La compañía energética Equinor definió un nuevo rumbo estratégico tras concretar su salida de Vaca Muerta y proyectar un crecimiento cercano al 3% en la producción de petróleo y gas para el próximo ejercicio. La decisión, anunciada luego de un año histórico en términos productivos, se apoya en un proceso de reordenamiento del portafolio global, mayores inversiones en exploración y desarrollo en mercados considerados estratégicos y una política de reducción de riesgos financieros en un contexto internacional marcado por la volatilidad energética.
La petrolera de origen noruego confirmó la venta de sus activos no convencionales en Argentina como parte de una estrategia de “high-grading”, orientada a desprenderse de proyectos con menor rentabilidad relativa para concentrar recursos en desarrollos de alto valor económico y menor exposición al riesgo. La operación fue valuada en alrededor de US$ 1.100 millones, con un pago inicial de US$ 550 millones, y se inscribe dentro de un plan más amplio de optimización de activos que la empresa viene ejecutando a escala global.
Desde la conducción de la compañía explicaron que la salida de Vaca Muerta no implica un repliegue de la actividad hidrocarburífera, sino una reconfiguración del mapa de inversiones. El presidente y CEO de Equinor, Anders Opedal, señaló que la operación forma parte de un proceso sostenido de mejora del portafolio. “Esto supone otro paso importante en la continua calificación de alta calidad de cartera que hemos llevado a cabo durante el último año”, afirmó, al explicar la lógica detrás de la decisión.

El reordenamiento estratégico se produce luego de que la empresa alcanzara en 2025 el mayor nivel de producción de su historia. Según informó Equinor en su presentación de resultados anuales, el desempeño operativo superó todos los registros previos, impulsado por la entrada en producción de nuevos desarrollos y por un fuerte crecimiento del gas natural en mercados clave. El hito marca un punto de inflexión para la compañía, que busca capitalizar este escenario con una expansión sostenida durante los próximos años.
“Nunca en la historia de la empresa hemos producido tanto petróleo, gas y energía en un solo año”, destacó Opedal al evaluar el balance del ejercicio. El ejecutivo remarcó que el récord se apoyó tanto en la eficiencia operativa como en la puesta en marcha de proyectos de gran escala, y anticipó que el nivel alcanzado podría ser superado en el corto plazo.
Entre los desarrollos que explican el salto productivo se encuentran Johan Castberg y Bacalhau, dos campos considerados clave dentro del portafolio internacional de la compañía. A estos se suma la expansión de la producción de gas en Estados Unidos y Noruega, que permitió compensar la maduración de otros activos y sostener un crecimiento neto del volumen total.
De cara al próximo año, Equinor proyecta un incremento del 3% en la producción de petróleo y gas, respaldado por nuevas inversiones en exploración en el Mar del Norte, Brasil y Angola, además de un portafolio que incluye más de 30 pozos planificados. La estrategia contempla, en paralelo, una reducción de costos operativos y una baja del capex en áreas de menor rentabilidad, con el objetivo de mejorar la eficiencia del capital invertido.
En el plano financiero, la empresa reportó en 2025 un flujo de caja operativo después de impuestos cercano a los US$ 18.000 millones, una deuda neta controlada y una posición de liquidez superior a los US$ 19.000 millones. Estos indicadores permitieron sostener el pago de dividendos, avanzar con programas de recompra de acciones y financiar nuevas inversiones estratégicas sin comprometer la solidez del balance.

La conducción de Equinor destacó que la fortaleza financiera es un elemento central para enfrentar un escenario global complejo. Opedal contextualizó los resultados dentro de un entorno marcado por la volatilidad del precio del petróleo y las tensiones geopolíticas. “Con un flujo de caja reforzado y una mayor producción, estamos bien preparados para navegar la incertidumbre, gestionar periodos de precios más bajos y convertir las fluctuaciones del mercado en oportunidades”, señaló.
La salida de Vaca Muerta, en este marco, se interpreta como una decisión táctica más que como un repliegue estructural. La compañía considera que el shale argentino presenta un alto potencial, pero también elevados requerimientos de capital y riesgos asociados al contexto macroeconómico y regulatorio. Al vender esos activos, Equinor libera recursos para reforzar su presencia en regiones donde ya cuenta con infraestructura desarrollada, marcos regulatorios estables y economías de escala consolidadas.
El proceso de “high-grading” del portafolio incluye no solo desinversiones, sino también una selección más estricta de proyectos futuros, priorizando aquellos con menores costos de producción, mayor previsibilidad y una vida útil prolongada. Esta lógica se alinea con la estrategia de largo plazo de la empresa, que busca equilibrar el crecimiento en hidrocarburos con su posicionamiento en el negocio energético global.

En ese sentido, Equinor sostiene que el récord productivo alcanzado en 2025 no representa un techo, sino una base para un nuevo ciclo de expansión. La expectativa de superar ese nivel en 2026 refuerza la apuesta por consolidar un portafolio más concentrado, eficiente y resiliente frente a los cambios del mercado.
Para la industria energética internacional, el caso de Equinor refleja una tendencia más amplia: grandes compañías ajustan sus activos, priorizan rentabilidad sobre volumen y buscan flexibilidad financiera para atravesar un contexto de transición energética, presiones regulatorias y ciclos de precios cada vez más imprevisibles. En ese escenario, la petrolera noruega apuesta a crecer con foco, disciplina de capital y una presencia selectiva en los mercados que considera estratégicos para su futuro.