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De una cocina familiar a una planta industrial: cómo una veterinaria creó un negocio millonario de alimentos naturales para mascotas

Desde Mar del Plata, una emprendedora desafió al alimento balanceado tradicional y consolidó una empresa de dieta BARF con alcance nacional

De una cocina familiar a una planta industrial: cómo una veterinaria creó un negocio millonario de alimentos naturales para mascotas
jueves 29 de enero de 2026

Una veterinaria, un diagnóstico incómodo sobre la salud de perros y gatos y una decisión personal marcaron el origen de Rawer, una empresa argentina de alimentos naturales congelados para mascotas que hoy factura alrededor de $65 millones mensuales. El proyecto nació en Mar del Plata, se consolidó entre 2021 y 2025 y resulta relevante porque refleja un cambio de paradigma en la alimentación animal, con impacto productivo, sanitario y económico en un mercado históricamente dominado por el alimento balanceado industrial.

La fundadora de Rawer, Keila Bezi, cursaba la carrera de Veterinaria y trabajaba en atención al cliente en una veterinaria cuando comenzó a cuestionar el modelo alimentario predominante. El contacto cotidiano con perros y gatos con patologías crónicas fue el primer disparador. Según su experiencia, muchas de esas enfermedades estaban asociadas a dietas basadas en ultraprocesados, una variable que no encontraba respuesta ni en la práctica profesional ni en su formación académica. Esa incomodidad se transformó en el motor de un emprendimiento que, años más tarde, alcanzaría escala industrial.

De una cocina familiar a una planta industrial: cómo una veterinaria creó un negocio millonario de alimentos naturales para mascotas

El punto de quiebre se produjo tras un intercambio con un representante de una de las marcas líderes del sector. Bezi cuestionó la composición de los alimentos balanceados para animales carnívoros, en particular la presencia de cereales como ingrediente principal. Al no obtener respuestas satisfactorias, decidió renunciar a su trabajo y apartarse de un sistema que, según su mirada, priorizaba el negocio por sobre la salud animal. Esa decisión marcó el inicio de un camino independiente, enfocado en desarrollar una alternativa basada en alimentación natural.

El proyecto tomó forma a fines de 2021, cuando comenzaron las primeras producciones de comida BARF (Biologically Appropriate Raw Food) en la cocina de su madre. Las raciones, elaboradas inicialmente para sus propios perros y algunos clientes cercanos, eran crudas, congeladas y sin conservantes artificiales. La inversión inicial fue modesta y estuvo centrada en equipamiento básico: un freezer, una picadora, una balanza y una envasadora al vacío. El respaldo familiar resultó clave en esa etapa, tanto en lo económico como en lo operativo.

Con el crecimiento de la demanda, Rawer dejó rápidamente de ser un proyecto artesanal. En 2022 se incorporó al emprendimiento Eduardo Sanguinetti, pareja de Bezi, con formación en negocios y experiencia corporativa. Su llegada marcó un punto de inflexión: el foco dejó de estar únicamente en la investigación y pasó a estructurarse un modelo empresarial escalable. La producción comenzó a crecer de manera sostenida, al mismo tiempo que se ordenaron procesos, costos y canales de venta.

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En menos de dos años, Rawer pasó de producir volúmenes marginales a alcanzar cerca de 10 toneladas mensuales, lo que obligó a sucesivas mudanzas hasta concretar, en septiembre de 2023, la instalación de una planta industrial en la zona portuaria de Mar del Plata. El establecimiento cuenta con habilitaciones bromatológicas, controles sanitarios y dirección técnica veterinaria, un paso clave para profesionalizar la operación y proyectar la expansión.

El eje del negocio es la dieta BARF, un esquema alimentario que busca replicar el modelo presa que consumirían perros y gatos en estado natural. Las fórmulas de Rawer se componen de carne, vísceras, frutas, verduras, semillas y suplementos, sin ultraprocesados ni aditivos químicos. El congelado cumple una doble función: preserva el alimento y actúa como único método de conservación. Para garantizar el equilibrio nutricional, la empresa utiliza software específico que permite evitar deficiencias o excesos en cada formulación.

El modelo comercial también se aparta de los estándares del sector. Actualmente, cerca del 80% de las ventas se realiza de forma directa, con logística propia en frío y entregas puerta a puerta, una decisión estratégica en un rubro donde el congelado representa una barrera de entrada significativa. El 20% restante se canaliza a través de veterinarias y petshops seleccionados, donde la empresa instala freezers en consignación para asegurar la correcta cadena de frío y el control del producto.

Desde su base en Mar del Plata, Rawer logró expandirse hacia la Costa Atlántica, la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, y proyecta su desembarco en Rosario durante el primer trimestre de 2026. En paralelo, se conformó un board de socios estratégicos que aportaron capital y know how, con el objetivo de acompañar el crecimiento sin perder la identidad del proyecto. La consigna fue clara: sumar experiencia sin resignar el foco en la salud animal.

El contexto del mercado juega a favor de esta expansión. La humanización de las mascotas, acelerada durante la pandemia, trasladó a perros y gatos debates que antes eran exclusivos de la alimentación humana: el origen de los alimentos, el impacto de los ultraprocesados y la relación entre dieta y salud. En ese escenario, la alimentación natural para mascotas, aún minoritaria, comienza a ganar terreno frente a los grandes molinos de balanceado.

El desempeño económico acompaña esa tendencia. Rawer cerró 2025 con una facturación mensual cercana a los $65 millones y proyecta para 2026 un crecimiento que podría llevar el negocio a un volumen anual cercano al millón de dólares, impulsado por la expansión geográfica y el lanzamiento de nuevas líneas específicas. Entre los desarrollos en carpeta se incluyen dietas funcionales para patologías concretas, como formulaciones urinarias para gatos y planes renales y hepáticos para perros, siempre bajo estrictos criterios científicos.

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Con un equipo de diez personas, producción propia y una estrategia de crecimiento gradual, Rawer busca escalar sin perder el control sobre la calidad ni diluir su propósito original. La empresa se apoya en una convicción que atraviesa todas las decisiones: la alimentación no es un aspecto accesorio de la salud animal, sino una variable central.

Lo que comenzó como una reacción ética frente a un sistema cuestionado terminó convirtiéndose en un negocio rentable y en expansión, que combina conocimiento veterinario, gestión empresarial y una demanda creciente por alternativas más saludables. Desde Mar del Plata, Rawer apuesta a consolidar un cambio de paradigma en la forma de alimentar a perros y gatos, demostrando que la alimentación natural puede ser, al mismo tiempo, una elección sanitaria y un proyecto productivo sostenible.



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