Estados Unidos y El Salvador sellan un nuevo acuerdo comercial que redefine la integración productiva en América Latina

El entendimiento bilateral elimina aranceles, abre sectores estratégicos a la inversión y apunta a fortalecer la competitividad de la economía salvadoreña en el mercado estadounidense

Estados Unidos y El Salvador sellan un nuevo acuerdo comercial que redefine la integración productiva en América Latina
martes 03 de febrero de 2026

Estados Unidos y El Salvador firmaron un acuerdo comercial recíproco que marca un punto de inflexión en la relación económica bilateral y abre una nueva etapa de integración productiva en América Latina. El entendimiento, anunciado en las últimas horas, elimina aranceles clave, redefine reglas de acceso al mercado y habilita inversiones estratégicas, con el objetivo de potenciar la competitividad de la economía salvadoreña y consolidar a Centroamérica como un socio confiable para Washington en un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas y comerciales.

El pacto fue alcanzado entre los gobiernos de Donald Trump y Nayib Bukele, y se presenta como el acuerdo más relevante entre ambos países desde la entrada en vigor del CAFTA-DR, el tratado que rige el comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana. Su relevancia radica no solo en el impacto inmediato sobre el intercambio bilateral, sino también en el alcance estructural de sus disposiciones, que abarcan comercio de bienes, inversiones, regulación y economía digital.

Uno de los puntos centrales del acuerdo es la eliminación del arancel del 10% que Estados Unidos había impuesto el año anterior a determinadas exportaciones salvadoreñas. La medida afecta de manera directa a sectores clave como textiles, plásticos y productos agrícolas, rubros que concentran una porción significativa de las ventas externas del país centroamericano. Con la supresión de ese gravamen, El Salvador recupera competitividad en su principal mercado de destino, al que se dirige cerca de un tercio de su producción exportable.

Estados Unidos y El Salvador sellan un nuevo acuerdo comercial que redefine la integración productiva en América Latina

Para la economía salvadoreña, altamente dependiente del comercio exterior y de la demanda estadounidense, la decisión representa un alivio inmediato y una señal de previsibilidad para los sectores industriales. Las cámaras empresarias locales habían advertido que el arancel introducido el año previo erosionaba márgenes, encarecía costos y ponía en riesgo empleos en cadenas productivas intensivas en mano de obra.

Sin embargo, el acuerdo va más allá de una corrección arancelaria. El texto firmado incorpora compromisos orientados a estimular la inversión extranjera directa, en particular en sectores considerados estratégicos por Washington. Entre ellos se destaca la exploración y explotación de minerales críticos, insumos clave para la industria tecnológica, la transición energética y la seguridad nacional de Estados Unidos. El nuevo marco habilita a empresas estadounidenses a operar con mayores garantías jurídicas y regulatorias en este segmento, hasta ahora poco desarrollado en El Salvador.

Desde la óptica estadounidense, el entendimiento se inscribe en una estrategia más amplia de relocalización de cadenas de suministro y reducción de dependencias externas, especialmente frente a Asia. En ese esquema, Centroamérica aparece como una región prioritaria para el llamado nearshoring, por su proximidad geográfica, costos competitivos y vínculos comerciales preexistentes.

El presidente Nayib Bukele calificó el acuerdo como un hecho histórico y lo definió como el primer pacto comercial plenamente recíproco en el Hemisferio Occidental. Más allá de la retórica, el gobierno salvadoreño apuesta a que el nuevo marco funcione como un ancla de confianza para atraer capitales, generar empleo y diversificar su matriz productiva, en un país que en los últimos años avanzó en reformas económicas y en una estrategia de posicionamiento internacional propia.

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En paralelo, El Salvador asumió una serie de compromisos destinados a modernizar su entorno regulatorio. Entre ellos se incluyen la simplificación de trámites aduaneros, la reducción de barreras no arancelarias, la adopción de estándares internacionales en seguridad de productos y el fortalecimiento de la protección de la propiedad intelectual. Estos puntos buscan reducir costos de transacción, mejorar la transparencia y facilitar la integración de empresas locales en cadenas de valor regionales y globales.

Otro eje relevante del acuerdo es el impulso al comercio digital. Las partes acordaron avanzar en normas que favorezcan el intercambio de servicios, la protección de datos y la interoperabilidad de sistemas, en línea con la creciente importancia de la economía digital en el comercio internacional. Para El Salvador, este capítulo abre oportunidades para sectores emergentes vinculados a tecnología, servicios profesionales y emprendimientos digitales.

El impacto del anuncio no se limita al plano bilateral. En la región, el acuerdo es observado como una señal política y económica sobre la voluntad de Estados Unidos de profundizar su relación con gobiernos alineados en materia comercial y de inversiones. En un contexto en el que América Latina busca reposicionarse frente a la reconfiguración del comercio global, el caso salvadoreño podría funcionar como antecedente para acuerdos similares con otros países.

Analistas regionales destacan que el entendimiento combina incentivos económicos con objetivos geopolíticos. Para Washington, fortalecer socios en Centroamérica contribuye a la estabilidad regional, al desarrollo productivo y a la creación de empleo, factores que también inciden sobre dinámicas migratorias y de seguridad. Para San Salvador, el respaldo estadounidense refuerza su estrategia de crecimiento basada en apertura comercial y atracción de inversiones.

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A mediano plazo, el desafío estará en la implementación efectiva del acuerdo. La eliminación de aranceles y la apertura de sectores estratégicos deberán traducirse en proyectos concretos, flujos de inversión y mejoras tangibles en la competitividad. También será clave la capacidad del Estado salvadoreño para cumplir con los compromisos regulatorios asumidos y garantizar un entorno estable para los negocios.

El nuevo acuerdo entre Estados Unidos y El Salvador se presenta así como algo más que un ajuste comercial. Es una apuesta a una integración económica más profunda, con reglas actualizadas y foco en producción, inversión y desarrollo. En un escenario global incierto, el entendimiento busca ofrecer previsibilidad y oportunidades, tanto para las empresas como para las economías involucradas, y reposiciona a El Salvador dentro del mapa estratégico del comercio hemisférico.



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