compartida y la lógica de sinergia productiva fueron factores determinantes para instalar allí la planta, que hoy concentra el corazón operativo de la empresa.
Fruch elabora chips de manzana deshidratada, sin conservantes ni aditivos, certificados kosher y aptos para distintos tipos de dietas. El proceso productivo, aunque conceptualmente sencillo, exige un alto nivel de precisión técnica para respetar la fruta, garantizar uniformidad y mantener calidad constante.
Actualmente, la empresa comercializa tres variedades: una sin azúcar agregado y dos con un leve aporte de azúcar, pensado exclusivamente para mejorar la crocancia. La materia prima proviene de pequeños productores del Valle, adquirida principalmente en temporada y almacenada en cámaras de frío, lo que permite sostener la producción durante todo el año.
La estrategia productiva está enfocada exclusivamente en manzana y pera, una decisión que refuerza la identidad regional del producto y evita dispersar esfuerzos en otros cultivos que no forman parte del ADN del Alto Valle.

Con el correr de los años, Fruch logró posicionarse en grandes cadenas de supermercados, además de dietéticas, gimnasios, escuelas, estaciones de servicio y máquinas de vending. Este crecimiento sostenido derivó en la necesidad de ampliar capacidad productiva y reorganizar procesos internos.
Actualmente, la empresa emplea a 20 personas y se encuentra incorporando nueva maquinaria, que permitirá no solo aumentar el volumen producido sino también diversificar formatos de envase y ampliar el portafolio. El objetivo inmediato es claro: alcanzar una capacidad de 250.000 paquetes mensuales, lo que implicará un salto significativo respecto del nivel actual.
Este proceso de expansión también abre la puerta a la generación de más empleo local, un aspecto central para una pyme que apuesta a crecer sin perder su anclaje territorial.
Si bien el mercado interno fue el foco inicial del proyecto, Fruch comenzó a explorar oportunidades en el exterior. En los últimos meses realizó envíos a Chile, Estados Unidos y Brasil, experiencias que funcionaron como prueba piloto para evaluar logística, aceptación del producto y competitividad.
El próximo paso será la primera exportación a Paraguay y un envío de mayor volumen a San Pablo, uno de los mercados más grandes y desafiantes de la región. Brasil aparece como una plaza estratégica, aunque con particularidades: el snack de fruta deshidratada no es aún un producto masivo, lo que obliga a trabajar fuertemente en degustaciones, acciones promocionales y construcción de hábito de consumo.

El desafío competitivo es claro. Argentina no es un país barato en términos de costos, pero el diferencial de Fruch está en la originalidad del producto, su origen y la ausencia de propuestas similares en algunos de estos mercados.
Más allá de los números, la capacidad productiva o la expansión comercial, los socios coinciden en que el eje del proyecto es el agregado de valor en origen. Industrializar la fruta en la región, generar empleo local y transformar una economía primaria en un producto moderno y saludable es la base de la iniciativa.
En un contexto desafiante para la fruticultura regional, Fruch busca demostrar que la manzana del Valle puede competir en góndola, adaptarse a nuevas tendencias de consumo y abrirse camino incluso en mercados sin tradición en este tipo de alimentos.
Con una idea que tardó casi dos décadas en madurar, una primera rodaja bien seca como punto de partida y un crecimiento sin prisa pero sostenido, la empresa patagónica apuesta a consolidarse como un caso testigo de cómo la innovación agroindustrial, cuando se combina con identidad y persistencia, puede transformar una economía regional.