El Salvador vive un proceso de reposicionamiento internacional impulsado por el crecimiento del turismo cultural, la organización de eventos globales y la llegada de artistas de renombre, que en los últimos meses atrajeron a decenas de miles de visitantes extranjeros, generaron ingresos millonarios y reforzaron una percepción de seguridad, modernización e infraestructura renovada. El fenómeno se hizo especialmente visible tras la residencia de Shakira, que incluyó cinco conciertos en el país y movilizó a turistas de la región y de otros continentes, según datos oficiales del sector turístico.
El impacto de estos eventos trasciende lo musical. Desde su arribo al Aeropuerto Internacional de El Salvador, los visitantes se encuentran con una infraestructura modernizada, servicios reforzados y una experiencia urbana que contrasta con la imagen histórica del país asociada durante décadas a la violencia y el conflicto. Turistas provenientes de Centroamérica, Sudamérica y Norteamérica coinciden en señalar una transformación visible en el entorno, con avenidas en buen estado, espacios públicos activos y una percepción de seguridad que favorece el desplazamiento y el consumo turístico.
De acuerdo con información difundida por entidades vinculadas al turismo y la economía, solo durante el primer fin de semana de conciertos de la artista colombiana ingresaron al país más de 60 mil turistas centroamericanos, mientras que la proyección total de divisas generadas por los cinco espectáculos supera los 55 millones de dólares. Estas cifras reflejan el alcance económico inmediato de los eventos, así como su potencial para dinamizar sectores como la hotelería, el transporte, la gastronomía y el comercio.
La llegada de público internacional no se limita a quienes ingresan por vía aérea. Un flujo constante de visitantes también cruza las fronteras terrestres desde países vecinos, atraídos tanto por los espectáculos como por la curiosidad de conocer un país que, para muchos, había permanecido fuera de sus planes de viaje. En calles y zonas turísticas de San Salvador se observa a visitantes registrando su experiencia con fotografías y destacando la vitalidad urbana, en un escenario que, según relatan, se asemeja al de otras ciudades importantes de la región y fuera de ella.

Este proceso de visibilidad internacional no comenzó con la música. En los últimos años, El Salvador logró organizar con éxito eventos de alto perfil como Miss Universo, uno de los certámenes de belleza más vistos a nivel mundial, así como campeonatos internacionales de surf, que posicionaron al país como un destino atractivo para competencias deportivas de escala global. Estas actividades funcionaron como una vitrina ante audiencias internacionales, mostrando playas, ciudades y una logística capaz de responder a estándares internacionales.
La residencia de Shakira se inscribe en esa estrategia de proyección. Más allá del espectáculo, los conciertos funcionaron como una plataforma de exposición para un país que busca mostrar una narrativa distinta, centrada en el desarrollo, la convivencia social y la apertura al mundo. A través de transmisiones, contenidos en redes sociales y cobertura internacional, la imagen de El Salvador circuló asociada a eventos culturales, turismo y entretenimiento, ampliando su alcance más allá de la región.
Especialistas del sector turístico señalan que el impacto de estos eventos no se mide únicamente en cifras inmediatas, sino también en el posicionamiento de marca país. La experiencia positiva de los visitantes, sumada a la difusión digital que realizan los propios turistas, contribuye a instalar a El Salvador como una opción viable para viajes de ocio, eventos corporativos y turismo deportivo. Este efecto multiplicador resulta clave para sostener el crecimiento del sector a mediano y largo plazo.

El cambio de percepción es un elemento central en este proceso. Muchos viajeros reconocen que su conocimiento previo del país se limitaba a noticias sobre pandillas y violencia. Sin embargo, la experiencia directa les permite descubrir una realidad distinta, marcada por espacios públicos activos, oferta cultural y una población que destaca por su hospitalidad. Este contraste refuerza el objetivo de las autoridades y del sector privado de consolidar una imagen renovada ante el mundo.
La estrategia de desarrollo turístico también se apoya en inversiones en infraestructura, conectividad y servicios. La modernización del aeropuerto, la mejora de carreteras y la puesta en valor de zonas urbanas y costeras forman parte de un enfoque integral que busca elevar la calidad de vida de los habitantes y, al mismo tiempo, ofrecer condiciones competitivas para el turismo internacional. En este contexto, los grandes eventos funcionan como catalizadores de un proceso más amplio.
Desde el punto de vista económico, el ingreso de divisas generado por conciertos y certámenes internacionales representa un alivio para sectores clave y un incentivo para nuevas inversiones. Hoteles, restaurantes, operadores turísticos y emprendedores locales se benefician de la llegada masiva de visitantes, mientras que la demanda de empleo temporal y servicios asociados se incrementa durante estos períodos de alta actividad.
La proyección internacional alcanzada por El Salvador también plantea desafíos. Analistas coinciden en la necesidad de sostener los niveles de seguridad, garantizar servicios de calidad y diversificar la oferta turística para evitar una dependencia exclusiva de eventos puntuales. La consolidación del país como destino requiere continuidad, planificación y una narrativa coherente que acompañe las transformaciones internas.
En ese sentido, la celebración de eventos globales y la llegada de figuras internacionales son presentadas como parte de un proceso de evolución constante. El país busca mostrar que es posible dejar atrás etapas marcadas por la violencia y avanzar hacia un modelo basado en la cultura, el turismo y la integración internacional. Para muchos visitantes, la experiencia en El Salvador se convierte en una oportunidad de redescubrir un territorio que combina modernidad, tradición y una identidad en transformación.
La nueva etapa que atraviesa El Salvador se refleja tanto en sus obras de infraestructura como en la percepción de quienes lo recorren. Con calles transitadas por turistas, escenarios que albergan eventos de alcance mundial y una narrativa orientada al futuro, el país busca consolidar una imagen renovada en el escenario internacional, donde el turismo cultural y los grandes espectáculos se posicionan como motores de desarrollo y apertura al mundo, según consignó Infobae.