La economía de China mostró señales claras de desaceleración en enero de 2026, cuando la actividad industrial, los servicios y la construcción registraron una caída conjunta, afectadas por la debilidad de la demanda interna, factores estacionales y condiciones climáticas adversas, un dato relevante por su impacto sobre el crecimiento global y por los desafíos que plantea al modelo económico impulsado por el presidente Xi Jinping, según informó Infobae en base a datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística (ONE).
El índice gerente de compras (PMI) manufacturero, uno de los principales termómetros de la actividad industrial, se ubicó en 49,3 puntos, lo que representó una baja de 0,8 puntos respecto de diciembre y mantuvo al sector en zona de contracción. En la metodología del PMI, los valores por debajo de 50 indican una disminución de la actividad en comparación con el mes anterior.
De acuerdo con la ONE, el retroceso respondió a la entrada de varios sectores en su temporada baja tradicional y a una demanda efectiva que continúa siendo insuficiente, en un contexto de consumo moderado y menor dinamismo de la inversión privada.
El informe detalló que, de los cinco subíndices que componen el PMI manufacturero, solo producción y plazos de entrega se mantuvieron en terreno expansivo. En contraste, los indicadores de nuevos pedidos, inventarios de materias primas y empleo permanecieron por debajo del umbral de 50 puntos, reflejando una menor tracción de la demanda y cautela por parte de las empresas.
Huo Lihui, estadística de la ONE, explicó que la contracción no implicó una caída absoluta de la producción, que continuó creciendo, aunque a un ritmo más moderado. Según señaló, el comportamiento del PMI respondió en gran medida a factores estacionales, pero también dejó en evidencia las limitaciones estructurales que enfrenta la economía china para recuperar un crecimiento más sólido.
A pesar de este escenario, el organismo destacó que las expectativas empresariales se mantuvieron en terreno positivo, lo que sugiere que una parte relevante del sector industrial confía en una mejora de las condiciones de mercado en el corto plazo.
La debilidad no se limitó al sector manufacturero. La ONE también publicó el PMI no manufacturero, que mide la evolución de los servicios y la construcción, y que en enero descendió hasta 49,4 puntos, ingresando también en zona de contracción.
Dentro de este indicador, la construcción fue uno de los rubros más afectados, con un subíndice de 48,8 puntos, impactado por las bajas temperaturas y la cercanía del Año Nuevo lunar, un período que suele ralentizar la actividad económica en China.
El sector de servicios, por su parte, mostró una caída más moderada, con un subíndice de 49,5 puntos. Si bien algunas áreas, como el sector financiero, mantuvieron un nivel elevado de actividad, otras ramas vinculadas al consumo y al turismo registraron un menor dinamismo, en línea con la cautela de los hogares.
El PMI compuesto, que integra los resultados del sector manufacturero y no manufacturero, se ubicó en 49,8 puntos, con una baja de 0,9 puntos respecto de diciembre. Este dato reflejó una ralentización general de la economía china al inicio del año.
La ONE recordó que el PMI se elabora a partir de encuestas mensuales realizadas a responsables de compras de empresas de distintos sectores. El indicador evalúa variables clave como producción, nuevos pedidos, empleo, inventarios y tiempos de entrega, lo que le otorga un carácter de indicador adelantado de la actividad económica.
Por su capacidad predictiva, el PMI es seguido de cerca por gobiernos, empresas e inversores internacionales, ya que permite anticipar cambios de tendencia en la economía real antes de que se reflejen en los datos duros de crecimiento.
En el caso chino, el PMI compuesto ofrece una visión integral de la evolución económica al combinar la información de la industria, los servicios y la construcción, sectores que concentran una parte sustancial del empleo y la inversión.
Más allá del retroceso mensual registrado en enero, la producción industrial de China cerró 2025 con un crecimiento interanual del 5,9 %, una décima por encima del resultado de 2024. Sin embargo, este desempeño positivo convivió con dificultades persistentes en otros frentes clave de la economía.
Uno de los principales focos de preocupación sigue siendo la inversión en activos fijos, que en 2025 se desplomó un 3,8 %, luego de haber crecido un 3,2 % el año anterior. El deterioro estuvo explicado, en gran medida, por la crisis prolongada del sector inmobiliario, que continúa afectando a la confianza empresarial y al sistema financiero.
La inversión inmobiliaria cayó 17,2 % en el período, profundizando una tendencia negativa que se arrastra desde hace varios años. Según la ONE, esta contracción también se reflejó en las ventas comerciales de inmuebles, que descendieron 8,7 % interanual en superficie.
Aunque la caída fue menor que la registrada en ejercicios anteriores, amplió un ciclo adverso que incluyó descensos del 24,3 % en 2022, 8,5 % en 2023 y 12,9 % en 2024, consolidando al sector inmobiliario como uno de los principales lastres del crecimiento chino.
Otros componentes de la inversión también mostraron señales de enfriamiento. La inversión en manufactura apenas creció 0,6 % en 2025, una desaceleración marcada frente al avance del 9,2 % registrado en 2024.
En el caso de la infraestructura, el cambio fue aún más pronunciado: el indicador pasó de un crecimiento del 4,4 % a una caída del 2,2 %, reflejando un menor impulso de los proyectos públicos y una política más cautelosa en materia de endeudamiento.
Estos resultados evidenciaron las dificultades para reactivar el consumo interno y sostener la inversión, dos pilares clave del modelo de crecimiento que busca promover el gobierno de Xi Jinping en su intento de reducir la dependencia de las exportaciones y del sector inmobiliario.
La combinación de PMI en contracción, inversión débil y persistente fragilidad inmobiliaria plantea un escenario complejo para las autoridades chinas en el inicio de 2026. Si bien el crecimiento industrial anual sigue siendo positivo, los indicadores adelantados sugieren un arranque de año más lento de lo esperado.
En este contexto, los analistas observan con atención las posibles medidas de estímulo que podría implementar Pekín para sostener la actividad, especialmente en lo que respecta al consumo y a la confianza del sector privado.
El desempeño de la economía china no solo tiene implicancias domésticas. Dada su centralidad en las cadenas globales de suministro y en la demanda de materias primas, cualquier señal de enfriamiento impacta de manera directa sobre los mercados internacionales y sobre las economías emergentes vinculadas al comercio con el gigante asiático.
Así, la caída de la actividad en enero volvió a poner en primer plano los límites del actual modelo económico chino y la necesidad de encontrar nuevos motores de crecimiento en un escenario global cada vez más incierto.