El conglomerado industrial indio Welspun, presidido por el multimillonario Balkrishan Goenka, ganó la licitación para fabricar los caños del gasoducto que conectará Vaca Muerta con la costa de Río Negro y abastecerá al primer proyecto de exportación de GNL de la Argentina. La adjudicación, definida en enero de 2026, desplazó al Grupo Techint de una obra estratégica y marcó un hecho inédito en el sector energético local, tanto por su impacto económico como por sus implicancias industriales, según informó Forbes.
La decisión fue adoptada por el consorcio Southern Energy, encargado del proyecto, luego de evaluar las propuestas técnicas y económicas presentadas en la licitación. Welspun ofreció un precio significativamente inferior al de Tenaris, la empresa de tubos de acero de Techint, con una diferencia cercana al 45% y un ahorro estimado en alrededor de 90 millones de dólares. Esa brecha terminó siendo determinante para la adjudicación, aun en un mercado históricamente dominado por el holding que lidera Paolo Rocca.
La obra es considerada clave para el desarrollo de la infraestructura necesaria que permita a la Argentina exportar gas natural licuado. El gasoducto transportará gas desde los yacimientos no convencionales neuquinos hasta los buques licuefactores que operarán frente a la costa rionegrina, un paso central en la estrategia oficial para monetizar Vaca Muerta a gran escala y captar divisas.

Detrás de la empresa ganadora está Balkrishan Goenka, un empresario que construyó su fortuna a partir de una trayectoria poco habitual para el sector energético. Goenka inició su carrera en la industria textil, donde llegó a controlar cerca del 20% del mercado estadounidense de ropa de cama y toallas. Con el paso de los años, diversificó sus negocios hacia la infraestructura y, en 1997, dio el salto decisivo a la producción de tubos de acero para la industria de Oil & Gas, una apuesta que terminó de consolidar a Welspun como uno de los principales proveedores globales del sector.
Actualmente, el grupo indio se ubica entre los tres mayores fabricantes de tubos de acero para proyectos energéticos a nivel mundial, con plantas industriales en distintos países, presencia en más de 50 mercados y una dotación que supera los 30.000 empleados. La fortuna personal de Goenka se estima en torno a los 2.700 millones de dólares, según rankings internacionales.
La rivalidad entre Welspun y Tenaris no es nueva. Ambas compañías compiten desde hace años en grandes licitaciones internacionales vinculadas a oleoductos y gasoductos de gran escala. Sin embargo, hasta ahora esa competencia no se había trasladado al mercado argentino, donde Techint mantuvo durante décadas una posición dominante en los principales proyectos de infraestructura energética. Por ese motivo, la adjudicación generó sorpresa en el sector y abrió un debate político y empresarial sobre el alcance de la competencia internacional en obras consideradas estratégicas.
El consorcio Southern Energy está integrado por PAE con el 30%, YPF con el 25%, Pampa Energía con el 20%, Harbour Energy con el 15% y Golar LNG con el 10%. Tras la apertura de sobres, el directorio evaluó la posibilidad de otorgar a Tenaris un derecho de preferencia para igualar la oferta más baja, una herramienta prevista en algunos procesos para favorecer a proveedores locales. Sin embargo, la mayoría de los socios votó en contra de esa alternativa.
De acuerdo con fuentes del sector energético, Techint presentó una propuesta para igualar las condiciones económicas de Welspun unos 15 días después de la adjudicación, cuando el proceso ya estaba cerrado y los contratos firmados, lo que hacía inviable cualquier modificación desde el punto de vista legal. Esa secuencia alimentó la polémica y reforzó la idea de que el criterio económico terminó primando por sobre cualquier consideración de protección industrial.
Desde el entorno de Southern Energy señalaron que la decisión no se basó únicamente en el precio. También destacaron la capacidad técnica de Welspun y su experiencia en proyectos complejos a nivel internacional, como gasoductos offshore de gran profundidad y desarrollos vinculados a plantas de GNL en distintos continentes. Esa combinación de costo y solvencia técnica fue clave para inclinar la balanza.

El cronograma del proyecto prevé que la construcción del gasoducto comience a mitad de 2026, por lo que los caños deberán arribar al país en los meses previos. En paralelo, avanza la licitación para la obra civil, que aún no tiene un adjudicatario definido. En ese tramo, se espera una competencia intensa entre consorcios locales e internacionales, incluido el integrado por Techint-Sacde, que ya ejecutó ampliaciones relevantes de la infraestructura de Vaca Muerta en los últimos años.
El gasoducto está pensado para abastecer a dos buques licuefactores: el Hilli Episeyo y el MKII. El primero tiene prevista su entrada en operación en septiembre de 2027. Durante sus primeros meses, no requerirá el uso pleno del nuevo caño de 36 pulgadas, ya que podrá operar con adecuaciones menores sobre el gasoducto San Martín, trabajos que comenzarán en marzo. El segundo buque, en cambio, sí depende de la nueva infraestructura y su puesta en marcha está proyectada para 2028.
Actualmente, el Hilli Episeyo se encuentra en Camerún, donde todavía cumple un contrato vigente. Una vez finalizado, se trasladará a la Argentina para tareas de mantenimiento y adaptación antes de comenzar a operar frente a la costa rionegrina. El MKII, por su parte, está en un astillero en China, donde se lleva adelante un complejo proceso de reconversión: el buque metanero fue literalmente dividido en dos para incorporar la tecnología necesaria que permita licuar gas, un procedimiento que requiere enfriarlo a menos de 168 grados bajo cero.
La adjudicación a Welspun no solo tiene implicancias industriales, sino también simbólicas. Marca el ingreso de un nuevo actor global en una obra considerada estratégica y reconfigura el mapa de proveedores del sector energético argentino. Al mismo tiempo, reaviva el debate sobre cómo equilibrar la competencia internacional con el desarrollo de la industria nacional en proyectos de gran escala vinculados a los recursos naturales.
Para la Argentina, el avance del gasoducto y de la infraestructura asociada al GNL es visto como una pieza central para transformar el potencial de Vaca Muerta en exportaciones concretas y sostenidas en el tiempo. En ese camino, la decisión de quién provee los insumos críticos no es un detalle menor, sino parte de una discusión más amplia sobre costos, eficiencia, soberanía productiva y reglas de juego en el sector energético.