La provincia de Jujuy avanza en la consolidación de su Ruta del Vino como un producto turístico-productivo estratégico, al integrar la vitivinicultura de altura, la identidad territorial y nuevas alternativas de movilidad sostenible, como el Tren Solar de la Quebrada. La iniciativa, impulsada por el Gobierno provincial y actores del sector privado, se desarrolla en dos regiones clave —los valles templados y la Quebrada de Humahuaca— y apunta a diversificar la oferta turística, generar valor agregado en origen y fortalecer las economías locales. El proceso se profundiza durante la actual temporada turística, en un contexto de creciente interés por experiencias enogastronómicas asociadas al paisaje y la cultura regional.
Con un recorrido que supera los 150 kilómetros, el circuito vitivinícola jujeño articula zonas de clima templado con áreas de viticultura extrema, donde los viñedos se implantan por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar. Actualmente, la ruta reúne 20 establecimientos vitivinícolas: cuatro localizados en los valles templados y 16 en la Quebrada, conformando una red que combina producción primaria, elaboración de vinos, servicios turísticos y propuestas culturales. Desde el ámbito oficial destacan que este crecimiento permite posicionar a Jujuy como un origen diferenciado dentro del mapa vitivinícola argentino.
Uno de los ejes del fortalecimiento de la Ruta del Vino es la inversión en infraestructura turística, especialmente en señalética específica que ordena el circuito, mejora la accesibilidad y facilita la circulación de visitantes entre bodegas. Según explican desde el Gobierno provincial, estas obras no solo cumplen una función turística, sino que también tienen un impacto productivo al visibilizar a los emprendimientos y distribuir el flujo de visitantes en distintas localidades. El efecto se traduce en mayor demanda para sectores vinculados a la gastronomía, el alojamiento, el transporte y los servicios turísticos complementarios.
En los valles templados, localidades como Monterrico concentran emprendimientos que integran viñedos con propuestas gastronómicas y alojamiento rural, orientadas a un turismo de cercanía y descanso. A su vez, San Salvador de Jujuy se incorpora al circuito desde un perfil urbano, con una oferta asociada a wine bars, cocina regional y productos locales, ampliando el alcance del enoturismo más allá de las zonas rurales.
La Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio Mundial, constituye el segmento más distintivo de la Ruta del Vino jujeña. Allí, la vitivinicultura de altura se combina con experiencias culturales, gastronomía regional, arte y tradiciones andinas. Localidades como Purmamarca, Maimará, Huacalera y Uquía concentran bodegas que ofrecen no solo degustaciones, sino también recorridos productivos, propuestas de slow food y el uso de insumos de origen local, reforzando el concepto de identidad territorial.
En este territorio, los vinos expresan condiciones agroclimáticas particulares: amplitud térmica marcada, suelos minerales y baja humedad, factores que definen perfiles enológicos singulares y de creciente reconocimiento. Para el sector, este diferencial se convierte en una ventaja competitiva en un mercado donde los consumidores valoran el origen, la trazabilidad y las historias asociadas a los productos.
En este escenario, el Tren Solar de la Quebrada comienza a posicionarse como un eslabón clave dentro de la cadena enoturística provincial. El servicio se integra a la Ruta del Vino como una alternativa de transporte sustentable, alineada con un modelo de turismo de bajas emisiones y experiencias interpretativas. La propuesta incluye un guiado a bordo, centrado en las características del vino de altura, los suelos y las condiciones climáticas que influyen en la producción vitivinícola de la región.
Tras el recorrido ferroviario, los pasajeros descienden en la estación Volcán y continúan hacia bodegas seleccionadas, donde realizan visitas a viñedos, conocen los procesos productivos y participan de degustaciones. El esquema permite articular transporte, producción regional y turismo experiencial, ampliando el acceso a las bodegas sin depender exclusivamente del traslado vehicular tradicional.
Desde la mirada oficial y empresaria, la integración del Tren Solar refuerza el posicionamiento turístico de Jujuy y contribuye a diversificar la matriz económica provincial mediante la articulación entre agroindustria y servicios. El enoturismo, señalan, no solo genera ingresos directos a las bodegas, sino que impulsa cadenas de valor más amplias, vinculadas al empleo local y a la comercialización indirecta de productos regionales.
El crecimiento de la Ruta del Vino también se inscribe en una estrategia de mediano y largo plazo orientada a consolidar a Jujuy como referente en vinos de altura, con identidad propia y propuestas turísticas integrales. La combinación de paisaje, cultura, producción y sostenibilidad aparece como uno de los principales activos para captar un público que busca experiencias diferenciadas y auténticas.
Con nuevas inversiones, mayor articulación público-privada y la incorporación de herramientas como el Tren Solar, la provincia apuesta a que el enoturismo continúe expandiéndose y se convierta en uno de los pilares del desarrollo turístico-productivo jujeño, fortaleciendo la visibilidad de sus territorios y el valor de su producción vitivinícola en el escenario nacional.