El uso de herramientas digitales para monitorear la humedad de los cultivos se consolida como un factor decisivo al momento de definir el ingreso de la cosechadora, según relataron productores de distintas regionales de Aapresid. La experiencia, difundida el 5 de febrero de 2026 por el medio especializado TodoAgro, muestra cómo el seguimiento lote por lote permite anticipar decisiones, ordenar la logística y minimizar pérdidas en un contexto productivo atravesado por márgenes ajustados y alta variabilidad climática en diferentes zonas del país.
En regiones donde cada campaña implica un delicado equilibrio entre potencial y riesgo, la humedad de cosecha dejó de ser una variable que se evalúa únicamente a campo. La incorporación de plataformas digitales, basadas en imágenes satelitales e indicadores específicos, permite hoy a los productores prever el momento óptimo de cosecha, mejorar la coordinación con contratistas y reducir problemas posteriores en la comercialización del grano.
Gabriel Domper, miembro de la Regional Aapresid Las Encadenadas, produce en la zona de Saavedra y Coronel Suárez, donde las condiciones ambientales exigen precisión en cada etapa del proceso. “Acá no sobra nada. Por eso, equivocarse en la cosecha cuesta caro”, señaló el productor a TodoAgro, al describir la lógica con la que se toman las decisiones en su región.
Gabriel Domper
Durante años, el ingreso a los lotes se definió a partir de recorridas, experiencia acumulada e intuición. Ese esquema, si bien sigue vigente, se complementa ahora con información digital que aporta una mirada más amplia y anticipada. “Hoy estamos incorporando plataformas digitales que nos permiten monitorear cómo evolucionan los cultivos, lote por lote, y saber cuál es el momento justo para entrar a cosechar. El objetivo no es reemplazar la recorrida, sino afinarla. Sabemos dónde mirar y cuándo”, explicó Domper.
Ese cambio de enfoque impacta directamente en la organización del trabajo. Según el productor, contar con datos confiables permite anticipar al contratista, ordenar la logística y reducir los inconvenientes asociados a la humedad excesiva del grano. “Ahora podemos anticiparnos: anticipar al contratista, la logística, a los problemas de humedad que después aparecen en la balanza”, sostuvo en diálogo con el medio especializado.
La principal ventaja del monitoreo digital es la posibilidad de leer el proceso antes de que el grano alcance el punto final de secado. En lugar de esperar a que la humedad sea la adecuada para recién entonces movilizar la cosecha, los productores pueden prever la tendencia y actuar con margen. “La plataforma digital nos permite estimar el índice de agua (NDMI) de los cultivos. Así, cuando vemos que la humedad empieza a bajar de manera pareja avisamos al contratista con varios días de anticipación”, detalló Domper a TodoAgro.
Esa anticipación mejora la eficiencia operativa: la cosechadora llega en el momento indicado, el trabajo se encadena sin demoras y se reducen costos asociados a esperas o reprogramaciones. Además, disminuye el riesgo de descuentos comerciales por problemas de humedad en el grano entregado.
El beneficio se vuelve aún más relevante en campañas donde los lotes presentan heterogeneidad, una situación frecuente luego de períodos climáticos exigentes. “Hay sectores que se entregan antes que otros. Si entrás sin mirar eso, el riesgo de un camión rechazado es alto”, advirtió el productor. Con mapas de humedad y variabilidad sobre la mesa, las decisiones se ordenan: una parte del lote puede destinarse directamente a camión, mientras que otra se embolsa para emparejar condiciones. Menos improvisación y mayor control del resultado final.
Una mirada similar aportó Martín Lahitte, integrante de la Regional Aapresid Mar del Plata, también conocida como Juan Manuel Fangio, que trabaja en el sudeste bonaerense, el sudoeste y el centro-este de Córdoba. En esas zonas, las campañas muestran realidades contrastantes y obligan a ajustar estrategias según cada contexto productivo.
Martin Lahitte
“En el sudeste venimos bien; en el sudoeste, el girasol sintió el corte de lluvias”, describió Lahitte a TodoAgro. Más allá de esas diferencias, el productor coincidió en que el momento de la cosecha es determinante para definir el resultado económico. En ese proceso, el vínculo con los contratistas y el acceso a información confiable se vuelven factores estratégicos.
“Hace años que trabajamos con los mismos contratistas, y el diálogo es clave”, explicó. En ese camino, el seguimiento digital se consolidó como una herramienta de apoyo para ordenar prioridades. A través de imágenes satelitales, Lahitte puede seguir la evolución de la humedad de los cultivos y establecer un orden de ingreso a los lotes. “No te dice qué hacer, pero te ordena la cabeza”, resumió.
Lejos de reemplazar la observación directa, las herramientas digitales permiten hacer más eficientes las recorridas. Tanto Domper como Lahitte coincidieron en que el trabajo a campo sigue siendo irremplazable, pero ahora se realiza con un objetivo más claro. “No caminamos por caminar. Vamos donde el dato nos dice que hay que mirar”, afirmó Lahitte.
En un escenario donde la logística a puerto, los tiempos de entrega y los costos operativos pesan cada vez más, llegar con el grano en condición adecuada se convirtió en una parte central del negocio. La información previa reduce la exposición a errores y mejora la coordinación entre todos los eslabones de la cadena.
Según destacaron los productores consultados por TodoAgro, el principal aporte de estas herramientas no es solo técnico, sino también estratégico. El acceso a datos objetivos sobre la evolución de la humedad aporta previsibilidad en un contexto marcado por la incertidumbre climática y económica.
En ese sentido, el uso de plataformas digitales deja de ser un recurso complementario para convertirse en un aliado de gestión, especialmente en campañas donde los márgenes son ajustados y cada decisión cuenta. La experiencia de las regionales de Aapresid muestra que, más allá de la tecnología en sí, el verdadero cambio está en la forma de tomar decisiones informadas, con menos improvisación y mayor control del proceso productivo.
Así, la humedad de cosecha deja de ser una variable que se resuelve a último momento y pasa a integrarse en una planificación más amplia, donde datos, experiencia y recorridas se combinan para reducir riesgos y mejorar resultados.