En el fin de semana largo de Carnaval, Punta Médanos emerge como uno de los destinos más buscados de la Costa Atlántica para quienes priorizan paisaje, silencio y contacto con la naturaleza por sobre la oferta urbana. Ubicada en el extremo sur del partido de La Costa, la playa gana relevancia por su costa abierta, su sistema de dunas gigantes y una infraestructura mínima que preserva el carácter salvaje del entorno.
Lejos del ritmo de balnearios consolidados, Punta Médanos concentra su atractivo en el territorio. El mar suele presentarse con oleaje fuerte, la línea de horizonte domina la escena y la arena se extiende sin interrupciones. Esa combinación explica su crecimiento en fechas clave como Carnaval, cuando confluyen visitantes que buscan aventura y otros que prefieren caminatas largas, contemplación y descanso sin aglomeraciones.
El rasgo distintivo es el mar de dunas que acompaña a la costa. Algunas superan los 30 metros de altura y avanzan varios kilómetros hacia el interior, formando un paisaje cambiante que se transforma con el viento. El área funciona como escenario natural para actividades como off road en vehículos 4x4, sandboard y kitesurf, deportes que encuentran condiciones favorables por la amplitud del terreno y la constancia del viento. A diferencia de playas más urbanizadas, aquí no hay una costanera que marque el ritmo: el plan se define según el clima y el ánimo.

En medio de ese escenario aparece el faro de Punta Médanos, operativo desde 1893, uno de los hitos históricos de la zona. Rodeado por un pequeño bosque de coníferas, el faro se alza como referencia en un paisaje dominado por arena y mar. Desde allí se obtienen vistas amplias hacia el Cabo San Antonio, además de una perspectiva distinta de la línea costera. La presencia del faro refuerza la sensación de aislamiento y suma un componente patrimonial a la visita.
La playa también conserva relatos ligados a la navegación. El movimiento de la arena deja ver en determinados momentos restos de antiguos naufragios, entre ellos el del vapor alemán Karnak, vestigios que recuerdan los riesgos de transitar estas aguas en otros tiempos. Ese cruce entre naturaleza y memoria marítima le aporta una dimensión adicional al paseo, más allá del descanso tradicional.
Llegar desde la Ciudad de Buenos Aires demanda alrededor de cinco horas de viaje, combinando las rutas 2, 63 y 11. El trayecto es extenso, pero la recompensa es una calma difícil de encontrar en destinos más concurridos. Una vez en el lugar, las opciones incluyen pesca deportiva, caminatas sin apuro y actividades aéreas como paramotor, que aprovechan el espacio abierto y las condiciones del viento.

Punta Médanos se consolida así como una alternativa que responde a otra lógica turística: menos servicios, más paisaje. Para el fin de semana de Carnaval, propone un equilibrio entre aventura y quietud, con dunas que marcan el pulso, un faro que recorta el horizonte y una costa que mantiene su impronta natural. Para muchos visitantes, ese contraste se transformó en el verdadero atractivo de la temporada.