En la costa atlántica bonaerense, Claromecó se afirma como un destino elegido por quienes buscan playas extensas, contacto con la naturaleza y un ritmo de vida pausado. Ubicado en el partido de Tres Arroyos, el pueblo se despliega entre la desembocadura del arroyo que le da nombre y el océano Atlántico, y se distingue por un paisaje dominado por arena infinita, médanos y un faro histórico que marca su identidad marítima.
Claromecó ofrece kilómetros de playas anchas y accesibles, consideradas entre las más extensas de la región. La amplitud de su litoral permite largas caminatas junto al mar, momentos de descanso sin aglomeraciones y una experiencia costera donde el sonido del viento y las olas define el pulso cotidiano. A diferencia de otros balnearios más urbanizados, aquí el espacio abierto es protagonista y favorece una relación más directa con el entorno.

La vida del pueblo gira en torno al mar. Durante el verano, las playas se convierten en escenario de actividades como surf, remo, caminatas y encuentros familiares, mientras que la pesca deportiva ocupa un lugar central en la identidad local. Claromecó es sede de eventos tradicionales vinculados a esta práctica, entre ellos la reconocida maratón de pesca de la corvina negra, que convoca a participantes de distintos puntos del país y refuerza el vínculo histórico del pueblo con el Atlántico.
Más allá de la costa, uno de los símbolos indiscutidos del lugar es el Faro de Claromecó, una estructura construida a comienzos de la década de 1920 que supera los 50 metros de altura. Visible desde distintos puntos del balneario, el faro funciona como referencia geográfica y patrimonial, y remite a la tradición náutica que acompañó el crecimiento del pueblo. Desde sus alrededores, el contraste entre el océano abierto y los médanos ofrece algunas de las vistas más representativas del paisaje local.

El entorno natural se completa con la Reserva Natural Claromecó, un espacio donde dunas, pastizales y fauna costera preservan parte del ecosistema original de esta franja atlántica. La reserva permite recorridos tranquilos y observación del ambiente, y suma una alternativa para quienes buscan experiencias alejadas del circuito tradicional de playa.
La escala urbana de Claromecó refuerza su carácter de pueblo costero. No se trata de una ciudad, sino de un espacio donde los desplazamientos se miden en pasos hacia el mar, recorridos por senderos junto al arroyo o encuentros en la plaza central. La actividad comercial y gastronómica acompaña este ritmo, con propuestas que se integran al paisaje sin alterar su fisonomía.

Cuando cae la tarde, el balneario ofrece una de sus postales más características. La luz del atardecer tiñe la arena y el mar de tonos rojizos, mientras el faro recorta su silueta sobre el horizonte. Ese momento resume buena parte del espíritu del lugar: calma, amplitud y una relación constante con la naturaleza.
En un contexto donde muchos viajeros buscan destinos menos congestionados y con identidad propia, Claromecó se consolida como una alternativa que combina historia, paisaje y descanso activo. Sin grandes estridencias ni desarrollos masivos, el pueblo mantiene una impronta auténtica que lo distingue dentro del mapa turístico de la costa atlántica argentina.
