La industria vitivinícola argentina atraviesa en 2026 un proceso de redefinición estratégica marcado por la caída del consumo, una mayor competencia global y la necesidad de generar más valor por botella, un cambio de enfoque que quedó expuesto durante el encuentro “Repensando la etiqueta: innovación, diseño y propósito”, organizado por Avery Dennison. El diagnóstico, que fue reflejado también por medios especializados como Infonegocios, apunta a un escenario de menor volumen, mayor exigencia y consumidores más selectivos, tanto en el mercado interno como en el externo.
El contexto internacional muestra una industria en ajuste, con niveles de producción más contenidos y una demanda que prioriza calidad, identidad y diferenciación. En la Argentina, esta dinámica se refleja con claridad en el consumo doméstico, que descendió a 5,48 millones de hectolitros, con una caída del 2,5% interanual, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) compartidos durante la jornada y citados por Infonegocios en su cobertura del evento. Frente a este panorama, el eje de la competencia comienza a desplazarse desde la escala hacia la experiencia del consumidor y el posicionamiento de marca.
Durante el encuentro, especialistas de Avery Dennison propusieron una lectura del momento que atraviesa el sector y compartieron tendencias vinculadas al diseño de etiquetas, la innovación en materiales y la incorporación de tecnología aplicada al packaging, entendidas como herramientas clave para competir en un mercado más chico, pero más sofisticado. La etiqueta, coincidieron, dejó de ser un componente accesorio para consolidarse como un activo estratégico dentro de la cadena de valor del vino.
Uno de los puntos centrales del análisis fue el cambio en el comportamiento del consumidor. Según se destacó en la presentación y recogieron medios como Infonegocios, el público actual elige con mayor cuidado y valora propuestas que combinen calidad del producto, coherencia estética y una narrativa clara. Esta tendencia también se observa en el comercio exterior. De acuerdo con datos del INV presentados en el evento, entre enero y septiembre de 2025 las exportaciones de vino embotellado registraron una caída del 5,2% interanual, mientras que las de vino a granel descendieron un 9,6%, lo que confirma un mejor desempeño relativo de los productos con mayor nivel de elaboración y presentación.
En ese escenario, la botella bien presentada continúa siendo un factor decisivo. Desde la mirada de Avery Dennison, la etiqueta cumple un rol central porque es el primer punto de contacto entre el vino y el consumidor. En ella se concentran atributos visuales, táctiles e informativos que influyen en la percepción de calidad, en la decisión de compra y en la construcción de valor de marca, especialmente en góndolas cada vez más competitivas, tanto en el mercado interno como en los destinos de exportación.
La sostenibilidad fue otro de los ejes abordados durante la jornada. Tal como reflejó Infonegocios, si bien existen desafíos estructurales para la industria —como la infraestructura de reciclaje y la disponibilidad de ciertos materiales—, los mercados externos impulsan una demanda creciente por soluciones de menor impacto ambiental, que ya inciden en las decisiones de compra y en los requisitos de ingreso a determinados canales comerciales.
En ese marco, Avery Dennison presentó alternativas de materiales con certificación FSC®, papeles con contenido reciclado y adhesivos con componentes biobasados, desarrollados para mantener su desempeño técnico en condiciones exigentes habituales de la industria vitivinícola, como humedad, frío e inmersión en frappera. La propuesta apunta a compatibilizar desempeño técnico, estética y compromiso ambiental.
La tecnología aplicada al empaque ocupó otro lugar relevante en el análisis. La falsificación, el refill y la pérdida de trazabilidad fueron identificados como riesgos crecientes para el sector, en especial en segmentos de mayor valor. Frente a este escenario, las etiquetas inteligentes, basadas en tecnologías como NFC, RFID y Smart QR, aparecen como herramientas para autenticar productos, individualizar cada botella y conectar el envase con información digital accesible para el consumidor.
Durante el taller práctico del encuentro, los participantes pudieron experimentar estas soluciones de manera directa. Aprendieron a programar un tag NFC e integrarlo a una etiqueta diseñada en el momento, transformándola en una interfaz interactiva capaz de vincular la botella con contenidos digitales, datos de origen, información de trazabilidad o propuestas de experiencia de marca, una tendencia que empieza a ganar espacio en mercados premium.
El diseño también fue señalado como un eje central de transformación. A lo largo de la jornada se analizó cómo los lenguajes visuales del vino evolucionan y conviven con el clasicismo propio de la categoría. La tipografía, los materiales, las texturas y los acabados adquieren un rol cada vez más relevante como elementos de diferenciación, sin perder coherencia con la identidad y la historia de cada bodega.
En ese proceso, se abordó además el uso de la inteligencia artificial como herramienta de apoyo en las etapas iniciales de exploración creativa. Desde la visión compartida por los especialistas, la IA permite ampliar posibilidades y agilizar procesos, pero no reemplaza el rol del diseñador ni la sensibilidad humana, que sigue siendo clave para traducir el ADN de cada marca en una propuesta visual consistente.
El mensaje transversal del encuentro fue que el valor se convirtió en el principal eje de la competencia. En un contexto de menor volumen, el vino ya no se define solo por su contenido, sino por la experiencia integral que ofrece al consumidor, desde la góndola hasta los entornos digitales. En ese recorrido, la etiqueta se consolida como una interfaz estratégica que integra diseño, sostenibilidad y tecnología.
La conclusión compartida por los referentes de Avery Dennison, y destacada por Infonegocios en su cobertura, fue clara: en un escenario cada vez más competitivo, el futuro del vino argentino también se define en cada decisión vinculada al empaque, donde se juega una parte central de la diferenciación y la construcción de marca en los mercados locales e internacionales.