YPF se prepara para lanzar en los próximos meses la licitación del que será el gasoducto más grande de la Argentina, una obra central del proyecto Argentina LNG, valuado en unos u$s 30.000 millones, que apunta a transformar al país en un exportador relevante de gas natural licuado. La iniciativa, que se definirá durante 2026 y tendrá impacto directo en Vaca Muerta, reavivó una fuerte disputa entre Techint y proveedores de China e India, en un contexto de apertura económica y presión por reducir costos para competir en el mercado global de energía.
La relevancia del proyecto excede lo técnico. Se trata de una infraestructura inédita por su magnitud, clave para viabilizar exportaciones de GNL hacia el final de la década, y que se convertirá en un test decisivo sobre el rumbo de la política energética, industrial y de compras del país. El reciente revés sufrido por Techint en la licitación de cañerías del proyecto Southern Energy, donde se impuso un consorcio indio con una oferta más baja, es leído por el sector como el primer capítulo de una disputa que promete escalar.
El proyecto que lidera YPF, junto a socios internacionales como la italiana ENI y la emiratí Adnoc, contempla la construcción de un gasoducto dedicado de 48 pulgadas, algo nunca realizado hasta ahora en la Argentina. El tendido previsto ronda los 500 kilómetros y permitiría transportar entre 75 y 100 millones de metros cúbicos diarios, un volumen equivalente a la producción total actual de la cuenca neuquina.
La obra forma parte de un esquema integral de licuefacción pensado para abastecer plantas flotantes de GNL y, en una etapa posterior, instalaciones en tierra firme. El objetivo es alcanzar exportaciones significativas hacia 2030, aprovechando la competitividad del gas de Vaca Muerta frente a otros grandes jugadores globales como Estados Unidos y Qatar.
A la infraestructura gasífera se sumará un oleoducto paralelo, con capacidad estimada en 100.000 barriles diarios de crudo, asociado a la producción de gas. Este flujo no se derivará por el proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), aunque compartirá una traza similar. Además, el plan incluye un poliducto de 36 pulgadas, posiblemente con destino a Bahía Blanca, para el transporte de líquidos del gas natural, insumo clave para la producción de butano, propano y gasolinas destinadas a la exportación.
Según fuentes del sector, el diseño definitivo del proyecto quedará cerrado una vez concluidos los acuerdos entre los socios, un proceso que YPF espera completar en el corto plazo. En paralelo, la petrolera estatal ya comenzó a convocar proveedores para estructurar las futuras licitaciones.
El antecedente inmediato que encendió las alarmas en la industria fue la licitación del gasoducto dedicado de Southern Energy, el consorcio integrado por Pan American Energy, Golar, YPF, Pampa Energía y Harbour Energy, que desarrollará un proyecto de exportación de GNL mediante dos unidades flotantes. En ese proceso, la provisión de tubos quedó en manos del grupo indio Welspun, con chapa de origen chino, tras presentar una oferta más agresiva en costos.
En Techint interpretan ese resultado como una señal de lo que puede repetirse en el proyecto de mayor escala que impulsa YPF. Desde el holding que conduce Paolo Rocca sostienen que competir contra proveedores asiáticos implica enfrentar precios de dumping, en un contexto donde las empresas locales siguen operando con una estructura impositiva más pesada.
Fuentes cercanas al grupo remarcan que Tenaris es uno de los principales fabricantes de tubos de acero del mundo, con presencia industrial en 17 países y más de 26.000 empleados. En la Argentina, TenarisSiat emplea a unas 420 personas, con un fuerte efecto multiplicador en su cadena de valor. Según la compañía, su oferta para Southern Energy era competitiva a valores internacionales y la supuesta diferencia del 40% que circuló en el mercado “no se ajusta a la realidad”. Incluso, aseguran, Tenaris se ofreció a igualar las condiciones comerciales de la propuesta alternativa para preservar la operación industrial de largo plazo.
La discusión también se trasladó al plano político. Desde Techint señalan que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) establece como uno de sus objetivos fomentar el desarrollo de las cadenas de producción locales. En este caso, advierten, los beneficios fiscales otorgados por el Estado terminarían financiando trabajo industrial en Asia, en detrimento del empleo argentino.
La visión contraria fue expresada públicamente por Alejandro Bulgheroni Jr., referente de Pan American Energy, quien sostuvo en redes sociales que la Argentina dejó atrás un mercado hiperregulado y comienza a regirse por reglas de libre competencia, con foco en eficiencia de costos y márgenes razonables. “El Estado está cambiando. Los privados también deben hacerlo”, afirmó.
La polémica escaló aún más cuando el presidente Javier Milei intervino con un mensaje en la red social X, en el que defendió la apertura económica y cuestionó a sectores de la industria del acero. En ese texto apuntó de manera directa contra Paolo Rocca, con una referencia explícita al debate por los costos de los tubos.
El grupo Techint llega a esta disputa con un extenso historial en grandes obras de infraestructura energética. Junto a Sacde, empresa de Pampa Energía, construyó el oleoducto de 437 kilómetros del proyecto VMOS, que conecta Allen con Punta Colorada, en la costa rionegrina. También participó en la reversión del Gasoducto del Norte y en el Gasoducto de Integración Federal, una obra de 110 kilómetros en el sur de Córdoba.
Uno de los hitos más relevantes fue el primer tramo del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, hoy denominado Perito Moreno, con 573 kilómetros entre Tratayén y Salliqueló, ejecutado en un plazo récord.
Además, Techint tiene adjudicada la construcción del oleoducto del proyecto Duplicar Norte, impulsado por Oleoductos del Valle (Oldelval). La obra, de 207 kilómetros y 24 pulgadas, demandará una inversión de u$s 400 millones y permitirá sumar más de 200.000 barriles diarios de capacidad de transporte desde el norte de Vaca Muerta. Su finalización está prevista entre fines de 2026 y comienzos de 2027.
Mientras avanzan las definiciones técnicas y comerciales del Argentina LNG, el debate de fondo sigue abierto, tal como viene señalando iProfesional: cómo equilibrar la necesidad de competitividad internacional con el objetivo de preservar y desarrollar la industria local. La licitación del gasoducto más grande del país será una prueba decisiva para ese delicado equilibrio y marcará el tono de las grandes inversiones energéticas de la próxima década.