Cinco primos argentinos lograron convertir una conversación informal en un negocio de diseño y decoración con escala industrial, presencia comercial en puntos estratégicos y una proyección de facturación de US$ 10 millones. Se trata de AltoRancho, la marca creada en 2019 por Pedro Ribatto Crespo, Joaquín Ribatto Crespo, Valentina Ribatto Crespo, Santiago Ribatto Crespo y Lucila Ribatto Crespo, quienes apostaron por unir diseño, industria y velocidad de entrega en un mercado históricamente condicionado por los plazos y la volatilidad económica.
La empresa nació a partir de un asado familiar, donde los cinco coincidieron en la posibilidad de crear una marca que combinara estética, funcionalidad y una lógica empresarial profesional. El proyecto tomó forma rápidamente y se apoyó en un antecedente clave: el ADN emprendedor familiar. Los fundadores crecieron viendo a sus padres —tres hermanos— desarrollar Hawk Helmets, una compañía líder en el rubro de cascos y repuestos para motos. Esa experiencia previa marcó su forma de encarar los negocios y asumir riesgos.

“Al venir de una familia emprendedora, las barreras en el ámbito de los negocios tienden a verse con menos peso”, explicó Valentina Ribatto Crespo, socia y responsable de Recursos Humanos. Según detalló, los obstáculos forman parte del proceso y no funcionan como límites definitivos, una visión que resultó determinante para crecer en un contexto económico cambiante como el argentino.
Desde sus inicios, AltoRancho definió un modelo mixto que combina producción nacional con productos importados, una estrategia que le permitió ofrecer diseño, calidad y disponibilidad inmediata. En un sector donde los tiempos de espera suelen oscilar entre 45 y 90 días, la compañía decidió priorizar el stock permanente y la estandarización de procesos sin resignar identidad estética.

En su planta de producción en Béccar, la empresa desarrolló una lógica industrial que busca equilibrio entre escala y detalle. “Estandarizamos procesos para aumentar el volumen, pero conservando la sensación de una pieza singular, diferente a un mueble genérico”, señaló Joaquín Ribatto Crespo, gerente de Producción. Ese enfoque permitió resolver uno de los principales cuellos de botella del sector: la demora entre la compra y la entrega.
Los números reflejan ese crecimiento. AltoRancho fabricó más de 50.000 productos y vendió alrededor de 200.000 unidades, a lo que se suman 80.000 productos importados en el último año. Entre los artículos más demandados se destacan los veladores LED inalámbricos, que combinan diseño contemporáneo y funcionalidad, y se convirtieron en uno de los productos insignia de la marca.

La adaptabilidad fue otro factor central. “Nos desarrollamos en un país marcado por la inestabilidad. Eso nos obligó a construir una estructura capaz de responder a cualquier coyuntura”, explicó Santiago Ribatto Crespo, responsable de Ventas y Marketing. Esa flexibilidad se tradujo en decisiones rápidas, diversificación de canales y una estrategia comercial que combina tiendas físicas con e-commerce.
Hoy, AltoRancho cuenta con tres locales propios ubicados en Nordelta, Las Lomas de San Isidro y Belgrano, además de una plataforma online que le permite llegar a todo el país. La apertura más reciente, sobre Avenida del Libertador al 5900, implicó una inversión cercana a US$ 100.000 y marcó el ingreso formal de la marca a la Ciudad de Buenos Aires.
El nuevo espacio fue concebido como una vidriera del posicionamiento actual de la empresa. Inspirado en la campaña “Amore di Summer”, el local articula tres líneas conceptuales —Marine, Earthy y Eclectic Blend— que combinan referencias mediterráneas, materiales naturales y una paleta cromática vibrante. “Belgrano es un punto clave porque nos acerca a un público que valora el diseño argentino y la calidad hecha con identidad”, explicó Lucila Ribatto Crespo, gerenta de Desarrollo de Producto.

Más allá del crecimiento comercial, uno de los pilares del proyecto es la estructura interna. La empresa emplea a más de 120 personas y avanzó en la profesionalización de sus áreas sin perder la impronta familiar. “Creemos que trabajar en familia siempre es un factor favorable”, sostuvo Pedro Ribatto Crespo, responsable de Logística y Ventas Mayoristas. La confianza previa y los valores compartidos facilitaron la toma de decisiones y la resolución de conflictos.
Esa cohesión permitió atravesar etapas de expansión en un contexto desafiante para la industria nacional. La combinación de producción local, importaciones selectivas y una gestión orientada a la eficiencia le dio a AltoRancho una ventaja competitiva frente a marcas más tradicionales o estructuras menos flexibles.

De cara al futuro, la compañía apunta a consolidar su posicionamiento como una de las pymes de diseño más dinámicas del país. La proyección de US$ 10 millones en facturación para el próximo período se apoya en la ampliación de la capacidad productiva, el fortalecimiento del canal digital y una mayor penetración en el mercado urbano de alto consumo.
La historia de AltoRancho refleja una nueva generación de empresas familiares argentinas que logran escalar sin resignar identidad, integrando diseño, industria y gestión profesional. Lo que comenzó como una charla informal se transformó en un modelo de negocio con volumen, empleo y proyección, en un sector donde la creatividad necesita, cada vez más, estructura y velocidad para crecer.